La
adolescencia es como un nuevo nacimiento. Es un ser que nace e inicia
un largo proceso de maduración y crecimiento para concluir en un ser
adulto, no sólo en el DNI sino en el aspecto integral de la persona.
Entre la infancia y la edad adulta
se sitúa temporalmente la adolescencia, en la que el ser humano se
enfrenta consigo mismo y encara su construcción.
¿Qué papel tienen los padres en este proceso?
Tres conceptos marineros pueden servirnos de orientación.
Faro orientador:
Los hijos son los que deben remar (entiéndase, crecer y madurar); pero
los padres deben “marcarles el rumbo” con un diálogo sincero y una
escucha atenta y paciente; permitir que los hijos sean ellos mismos,
siendo su modelo de referencia.
Hay una frase muy agradable a los oídos de padres e hijos y es ésta: Me siento orgulloso de ti.
Los
padres pueden sentirse orgullosos de sus hijos cuando éstos han
recorrido la senda de su maduración y alcanzado la meta. Y los hijos
pueden sentirse orgullosos de sus padres cuando éstos les han ayudado
con sus consejos y ejemplos y les han permitido madurar, que sean ellos
mismos.
Nave nodriza: Los padres deben atender a las necesidades físicas, intelectuales, psíquicas y religiosas de sus hijos.
Físicas: alimento, vestido, techo, ocio etc.
Intelectuales: Proporcionarles todos los medios a su alcance para su formación integral.
Psíquicas: Las podemos englobar todas en proporcionarles la “seguridad” de un hogar.
Religiosas:
Formación de su conciencia, implantación de una escala de valores
coherente con su fe; en definitiva, ayudarle a poner a Dios en su vida.
Puerto de seguridad: Ante
las dificultades de la adolescencia, incrementadas en nuestra sociedad
consumista y violenta, los padres deben ofrecer siempre a sus hijos un
ámbito de paz y de confianza: Que sepan que, pase lo que pase, siempre
estarán, de su parte. Educarles no en el miedo, sino en la libertad, el
diálogo, la responsabilidad y el perdón.
¿Cómo poner esto en práctica?
PRINCIPIO GENERAL: Ingeniarse para usar en provecho del hijo o de la hija todos los cambios que experimentan en su adolescencia. Unos ejemplos:
Aparición de los caracteres sexuales secundarios: Aprovechar
para informar y educar sobre la sexualidad humana. No dejarla en manos
de amigos o de las clases del colegio. Primero y ante todo los padres,
después ellos la complementariedad de otras personas.
Incremento de la fantasía: Aprovechar
para impulsar su creatividad y para hacer frecuentes llamadas a la
realidad. El mundo fantástico es muy bonito y agradable, por eso se
refugian en él los adolescentes, pero no se puede vivir en la fantasía,
sino en la realidad.
Sistema nervioso alterado y estados de ánimo perplejos: Tener mucha comprensión, mucha paciencia, mucho diálogo y mucho cariño, cuando lo permitan.
Egocentrismo: Darles
ejemplos vivos de felicidad engendrada en la generosidad y la
solidaridad. El hogar feliz por vivir el amor de forma gratuita es un
buen antídoto.
Aislamiento:
Estar siempre disponibles para escucharles. Ellos son lo más
importante. Demostrarles con los hechos que verdaderamente les queremos y
que les querremos siempre.
Reflexión y autocrítica:
Aumentar sus parcelas de responsabilidad, tratarles más como adultos y
menos como niños. Insistir en que él o ella son los artífices de su
destino. Decirles: Piénsalo bien y decide.
Amistades: Tratar
de conocer a los amigos de los hijos, invitarles a casa. Estar avisados
de que el tema amigos es un tanto conflictivo, que exige mucha
prudencia por parte de los padres para quedarse en el punto justo, sin
pasarse o sin llegar.
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