La mutua ayuda entre los cónyuges es el fin primario más importante del matrimonio. Es la mutua ayuda la que produce e incrementa el amor conyugal que, no me cansaré nunca de repetirlo, es el único fundamento válido del matrimonio. Los hijos pueden llegar o no; pero, en ambos casos, el amor debe no solo permanecer sino incrementarse cada día.
El segundo fin del matrimonio es la fecundidad, la procreación de los hijos. Explicación de la fecundidad humana a partir del Concilio Vaticano II:
1º. El amor conyugal es el núcleo de la pareja humana, no la fecundidad.
“Este amor, por ser un acto eminentemente humano, ya que va de persona a persona con el afecto de la voluntad, abarca el bien de toda la persona y, por tanto enriquece y avalora con una dignidad especial las manifestaciones del cuerpo y del espíritu y las ennoblece como elementos y señales específicas de la amistad conyugal” GS 49.
2º. Los actos propios del amor conyugal:
El amor conyugal “tiene su propia manera de expresarse y de realizarse. En consecuencia, los actos con los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí, son honestos y dignos, y, ejecutados de manera verdaderamente humana, significan y favorecen el don recíproco, con el que se enriquecen mutuamente en un clima de gozosa gratitud” ...”Un tal amor, asociando a la vez lo humano y lo divino, lleva a los esposos a un don mutuo y libre de sí mismos, comprobado por sentimientos y actos de ternura, impregna toda su vida; más aún, por su misma generosa actividad crece y se perfecciona” GS 49.
3º. El amor conyugal es superación del puro instinto:
La fecundidad humana, basada en el mutuo amor, “supera, con mucho, la inclinación puramente erótica, que, cultivada con egoísmo, se desvanece rápida y lamentablemente” GS 49
El amor conyugal es donación y entrega gratuita, es búsqueda del bienestar del otro, es salida de uno mismo para ir al encuentro del otro. Los esposos, en sus manifestaciones íntimas, tienen en consideración al otro, sus gustos y apetencias, su estado corporal y anímico. Cuando se ama, siempre se pide el parecer del otro y se le respeta, porque por encima del propio deseo está el de hacer feliz al ser que se ama. El instinto lleva a procurar su satisfacción inmediata., sin pensar en el otro ni en procurar hacerla feliz. La satisfacción instintiva es totalmente egoísta, pues conduce sólo a procurar la propia satisfacción y, como tal es flor de un día, con etiqueta de perecedera fulminante. La satisfacción egoísta en el matrimonio es sumamente perjudicial para ambos cónyuges, pues les priva de una hermosa fuente de gozo y de alegría compartidos.
4º. El matrimonio y el amor conyugal están también ordenados a la procreación y a la educación de la prole. Este es el segundo fin del matrimonio. Los hijos son la corona del matrimonio, el fruto más preciado
de su amor conyugal.
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