
“En
su realidad más profunda, el amor es esencialmente don y el amor
conyugal, a la vez que conduce a los esposos al recíproco “conocimiento”
que les hace una sola carne, no se agota dentro de la pareja, ya que
les hace capaces de la máxima donación posible, por la que se convierten
en cooperadores de Dios en el don de la vida a una nueva persona
humana”(Juan Pablo II.Familiaris consortio 14)
El ejercicio de la paternidad responsable puede adquirir dos direcciones opuestas, engendrar un nuevo hijo o procurar evitarlo.
La fecundidad es un don de Dios que se actualiza por medio de la intervención de los padres.
Una
pregunta previa es la siguiente. ¿Deben los hijos ser deseados por los
padres? Si el hijo es deseado, sin duda, será buscado cuando las
circunstancias así lo aconsejen y, cuando llegue, será recibido con
inmensa alegría; será cuidado con todo esmero y cariño y protegido
contra todos los peligros.
Esto
quiere decir que la conducta de los padres, en todo momento, va a estar
orientada al bien del niño, tanto durante el tiempo del embarazo como
después del nacimiento.
Esta
conducta de los padres respecto a su hijo tiene una gran trascendencia
para su desarrollo armónico y global. El amor manifestado por los padres
en el cuidado y atención al niño va a proporcionarle, bien que de forma
inconsciente por su parte, la percepción de su seguridad, es decir, la
percepción inconsciente de que es querido por esos seres que le cuidan;
eso será su gran tesoro para toda la vida.
¿Qué deben hacer los padres cuando viene un hijo que no ha sido deseado en ese momento?
No puedo emitir un juicio sobre la conducta de algunas madres que se
someten al aborto o, una vez nacido el bebé, lo abandonan en cualquier
sitio o lo matan. Sólo Dios conoce las circunstancias y sólo Él puede
juzgar lo que parece tan deleznable.
Cuando
un embarazo es rechazado por los progenitores produce tirantez,
amargura, continuos disgustos y mala relación de pareja. Envuelto todo
en un gran nerviosismo que les hace muy desgraciados.
Por
lo común, cuando llega un embarazo que no ha sido deseado, los padres
cristianos aceptan la nueva situación y tratan de acomodarse a ella.
Aceptada
por ambos la nueva situación, deben proceder en todo y siempre como lo
hubiesen hecho si el embarazo hubiera sido deseado. No valen las medias
tintas, no vale aceptar a medias, no vale que lo acepte uno y el otro
no. Deben llegar cuando antes y ambos, a la plena aceptación para evitar
que su hijo sufra las consecuencias del rechazo y ellos mismos vivan en
la amargura.
Actitud de los padres en presencia de un embarazo
Lo primero que deben hacer es ponerse en las manos del especialista
y seguir fielmente sus indicaciones, él les dirá lo que pueden o no
pueden hacer para que el feto se desarrolle y crezca sano. En esto no
valen los consejos de las comadres, sin duda dados con la mejor
intención, pero carentes de la especialización necesaria.
En el aspecto psicológico,
deben evitar todo nerviosismo, llevar una vida lo más normal posible y
“gozar en paz” de su embarazo. Seguirlo día a día, recibir con gozo cada
nueva manifestación y compartir la sucesión de acontecimientos en
espera del día del nacimiento.
El padre iniciará su “proceso de paternización”
de la mejor forma posible, contribuyendo a la paz, a la armonía, al
gozo y al relax de la esposa dentro del clima cálido y afectivo de su
hogar.
Crear
la paz del hogar es obra de los dos, pero especialmente del padre, pues
su organismo no está sometido a los profundos cambios que experimenta
su esposa embarazada. Este es el mejor regalo que puede hacer a su
esposa y a su futuro hijo.
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