NOTA:
Hace unos días, navegando por internet, topé con una serie de videos con este llamativo título «SEXO CON ALMA Y CUERPO». Está retransmitida, en YouTube por EWTN ESPAÑA, y los textos son del Sr Obispo de Orihuela-Alicante, don José Ignacio Munilla Aguirre.
Me interesaron los títulos de los 13 capítulos de la serie; pero, al no lograr oír bien las palabras del Sr. Obispo, opté por verlas en la transcripción que ofrece cada video. Al verlos, decidí transformar cada transcripción en un artículo que se pudiera leer cómodamente, a sabiendas de que perdía todo lo que se transmite por el lenguaje corporal. Tenía presente la enorme dificultad con la que me iba a enfrentar porque las transcripciones no reflejan lo voz limpia del locutor sino que, por una parte, omiten todos los signos de puntuación (. , ; ¡! ¿? ) y por otra parte, añaden las muletillas ( no, eh, bueno, pues, a veces) y las repeticiones que suelen emplear los locutores cuando hablan. Poner en su sitio los signos de puntuación ha sido laborioso y también excitante porque tenía que descifrar un texto confuso y extraer lo que decía el del Sr Obispo. ¡Ahí es ná! Como dicen los andaluces.
Si grande fue la dificultad, no menor fue el entusiasmo. Como no podía ser menos, he tratado de conservar, todo lo posible, las palabras de don José Ignacio. Espero haber logrado transmitir exactamente sus pensamientos. Pido comprensión si se hubiese colado algún gazapo.
J.J.S.
Un saludo a todos: Soy monseñor José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante y hoy nos disponemosir en esta primera sesión el tema ¿qué visión tiene la Iglesia sobre la sexualidad? Hay muchas personas que piensan que la Iglesia tiene un problema con la sexualidad, con el sexo; es frecuente incluso quienes dicen que la Iglesia parte de una visión dualista, como si pensase que el sexo es malo y por eso impone un montón de prohibiciones.
Algunos hacen la siguiente lectura de la realidad: la Iglesia está pagando una factura bastante cara por un efecto rebote, porque no fue capaz en su tiempo de ofrecer una explicación atractiva de la belleza de la castidad; fue un moralismo que se percibió como algo impuesto. Únicamente se remarcaron en otro tiempo las prohibiciones y no la belleza de la castidad y así ahora estaríamos en un efecto rebote en el que hay una resistencia a acoger y aceptar el mensaje de la Iglesia.Aunque es obvio que existió un moralismo del sexto mandamiento en otros años, en otros tiempos, quizás a mediados del siglo XX y hoy en día por cierto no estamos libres de moralismos también existen hoy otro tipo demoralismos: El moralismo ecologista, por ejemplo, y otros tipos de moralismo. Damos bandazos en la historia, yo creo que aquel puritanismo de aquellos tiempos, aquel moralismo está demasiado lejos para pensar que la crisis del momento presente se pueda explicar únicamente por un efecto de rebote de aquel momento.
Lo cierto es que para explicar por qué se ve a la Iglesia católica como contracultural en su explicación de la sexualidad, hay que recurrir también a otra lectura de la realidad. Lo cierto es que la Iglesia es un reducto resistente frente a la imposición del pensamiento único que está aconteciendo en un mundo tan globalizado en el que la ideología de género se impone.
Primero se propuso y ahora se impone; es una especie de metástasis del marxismo que ahora se ha reencarnado, podíamos decir, en la ideología de genero; lo curioso es que no solamente es una metástasis del marxismo sino, en buena medida, también del liberalismo que han confluído en proponer una nueva ideología, rediseñar al hombre, rediseñar al ser humano en esta ingeniería social. Espero que tengamos tiempo, en los próximos programas para hablar de la ideología de género; pero, ahora nuestro propósito en esta en esta primera sesión es explicar que visión tiene la Iglesia sobre la sexualidad y por qué existen tantos prejuicios frente a la predicación que hace la Iglesia católica sobre la castidad.
Para abordar esto creo que tenemos que empezar por desenmascarar esa falsedad de que la concepción de la sexualidad es negativa porque en la Biblia hay una visión negativa de la sexualidad; eso es una falsedad que creo que es muy importante que la desenmascaremos. Vamos a intentarlo con un detalle del libro del Génesis donde se expone la creación del mundo. En los cinco primeros días se va desarrollandola descripción de la creación y siempre, al término de cada día se dice “y vio Dios que era bueno”. Y se repite “y vio Dios que era bueno” “y vio Dios que era bueno”; pero curiosamente se llega al día sexto de la creación, en el que se crea al hombre, que es como la culminación de ls creación, y allí no se dice “y vio Dios que era bueno”, sino que se dice “y vio Dios que era muy bueno”. Hay una diferencia entre la creación del mundo en general y la creación del hombre.
Resulta que si vio Dios que era bueno aquel hombre, Adán y Eva eran distintos a lo que somos nosotros en el sentido de que todavía no tenían el pecado, no tenían el pecado original. Ciertamente del pecado original se han derivado muchas consecuencias negativas en nuestra vida. Adán, obviamente, era un hombre muy similar a nosotros en muchos aspectos, como por ejemplo, ¿cómo era la constitución sexual de Adán y Eva? Pues sería la misma que nosotros tenemos ahora, naturalmente hablando. Dios les había llamado a crecer y a multiplicarse como lo hace con nosotros y parece lógico pensar que la manera de procrear que tenían ellos era la que tenemos nosotros; es decirAdán y Eva no procrearon por bipartición como las estrellas del mar, sino a través del ejercicioo de la sexualidad, en la forma en la que Dios creó a ese hombre y a esa mujer y vio que el acto conyugal que hacían y con el que Adán y Eva expresaban su amor, era “muy bueno, muy bueno” porque era el acto que Dios había pensado para ese hombre y esa mujer creados a su imagen y semejanza.
Obviamente, en eso no hay ninguna diferencia con nosotros; ese acto forma parte de la constitución natural del hombre y de la mujer. Es más, incluso el hecho de que la sexualidad esté ligada a un placer es porque las terminaciones nerviosas de la piel del cuerpo humano indican que Dios lo ha querido así, lo ha hecho en ese maravilloso orden de la creación. La entrega sexual está ligada a ese momento que el hombre experimenta como placentero. Luego si alguien dijese que la Biblia tiene una imagen negativa de la sexualidad por estar ligada a un placer pecaminoso fruto del pecado, se está equivocando plenamente porque “vio Dios que era muy bueno” y así Dios lo creó.
Con el paso de los años ha habido muchos autores, por ejemplo Santo Tomás de Aquino que dice en que el placer no viene del tentador sino de Dios. Añade que el demonio no tiene más remedio que admitir que el hombre experimenta placer cuando peca; pero el placer no viene del tentador sino de Dios; al demonio le gustaría que el hombre pecase sin placer ninguno, pero como no es capaz de conseguir tal objetivo utiliza algo que es de Dios para intentar desviar la acción del hombre; por eso insistimos en decir “y vio Dios que era muy bueno”.
Tenemos que purificar esa imagen que es totalmente falsa porque, a veces, de tanto repetir ciertas mentiras parece como si nos las creyéramos. No es cierto que la Iglesia Católica o las Sagradas Escrituras tengan una imagen negativa de la sexualidad, ni siquiera negativa de esa dimensión placentera que tiene la la sexualidad porque “y vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno” .
Más aún, porque es tan bueno por eso precisamente hay que protegerlo; por ejemplo, en un museo las piezas más preciosas son las que más se protegen, porque existe el riesgo de que se deterioren o porque tienen más riesgo de ser robadas, por eso esas piezas preciosas se ponen en una urna con cristales antibalas. Pues algo así ocurre también en este caso; ese tesoro de la sexualidad que Dios nos ha dado tiene que ser especialmente preservado. Esa preservación es lo que la Iglesia está haciendo a la hora de custodiar la sexualidad dentro de la virtud de la castidad, porque la Iglesia entiende que la sexualidad debe estar preservada con la virtud de la castidad para que no sea deteriorada.
Son tres las dimensiones que protegen esa virtud de la castidad en la sexualidad, y fijémonos bien en estas tres dimensiones porque son claves:
La primera dimensión de la sexualidad es aquella desde la que recibimos la identidad personal, somos imagen y semejanza de Dios. Dice la sagrada escritura “hombre y mujer los creo” , es decir que el sexo masculino y el femenino forman parte de nuestra identidad. Hay otras dimensiones que no generan identidad, por ejemplo, el pelo que yo tenga (o no tenga en este caso, permitidme la broma) no genera mi identidad; pero mi sexualidad sí genera mi identidad.
¡Qué importante es decir esto! Más importante precisamente en este momento en el que la sexualidad se está desvinculando de la identidad de la persona. Dios creó la sexualidad para que tengamos una identidad masculina o femenina desde las cuales seamos imagen y semejanza de Dios.
La segunda dimensión de la sexualidad tiene la finalidad de poder mostrar nuestro amor, es la expresión corporal a través de la cual expresamos con nuestro cuerpo el “te quiero con todo mi corazón, te quiero con toda mi alma y para siempre, todo lo mío es tuyo, no somos dos sino una sola carne”. Esto es lo que se expresa corporalmente en la entrega sexual. Esta es la dimensión de la expresión corporal.
La tercera dimensión de la sexualidad es la colaboración con el proyecto creador de Dios mediante la generación de los hijos. Estas tres son las dimensiones de la sexualidad y por eso la Iglesia las custodia a través de la virtud de la castidad. Como en los museos se ponen las obras de arte bajo protección para que nadie las estropee o la robe, así también la Iglesia custodia y proteje las dimensiones de la sexualidad para que esa obra de arte de Dios no sea estropeada por el pecado.
Sabemos que la sexualidad humana es una obra de arte de Dios que fue estropeada por el pecado original y sigue siendo estropeada por todos los pecados personales. La visión de la sexualidad según el plan primero de Dios era una obra de arte preciosa. Contemplemos un jarrón especialmente fino y valioso, si no se le proteje, corre el riesgo de ser robado, así también la sexualidad humana es susceptible de ser atacada por el hombre cuando se queda con el placer e ignora a la persona.
La expresión del amor por la sexualidad es atacada por el riesgo de la medianía; es decir, me entrego un poco pero no totalmente. De esta modo, el sexo pasa a ser un juego y deja de ser verdaderamente la expresión gozosa del plan de Dios. Se ha cambiado el amor como motor de la sexualidad por la utilización de la persona al servicio del propio placer.
¡Qué diferente es amar a una persona a utilizarla!
San Juan Pablo II decía que «lo contrario de amar no es odiar, lo contrario de amar es utilizar». Pues esto es lo que sucede con la sexualidad. Cuando el hombre se desliga del plan en el que Dios creó la sexualidad para forjar nuestra propia identidad masculina y femenina, para que sea expresión de la donación completa y total, de la entrega de nuestra alma y de nuestra vida y para estar abiertos a la voluntad de Dios de la transmisión de la vida. Cuando uno se desliga de ese proyecto la sexualidad se convierte en una utilización de la persona y eso es un drama.
Cuántas personas se sienten utilizadas y tienen una visión triste de su sexualidad, se sienten utilizadas y quizás intentan tapar ese drama y se dicen a si mismas: me han usado, me he sentido utilizada… pues ahora voy a usar yo a los demás. Me han utilizado para buscar un rato de placer y me he sentido en el fondo vejado o vejada. ¡Y despreciada! Pues yo ahora voy a hacer lo mismo con los demás. Existe el riesgo de que en la medida en la que uno ha sido víctima de esa experiencia se convierta en verdugo de esa de esa misma experiencia. Como tantas veces ocurre cuando esto es así, cuando esto sucede de esta forma, se resiente la dignidad de la persona porque hemos sido creados para amar y no para ser utilizados unos por otros.
Alguien dirá: Bueno, hoy en día sabemos perfectamente cómo piensa el mundo, lo que está mal es el abuso, el actuar sin consentimiento de la otra parte; si el otro consiente barra libre; no hay ningún impedimento. Lo que este mundo ve como inmoral es que el otro sea abusado sin su consentimiento. Obviamente somos conscientes de que cuando alguien es abusado sin su consentimiento se ha pasado a una violación. Pero, además está pasando algo muy importante porque la frontera entre la moralidad y la inmoralidad no está únicamente en el consentimiento de la otra parte; la frontera está antes, porque la sexualidad se puede utilizar incorrectamente incluso con el consentimiento del otro. La frontera, la verdadera frontera entre la vivencia sana e insana de la sexualidad está entre el amar y el utilizar; y aunque el utilizar sea consentido, es incorrecto.
Muchas personas recurren a la sexualidad sabiendo que se estan utilizando mutuamente; pero bueno, lo consienten y lo buscan, y entonces parece que eso no tiene ningun problema moral; sí, lo tiene, lo tiene porque hemos sido creados para amarnos no para utilizarnos unos a otros como si la verdadera sexualidad fuera una especie de pacto de ayudarnos mutuamentea a extraer uno del otro la mayor cantidad posible de placer.
No, todo aquello que nos desvincule de la vocación para la que hemos sido creados y ya queda dicho anteriormente que hemos sido creados para amar. El amor tiene la dimensión del olvido de uno mismo; el que se busque a sí mismo lo perderá y el que se olvide de sí mismo, lo encotrará. Algo de esto acontece también en la vision y en la vivencia de la sexualidad.
Cuando uno vive su sexualidad como una entrega plena, como una donación es cuando vive la sexualidad en la vocación para la que ha sido creado; por el contrario cuando uno vive la sexualidad como una especie de búsqueda de técnicas para intentar buscar o arrancarnos más placer, obviamente está desligando la sexualidad de la vocación para la que Dios la ha creado, ser verdadera expresión de la vocación al amor. Nosotros hemos nacido del amor y estamos llamados a expresarlo en nuestra vida. Este es el riesgo por lo tanto de la sexualidad, la cosificación, reducirnos a objeto placentero; pero, nosotros no somos objetos, somos personas. Esto se ve muy claro, clarísimo, especialmente en la pornografía. La pornografía no acontece entre personas, pues no se sabe ni siquiera el nombre de esa persona que está en una escena pornográfica. Nadie sabe: ¿Qué nombre tiene? ¿Qué familia tiene? ¿Está casada? ¿Tiene hijos? ¿Qué problemas tiene? ¿Por qué hace esto? ¿Está aquí, quizás, intentando obtener un dinero porque vive en la pobreza?
No importa cuál sea su historia. La pornografía es, en sí misma suficientemente elocuente para darnos a entender que es totalmente distinta a la sexualidad en la que se vive la entrega mútua y se comparte la vida, de lo cual es expresión la entrega sexual.La vivencia de la sexualidad es lo que vamos a realizar en esta serie de diversos programas. Este es el primero que hemos comenzado con esta pregunta ¿qué visión tiene la Iglesia de la sexualidad?
A lo largo de estas sesiones hablaremos de otras formas no adecuadas de emplear la facultad sexual entre los novios y el matrimonio. En todos esos casos el mal no está en el sexo sino en su mala utilización, en la desvinculación de la sexualidad de la vocación al amor para la que hemos sido creados; es decir, desvincular la sexualidad de nuestra vocación, cada uno tiene una vocación y cada uno tiene que vincular su vivencia de la sexualidad a la vocación que ha recibido, incluyendo el que os habla, cada uno vincula su forma de vivir la sexualidad a la vocación; en mi caso, a la vocación con el celibato que tenemos los sacerdotes. Esto es muy importante, esto de ligar la sexualidad, que cada uno entienda la sexualidad ligada a su propia vocación de vida, porque permitidme un jemplo, es como si a uno le explican cómo se utiliza un vehículo, así: se mete la primera así, se mete la segunda así, se embraga, se arranca el motor, etc. Pero, no se le puede explicar a uno esas normas mínimas de utilización de un vehículo sin haberle explicado antes el código de circulación y, más aún, sin que él haya pensado para qué quiere un vehículo y qué hará con él. La adquisición de un vehículo supone que se tiene pensado el uso que se va a hacer de él, es decir, la compra de un vehículo tiene un objetivo, no para dar vueltas con él sin sentido alguno.
Sirva este ejemplo para que entendamos hasta qué punto es posible que uno cuando oye, hoy en día, que las administraciones públicas tienen que dar a los adolescentes educación sexual; pero, educación sexual es instrucción genital. A ver, la educación sexual no explica únicamente la forma fáctica de cómo acontece la sexualidad sino cuál es su finalidad, cuál es su sentido. Hacer una educación sexual ligada meramente a una información genital sin integrar en esa educación sexual el sentido de la sexualidad es obviamente como explicarle a alguien cómo se arranca un coche sin decirle dónde tiene que ir y mucho menos sin que sepa cuáles son las normas de circulación para conducir.
La clave está, por lo tanto, en que nosotros entendamos que “amor, donación, entrega, matrimonio, dignidad, respeto “, son conceptos claves y, fijaos bien, son conceptos claves para todos, porque alguno igual podría decir: «A ver, señor obispo, usted está hablando para los católicos, pero esa visión de la sexualidad ¿no pretenderá usted imponerla a todo el mundo? porque hay mucha gente que piensa distinto a ustedes los cristianos, entonces no nos impongan su visión de la sexualidad»
Bueno, estamos hablando de conceptos naturales (amor, donación, entrega, matrimonio, dignidad y espeto) que pueden ser entendidos por todos los seres humanos independientemente de cuál sea su credo religioso e incluso hasta por los que no tienen ningún credo religioso, porque estamos hablando de una ley natural.
Lo que la Iglesia Católica piensa sobre la sexualidad no es algo específico de ella y lo que hace es custodiar, con la gracia de Cristo algo que es de ley natural: todos los seres humanostienen esa dignidad, todos los seres humanos son cuerpo y alma. De alguna manera al alma se esta expresa desde la corporalidad y por eso esa corporalidad tiene que ser vivida en un orden en el que exprese el alma y no sea como una especie de prótesis del yo, que se puede utilizar o prescindir de él o incluso cambiarlo.
Sé que algunos estarán diciendo, esto que está diciendo es bonito, es hermosa esa visión de la sexualidad, pero algunos llegamos ya tarde. Voy a compartir una anécdota que que me ocurrió hace años, todavía no era obispo, era unsacerdote de una parroquia y convoqué a los padres de primera comunión en una serie de charlas formativas y preparativas. Y aquel día les hablé de la visión cristiana de la castidad e intenté que aquellos padres jóvenes viesen qué visión tan maravillosa tiene la Iglesia católica de esa vivencia de la sexualidad en castidad, en no utilizarse, en ser expresión de la entrega de la vida etc.
Recuerdo que, al concluir, una de aquellas madres levantó la mano y me dijo: eso que ha explicado usted es muy bonito, la verdad; me dijo que no lo había escuchado y le hubiese gustado escucharlo cuando era más joven, pero le gustaría que se lo explicase a nuestros hijos, porque con nosotras ya ha llegado tarde, a nuestra generacion ya ha llegado tarde. Recuerdo que la miré y le dije: pues sabe lo que le digo que no es tarde, que para Dios siempre es el momento de gracia, que Dios tiene un proyecto para cada uno de nosotros en el que, incluso, habiendo vivido desordenadamente la sexualidad, tiene la capacidad de recrearnos; porque no cabe decir yo ya perdí la virginidad. Un momento, la virginidad no es un concepto meramente fisiológico, es un concepto espiritual en el que, cuando estamos verdaderamente reconciliados con Dios, somos recreados, Dios nos hace nuevos; por lo tanto, estamos plenamente a tiempo de vivir esta imagen de la sexualidad custodiada por la virtud de la castidad, hoy es tiempo de Gracia para que nos abramos a Jesucristo y a la madre Iglesia y pidamos a la Virgen María, nuestra Madre: sé tú mi pureza, sé tú mi alegría, dame el don de vivir la virtud de la castidad.
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