Mi familia

jueves, 18 de septiembre de 2025

01.- QUÉ VISIÓN TIENE LA IGLESIA DE LA SEXUALIDAD

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02.- LA FAMILIA SEGÚN EL PLAN DE DIOS

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03.- APRENDER A AMAR, MADUREZ EN AL AMOR

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04.- HERIDAS AFECTIVAS EN LA ADOLESCENCIA

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05.- EL NOVIAZGO CRISTIANO

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06.- MATRIMONIO, FIDELIDAD E INFIDELIDAD

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07.- EL DRAMA DEL DIVORCIO

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08.- ANTICONCEPCIÓN Y NATALIDAD

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09.- INFERTILIDAD, FECUNDACIÓN ARTIFICIAL Y ADOPCIÓN

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10.- EL DESCARTE DEL ABORTO

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11.- PANDEMIA DE LA PORNOGRAFÍA Y ADICCIONES

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12.- HOMOSEXUALISMO Y TRANSEXUALIDAD

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13.- CRISIS ANTROPOLÓGICA Y DICTADURA DEL RELATIVISMO

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14: TRANSMISIÓN DE LA FE EN EL SENO DE LA FAMILIA

 Transmisión de la fe a los hijos en el seno de la familia

¡Vaya tema! Voy a empezar diciendo que la fe no solo se transmite en la familia (aunque me voy a centrar en eso) porque hay principalmente una tríada que es familia, escuela y parroquia, que es importantísima en la educación y en la transmisión de la fe.                      La conferencia episcopal española en el año 2013 publicó un documento con el título Orientaciones pastorales para la coordinación de la familia, la parroquia y la escuela en la transmisión de la fe. Qué importante sería coordinar esas tres instituciones cuya   coherencia interna obviamente es importantísima. Tambien hay otros condicionamientos muy importantes más allá de la familia de la escuela y de la parroquia, son las amistades.               

Tenemos este refrán: «Dime con quién andas y te diré quién eres.» Es que las amistades influyen muchísimo, son grupos de referencia. ¿Cuál es mi grupo de referencia? ¿Qué información mediático tengo? Porque cada uno busca sus fuentes de información. Yo, ¿de quién recibo las noticias? ¿Por qué ventana me asomo al mundo para recibir sus noticias? Esa ventana por la que te asomas al mundo va acondicionar bastante tu futuro. Quiero decir que para la transmisión de la fe, no solo actúan la familia, la escuela y la parroquia, también las amistades y los grupos de referencia.                                              Hay otro refrán, este es africano, que dice «para educar a un niño se necesita la tribu entera». Es verdad, la tribu entera está implicada en la educación de cada niño, por eso nosotros tenemos conciencia de que tenemos que luchar no solo por mi familia sino para que la sociedad entera sea educadora porque mi hijo después va a vivir en la sociedad. Obviamente el lugar clave, el más determinante es la familia.          Hay una expresión del Papa Francisco que a mí, cuando la escuché, me enamoró, porque te recuerda cosas tuyas, de tu vida, de tu infancia, dice: «La fe se transmite con la leche materna». Es una expresión muy curiosa; porque la fe obviamente no se transmite con la leche materna. Entonces, ¿qué quiere decir el Papa? Quiere decir que hay un despertar en la fe que es superíntimo, que tiene lugar en esa relación materno filial. Pues el bebé aprende a balbucear, a dar besos a la Virgen María; eso es algo muy íntimo en tu vida y casi al mismo tiempo que dices papá, mamá, se lo dices también a la Virgen y le das un beso.                                                                                            La expresión la fe se transmite con la leche materna es una expresión que hoy en día tiene mucho que ver con la pedagogía catequética actual porque habla de la importancia del despertar en la fe en los primeros años de la vida. Según uno va tomando conciencia de la vida, va también tomando conciencia de quién es Dios, o sea que no estamos esperando a que el capítulo de Dios es para más tarde.

En primer lugar, ¿en qué momento introducimos el capítulo Dios? ¿A los 4 años? ¿A los siete, a los ocho o a los doce? No, en el mismo momento en que uno se abre la vida; me explico, el mismo momento en que uno comienza según ve a su madre, según ve a su padre, según abre los ojos, según escucha, Dios está presente.                                              La experiencia religiosa tiene que iniciarse en el mismo momento en el que vamos despertando a la vida, por eso es clave ese despertar a la fe, esa sensibilidad que se le puede llegar a transmitir a un hijo en los primeros estadios de la vida, ayuda enormemente para percibir lo sagrado; por ejemplo, cuando un niño va con su madre y ve que entra en un lugar sagrado y que al entrar en ese lugar sagrado la voz de su madre cambia y susurra y le dice hemos entra distinto se habla bajito; eso parece que no transmite, pero sí transmite la conciencia de lo sagrado; una conciencia de lo sagrado que es implícita porque al niño no le has dado razones de por qué hablas de esta manera, implícitamente el niño va teniendo un sentido de lo sagrado.              Me vais a permitir que os comparta uno de esos errores que uno cometí en mi vida, y luego dije: me he equivocado. Antes de ser sacerdote me tocó construir una parroquia y en la construcción hice lo que se llama una especie de pecera o lugar insonorizado para que estuviesen los niños, pensé; aquí pueden llorar, gritar y jugar sin molestar a los que están participando en la Misa.                                     Al cabo de un tiempo me di cuenta de que me había equivocado porque así el niño no aprende lo que es estar en un lugar sagrado. Si el niño está en «la pecera» y sabe que puede estar como se está en la calle, entonces no se le enseña la lección de lo que es el sentido sagrado de estar delante de Dios.                                                                       Permitidme un pequeño paréntesis: en eso tenemos que colaborar todos porque luego viene el que se siente incomodado cuando ve a un niño con su madre en la iglesia; a ver, la madre está apurada por el comportamiento del niño, está pasando un mal rato, no añadamos nuestro rostro de incomodidad; dejemos que haga todo lo posible para enseñar al niño lo que es el sentido sagrado de estar delante de Dios.     Todos tenemos que cooperar para tener la experiencia de cómo transmitir a un niño el sentido sagrado de la vida, cosa que no es fácil alcanzar hoy en día si no se logra desde la infancia; porque estamos en una sociedad en la que se ha perdido el sentido de la autoridad. Todos nos creemos que somos el centro del mundo, hay una especie de dogma del igualitarismo; tú te crees que eres igual que cualquier otro, te sientes el presidente del gobierno, yo me siento como si fuese el papa: no hay sentido de la humildad, no hay sentido de la pequeñez de la vida, hay una crisis de autoridad que hace que cueste mucho transmitir el sentido de lo sagrado, sobre todo, si en la familia no te lo han inculcado desde pequeño.

Una anécdota: me acuerdo que, siendo párroco en Zumárraga, estaba con los chavales adolescentes de la confirmación y les estaba intentando explicar el primer mandamiento «amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser» .                         Uno de ellos me dice: vaya egoísta, todo para él, todo para él. Yo dije: madre mía de mi alma, prenda de mi corazón; vamos a ver, chaval, tuve una reacción de decir: a ver ¿qué hago, le doy un bofetón o qué hago? Pero, me dije ¡pobrecillo! este chaval no tiene sentido alguno de lo sagrado. A mí, ni se me habría pasado por la cabeza una reacción como esa ante el amarás a Dios con todo tu corazon, con toda tu mente, con todo tu ser.                                                                                   Pero, ese chaval no tenía sentido de lo sagrado, no se lo habían inculcado, le faltaba el fundamento último del sentido de lo sagrado y allí me vi yo cavilando: a ver qué le digo a este y le dije: a ver, tú no te das cuenta de que si a tí y a mí Dios ahora mismo no nos siguiera sosteniendo en el ser y nos siguiera manteniendo la vida, tú y yo ahora mismo dejaríamos de existir y volveríamos a la nada; no te das cuenta que sin Dios tú y yo ni siquiera existiríamos. Claro, chaval, me miras así, como diciendo: qué cosas dices, cura.                                   Hay que transmitir el sentido de lo sagrado y vivimos un momento cultural en el que hay una auténtica pretensión de transmitir el sentido de Dios sin el sentido de lo sagrado y eso es un error muy grande. A veces, va un Obispo a una parroquia, porque los obispos visitamos muchas parroquias, y cuando reza en los libros sagrados de la parroquia ve que la oración comienza diciendo: Oh Dios Todopoderoso, (muchas veces las oraciones se introducen con una invocación a Dios Todopoderoso) De pronto, ves que alguien (supongo que el párroco) ha borrado todopoderoso y ha puesto oh Dios hermano y cercano.                                                                              Un momento, claro que Dios es hermano y cercano; pero ¿por qué se ha quitado la palabra todopoderoso? El sentido de lo sagrado tiene que reafirmar la grandeza inmensa de Dios. A veces, hemos pretendido hacer la imagen de un Dios colega; pero no olvidemos que ese Dios tan cercano que recibimos en el pan eucarísticoo o que ese niño al que damos un beso en Navidad es el niño Jesús, si olvidamos que ese Dios tan cercano es, al mismo tiempo, el Dios todopoderoso que hizo cielos y tierra, entonces tiene poca gracia la la cercanía de Dios, que es tan maravillosa.                                                                        Porque el que se te acerca es el todopoderoso, es el infinito y si no explicamos esto, no transmitimos el sentido religioso de la vida por hacer una imagen de Dios colega . Dios es nuestro Padre y nuestro Creador y ese sentido de lo sagrado lo tenemos que transmitir desde el primer momento de la vida. Es obvio que después de esa primera experiencia de lo sagrado habrá que ir acompañando el crecimiento de la fe y que, según vayan creciendo, el niño necesitará explicaciones de niño, el adolescente nesitará explicaciones de adolescente y así sucesivamente con los jóvenes y los adultos.

En segundo lugar, la primera experiencia de lo sagrado tendrá que tener un crecimiento. Hablemos de las condiciones básicas para vivir y transmitir la fe a los hijos en la familia. Transmitir nuestra historia familiar en clave de fe, transmitirles que el amor que nos tenemos como esposos está fundado en Dios. El niño pequeño valora mucho en la familia el amor de sus padres, por tanto, como sabemos, suele ser muy típica la pregunta ¿cómo os conocisteis?, digámosles: Oye, ¿sabes tú cómo nos conocimos papá y mamá? Te lo voy a contar.                       Nos conocimos en una boda de un compañero de trabajo, él nos presentó y así nos conocimos papá y mamá. Nuestras vidas eran como dos caminos separados; pero, Dios se sirvió de esa boda para que nos conociéramos y se uniesen nuestros caminos. Dios quiso que nos enamorásemos. Después pasamos un tiempo de novios para conocernos por dentro y nos casamos. ¡Qué felices fuimos el día de nuestra boda! Celebramos la boda en la iglesia, unidas nuestras manos nos dimos el «sí quiero», uno junto al otro recibimos a Dios en la comunión y dimos gracias a Dios por tantas cosas buenas que nos había regalado. Dios ha querido que fuésemos el uno para el otro para que tú nacieses, Dios pensó en tí. Dios desde siempre pensó en tí e hizo que papá y mamá se encontraran, se conocieran y formaran un matrimonio; así naciste tú.                                                                       Así debe ser transmitida la experiencia de Dios a los hijos. Después vendrá el esfuerzo por transmitirles la experiencia de la fe, que es inseparable de la experiencia del amor que les tenemos. Porque les queremos les deseamos lo mejor, y lo mejor es que nuestros hijos conozcan a Dios.                                                                                   Desear lo mejor a nuestros hijos nada tiene que ver con la visión liberal de la vida, que dice: el niño debe elegir y adoptar su visión del mundo y de Dios cuando sea mayor.                                                     Una de las grandes equivocaciones del gobierno chino ha sido la promulgación de una ley en la que prohíbe que los jóvenes, antes de los 18 años, puedan ir a una iglesia y recibir educación religiosa, porque cuando cumplan 18 años elegirán lo que quieran elegir.                     Es una interpretación liberal-comunista del gobieno chino. Es curioso que los liberales y los comunistas cada vez se conjugan más, hubo un tiempo en que el liberalismo y el comunismo eran absolutamente antagónicos ahora vemos que llegan incluso a fundirse en muchos momentos.                                                                                   A nosotros la interpretación liberal de que el niño ya verá lo que tenga que hacer cuando sea mayor no nos convence absolutamente para nada. Yo no espero a que mi hijo sea mayor de edad para darle de comer; no espero, exactamente por la misma razón, para transmitirle el alimento de la fe o el sufrimiento de los padres porque su hijo no ha acogido el testimonio de la fe.                                             Sé que, entre todos los que estamos aquí, hay algunos sufriendo porque sus hijos no tienen el alimento de la fe. Es un sufrimiento santo. Offeced a Dios vuestras oraciones y sacrificios, vuestros dolores y vuestras penas como lo hizo Santa Mónica, la madre de San Agustín. No sé si conocéis uno de los episodios más bellos que hay de la espiritualidad de Santa Mónica: llorando y llorando se acercaba a San Ambrosio y dale que te pego siempre diciéndole: Deme un consejo para mi hijo. A San Ambroso se le habían acabado ya los consejos para dar y pensaba ya viene otra vez, ya viene la llorona, ¿qué le digo ahora? Y entonces le dijo: anda, mujer, vete en paz, que no permitirá Dios que se pierda un hijo de tantas lágrimas.                                        Fijémonos en la expresión de San Ambrosio: anda, mujer, vete en paz, que no permitirá Dios que se pierda un hijo de tantas lágrimas. Esta frase rebela que ese sufrimiento es santo. Santa Mónica llora porque su hijo no tiene a Dios en su vida. Ese sufrimiento creo que hay que llevarlo sin perder nuestra paz interior; acompañándolo con la oración diaria pidiendo y rogando al Señor que conceda el don de la fe a nuestro hijo y, además, ofrecer a Dios nuestra pena hasta el final y, con humildad y confianza, poner todo en sus manos, en la seguridad de que Dios ama a nuestro hijo y no permitirá que se pierda para siempre.                                                                                                El sufrimiento es una consecuencia del amor. Solo sufre el que ama. Si Santa Mónica no hubiese amado tanto a su hijo Agustín, poco o nada le habría importado que su hijo tuviera fe o no. En un plano general, podemos decir que sufrimos cuando una persona a la que amamos carece de «algo» que consideramos importante, llámese fe, salud, bienestar, paz interior, etc., etc., etc. Sufrimos por cosas que verdaderamente son importantes en sí mismas y también por otras que no son importantes en sí mismas, pero sí lo son para nosotros, como son las vanidades frustradas, los orgullos heridos, etc.                Sufrimos porque la persona amada carece de «algo» que consideramos importante y el sufrimiento será proporcionado a la importancia del «algo». Aquí ya entra en juego la escala de valores.

En tercer lugar, la transmisión de la fe no debe de ser meramente ritual sino que tiene que estar ligada a una comunicación, tenemos que transmitir con corazón abierto, hablar con los hijos de lo que Dios ha hecho en nuestra vida, dándoles razones y respondiendo a sus preguntas. Esto exige que nosotros tenemos que dar testimonio de lo que Dios ha hecho en nosotros; el testimonio es lo más sagrado porque las razones pueden ser rebatidas pero los testimonios no se discuten, se aceptan con respeto.                                                            Mira, antes de qe tú nacieras, cuando todavía estabas en el vientre de mamá, fuimos papá y mamá ante la imagen de la Virgen María que hay en la iglesia y te encomendamos a Ella, le pedimos que te quisiera mucho porque tú también la ibas a querer mucho, y le pedimos que te protegiera y ayudara durante toda tu vida. Sabíamos que lo haría porque es tu Made espiritual.

En cuarto lugar, será importantísimo la coherencia con la que intentemos transmitir la fe. En un concierto musical, si no concuerdan la música y la letra, el concierto es un fracaso; lo mismo sucede en la vida, cuando no concuerdan nuestras palabras y nuestras obras, lo que decimos y lo que hacemos. El fracaso es seguro.                              Si en casa me dicen mis papás «vete a misa» y ellos no van y se quedan en casa o estamos rezando el Rosario y, de repente, dice mi papá «callad, que empieza el futbol», es cuando me doy cuenta de que el futbol para mi papá es sagrado porque, cuando está viendo un partido de futbol en la tele, no tolera que nada ni nadie le moleste.     Al mismo tiempo también me doy cuenta de que, además de las casas sagradas, hay otras casas que me las dicen por decir, pero sin darles importancia porque no la tienen para ellos, me doy cuenta que hay cosas sagradas para mi padre y para mi madre y otras cosas que las dicen pero que a ellos no les hacen vibrar de estusiasmo.                       Es muy importante que haya coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos; es decir, enre las palabras y las obras. Porque no es lo mismo lo que digo que lo que transmito, se trasmite con las obras. Será bueno recordar que «las palabras mueven, y los ejemplos arrastran».                                                                                        Esto de la coherencia puede y debe aplicarse exactamene igual a un sacerdote que esté predicando porque, cuando alguien predica, puede hacerlo con más o menos facilidad de palabra, eso es secundario, la clave está en que él mismo se crea lo que dice y que lo confirme con sus obras. El sacerdote no es un funcionario que explica las cosas; es odeber ser un testigo que da su testimonio. Pues eso mismo pasa con los padres.                                                                                                     Es también muy importante para transmitir la fe pasar de la práctica de una fe individualista a una fe compartida y vivida en familia. Ocurre que llegamos al matrimonio habiendo tenido cada uno su recorrido, uno estuvo en un movimiento apostólico y el otro estuvo en tal otro. Eso está bien; has tenido tu experiencia de vivir la fe a tu manera con el grupo apostólico en el que te educaste pero no te has acostumbrado a rezar en familia, no te has acostumbrado a rezar en el matrimonio. Nuestras espiritualidades y nuestros métodos no han llegado a encontrarse, a fundirse, lo harán a lo largo de la vida matrimonial .                                                                                            Si me das a elegir, prefiero 15 minutos de oración esponsal, la hecha estando los dos juntos, a que cada uno haga un turno de una hora de oración por su cuenta, separados uno del otro.                                      Tenemos que acostumbrarnos a orar juntos, a que la expresión de nuestra fe sea compartida. Tenemos que compartir nuestro diálogo con Dios. Tenemos que buscar las fórmulas más aficaces para vivir la misa en familia, de manera que nos ayude a tener una experiencia de familia fuerte. Recuerdo que nuestros padres, ya fallecidos, integraron la misa dominical y la oración en familia en momentos de convivencia familiar que eran preciosos, una verdadera gozada.         Y también voy a decir, en último lugar, que no hay que caer en la tentación del pesimismo por el hecho de no partir de la situación ideal. Claro que muchas veces no se parte de la situación ideal, aquí estamos muchos y, sin duda, habrá algunos que no han partido de la situación ideal; una que tiene un marido que no comparte su fe, otra que es madre soltera o que tiene un hijo rebotado que se fue de casa.     Dios nos da su gracia para que sigamos a Jesús desde el punto de partida en el que cada uno se encuentra. No nos abandonemos ni nos quedemos fuera porque no estamos en el punto de salida ideal. No es un buen futbolista el que dispara muy bien el balón cuando está puesto en el punto de penalti, cuando todo el mundo se ha apartado para que él chute, un buen futbolista tiene que pegarle al balón según viene, aunque esté el balón a punto de salirse por la banda, igual tiene que pegarle “a la chilena” para que no salga fuera. El buen futbolista tiene que partir de lo que hay.                                                                   Mucho ojo con hacer una lectura pesimista diciendo: Si yo hubiese tenido un marido, si hubiese tenido otra situación; pero ahora fíjate en mi situación, fíjate tal como estoy, ¿cómo voy a seguir? Cada uno tiene que abrazar la situación en la que está y florecer donde Dios le ha plantado. Esa es la clave, sin caer en la tentación de soñar en otro contexto, en otras condiciones básicas para vivir la transmisión de la Fe en la familia.                                                                                         Voy a entrar a ahora en materias educativas concretas que condicionan la capacidad de la familia para transmitir la fe. Elegiré unas cuantas, pero seguro que hay muchas más.                         Primero el equilibrio entre socializar y ser un dique de contención a la mundanidad. En la familia se produce un delicado equilibrio: Por una parte la familia es el lugar en el que aprendemos a socializar; pero, al mismo tiempo; es el lugar en el que tenemos que preservar la identidad frente a la invasión de la mundanidad. ¿Cómo conjugamos eso? Que  enga el Espíritu Santo y nos ayude. En la familia, tengo que enseñar a socializar pero, al mismo tiempo, tengo que poner un dique de contención para que no penetre la mundanidad. Chesterton, al que quiero mucho y le cito mucho, tiene una frase pronunciada hace más de 100 años «la familia es como un Estado independiente».                  Es una frase maravillosa y hay que luchar por ella; pero hay que reconocer que han pasado 100 años y la frase se ha complicado porque ahora la familia tiene muchas filtraciones: hay teléfonos fijos y móviles, están también la televisión la radio y ninguna de 6estas tecnologías guarda las fronteras del «Estado independiente de la familia». Guardar las fronteras de la familia está más complicado que hace un siglo, en tiempo de Chesterton, pero, aún así, hay que pelear.  En la familia comienza la socialización, se comienza a tener relaciones con otras familias y con otros lugares. Es muy importante, por ejemplo, la familia va a un encuentro matrimonial y en él los niños aprenden a encontrarse con los niños de otras familias. Dependiendo de a qué lugares voy o a qué lugares llevo a mis hijos, les estoy dando unas relaciones sociales y, fíjate si es importante donde vayas porque les estás abriendo horizones de socialización y los niños se acostumbran a esas relaciones y las hacen propias. Llegará un día en que te diga: mamá ¿puedo ir a dormir a casa de mi amigo?

En primer lugar, fíjate lo importante que es ese momento de abrirles la puerta para su socialización porque también hay que marcar con claridad la identidad familiar; al final aparecen como dos tipos de adolescentes, por una parte, aquellos a los que les atrae más la familia que la calle y, por otra, los que les atrae más la calle que la familia; en ese equilibrio entre socializar y marcar la identidad familiar hay que poner un dique de contención frente a la mundanidad; la clave está obviamente en que el peso de la familia sea superior al de la mundanidad de la calle.

En segundo lugar, la familia es el lugar clave en el que somos educados para reconocer los dones de Dios. Nuestros padres dedicaron mucho tiempo y esfuerzos para que percibiésemos los dones de Dios, fuésemos agradecidos y no fuésemos unos egoístas ¡Cuántas veces nos han dicho nuestros padres «qué se dice»!                                                La experiencia religiosa se funda en la admiración de los dones de Dios, en caer en cuenta de que hemos sido creados por Dios, que todo es don de Dios, que todo es gracia de Dios. ¿Te has fijado en lo maravilloso que es todo esto?                                                                Siendo yo seminarista, tuve un profesor que, cuando íbamos con él a caminar por el monte, nos decía: fijaos bien, contemplad cuánta belleza hay por doquier; maravillaos no solo de lo que estáis viendo sino de todo lo que puede acontecer en la vida, porque el mayor milagro es la vida misma.                                                                        Eso hay que transmitirlo en el seno de la familia. Decir a los hijos ¿os dais cuenta de las muchas cosas que tenéis para ser agradecidos? Esto tiene importancia porque un gran mal de nuestra cultura actual es el narcisismo egocéntrico, vivir placentera y  cómodamente, cerrado en sí mismo, absorto en el teléfono móvil y «dale que te pego, dale que te pego».                                                                                                  Cuando yo era jovencito jugaba al Yoyo, un juguete clásico compuesto por dos discos unidos por un eje central y una cuerda enrollada, que se lanza y se le hace subir y bajar, repetidamente. El Yoyo era el juego del «dale que te pego, dale que te pego». Hay un yoyo espiritual, el narcisismo, la incapacidad de amar a alguien distinto de tí, la falta de olvido de ti mismo y de entrega a los demás.     Para vencer el narcisismo hay dos terapias de choque: La primera es la gratitud, un narcisista nunca será agradecido; para salir de tu narcisismo necesitas reconocer los dones de Dios y agradecer, agradecer y maravillarte. La segunda terapia de choque es la solidaridad con los que sufren, entregarte a los que sufren de verdad, por ejemplo, ir a una residencia de ancianos con gente que vive sola e invertir tu tiempo en ellos, en lugar de estar todo el día quejándote de una manera victimista, ¡pobrecito de tí! porque nadie te hace caso. La gratitud y la entrega solidaria son las dos terapias claves para vencer al narcisismo ; son dos terapias de choque para poder educar cristianamente.

En tercer lugar, la educación en el discernimiento en la familia: educar en discernir el bien del mal porque inevitablemente si queremos educar a nuestros hijos en el espíritu cristiano, ellos van a tener la tentación de verse como unos bichos raros porque se van a ver distintos a los demás en muchísimas cosas.                                                 Cuando un chaval adolescente se ve raro delante de los demás, va a ser importantísimo que le demos razones de por qué en esta familia somos distintos, por qué todos vuelven a una hora a casa y nosotros a una hora distinta, por qué la gente se va con su novia y nosotros no hacemos eso, ¿por qué?. Son muchas preguntas que necesitan un discernimiento.                                                                                          La familia está llamada a ayudar, y hacer una interpretación crítica de lo que está  socialmente aceptado en la sociedad, porque se van aceptando muchas cosas y estamos llamados a transmitir una conciencia crítica de lo que ocurre; dicho de otra manera, a saber distinguir entre lo normal y lo corriente y transmitírselo a nuestros hijos. No es lo mismo lo normal queo corriente. Hay muchas cosas que son corrientes porque están de moda, pero no son normales. Por ejemplo, es corriente que la juventud se pase toda la noche bebiendo reunidos en un botellón, fuera de casa y que lleguen por la mañana «tomado», eso es corriente pero no es normal; es normal que una familia rece unida al Santo Rosario, eso normal pero no es corriente.   Distinguir lo normal y lo corriente es clave para poder transmitir a nuestros hijos que nosotros somos normales y no somos corrientes y que lo vamos a asumir. Eso supone transmitir una lectura crítica: Mira hijo, esto no es asumible por esto y por esto. Tu novia no te puede hablar de esa manera, porque existen las tentaciones, de esa manera no os podéis divertir porque, cuando está la gente bebida, ¿qué pintas tú a su lado?                                                                       Fijaos, cuando estamos viendo un informativo, la familia debe ser capaz de hacer una lectura crítica de las noticias y todos sus miembros se darán cuenta de lo que ocurre, a dónde está yendo la sociedadcon la crisis que se está generando, etc. Recuerdo, con gran gratitud, que nuestro padre cuando acontecían ciertas cosas en España, él nos ayudaba a mantener una lectura crítica, aún cuando mayoritariamente la sociedad hiciese una lectura diferente de lo que ocurría en la vida de España. Hay un pasaje evangélico que pocas veces solemos citar, está en el evangelio de San Lucas 12, 54-56, que dice; «Cuando veis subir una nube por el poniente, enseguida decís: Va a llover. Y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: Va a hacer calor. Y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis juzgar el aspecto de las nubes y de la tierra ¿y no sabéis interpretar el tiempo presente?                                Yo tengo que saber interpretar el tiempo presente y trasmitir a mi familia, a mis hijos, la gran crisis de valores que estamos sufriendo. Tengo que tener una interpretación crítica, y saber interpretar el tiempo presente. Por cierto, creo que mi familia tiene también que saber a dónde me arrimo, con quién salgo, para que me ayuden a tener una interpretación crítica de todo; también yo necesito formarme para poder transmitir una lectura crítica de este tiempo que vivimos .                                                                                                       Otro punto importante es la integración del deseo de libertad y la obediencia. Este  es otro gol que nos ha metido nuestra cultura: la dialéctica excluyente entre libertad y obediencia, como si fuesen dos cosas contradictorias; si tú eres libre no puedes ser un joven obediente. Prgunta Chesterton ¿Por qué todos los tontos del mundo piensan que solo somos libres cuando desobedecemos? ¿quién nos ha metido ese gol? ¿por qué a nadie se le ocurre pensar: mira qué libre es, cómo ha obedecido? ¿quién ha metido en la cultura que la libertad y la obediencia son antagónicas? Esta es una dialéctica de exclusión.              Tenemos que hacer también un redescubrimiento de la libertad porque la libertad no es un fin en sí misma, sino un medio para alcanzar el bien, para alcanzar la verdad. Nuestra cultura ha introducido una imagen deformada de la libertad.                           Hubo un debate entre don Antonio Cañizares, cardenal arzobispo jubilado, y el expresidente socialista Rodríguez Zapatero, fue un debate inolvidable en el que hubo un momento cumbre cuando Don Antonio dijo que la verdad nos hace libres, y Rodríguez Zapatero contestó: no, es la libertad la que nos hace verdaderos. No se puede decir más con menos palabras, no es la verdad la que nos hace libres, es la libertad la que nos hace verdaderos y añadía: es increíble que, con tan pocas palabras, se puede expresar toda la crisis; es decir, no es mi elección la que hace la verdad sino que es mi elección la que tiene que descubrir la verdad y abrazarse a ella. En la familia aprendemos que la libertad se usa para amar, para olvidarnos de nosotros mismos, para entregarnos. La mayor expresión de libertad que puede existir es obligarte a tí mismo por amor hacia los demás. Tenemos que redescubrir y sanar el concepto de libertad que está muy deteriorado.                                                                                                  La familia tiene que ser el lugar en el que seamos educados en la fortaleza interior. La fortaleza interio es un gran problema porque nuestra crisis cultural nos ha llevado a ser muy frágiles y, cuando uno es muy frágil, es fácilmente arrastrado por lo cómodo, por lo placentero, por el mínimo esfuerzo y eso es muy contradictorio con el valor evangélico en el que dice Jesús: el que quiera seguirme que se niegue a sí mismo y cargue con su cruz. Si no estamos educados en la fortaleza interior difícilmente vamos a vivir el evangelio de seguimiento a Jesucristo. ¿Cuál es el problema? El problema es que estamos en una cultura en la que los jóvenes lo han tenido todo fácil, no han tenido que luchar por nada en esta vida y entonces su fragilidad es máxima.                                                                                Mi madre falleció hace ya 4 años. En la homilía el día de su funeral, se recordó que era una mujer recia, una mujer que había vivido la guerra civil, la persecución religiosa y que había tenido que ver cómo España salía de aquella situación. A mí siempre me había admirado su fortaleza.                                                                                         Prediquen aquella famosa reflexión de un escritor norteamericano. Describía el devenir cultural durante la crisis en cuatro partes: los malos tiempos dieron a luz gente fuerte, la gente fuerte dio a luz buenos tiempo, los buenos tiempos dieron a luz gente débil, y la gente débil dio a luz malos tiempos. Estamos en esas. Eso es así.                      Como la historia de San Juan Pablo II: Con qué fortaleza tuvo que luchar, sin familia, primero contra la invasión nazi y después contra la soviética. Entró como seminarista en la clandestinidad, ¡madre mía! A pesar de todo, con una situación así no se rompió, sino que adquirió una fortaleza interior tremenda. Pero nosotros por la situación en la que hemos vivido somos frágiles, cualquier cosa nos rompe y nos desanima.                                                                                                          ¡Ay! No le digas eso al chico, que se va a traumatizar, dice la madre. Es importante que eduquemos a nuestros hijos en la fortaleza y eso también requerirá que les demos encomiendas y responsabilidades. Pues vamos a darles encomiendas y reponsabiliddes. Tú, encárgate de esto, encárgate de lo otro, haz esto, prepara la comida….                     Yo sé que tenemos que educar en la fortaleza para enseñar cómo dar la cara a la vida porque de lo contrario nuestra fragilidad nos pone en una situación de debilidad máxima, esto supone saber practicar el «hacer contra» que dice San Ignacio de Loyola. ¿Qué es eso de «hacer contra» ? Significa que tú tienes que ser capaz de llevarte la contra tí mismo, a tu apetencia, hacer contra es: a mí me apetece esto; pero, tengo que aprender a llevarme la contra a mí mismo. Por ejemplo, recuerdo que nuestro padre nos educaba cuando nos ponían un plato combinado para comer y estamos todos y nos decía: Mira, tú lo primero debes comer es lo que menos te gusta, y al final te queda en el platolo que más te gusta y te lo comes rápidamente; por el contrario, si comas primero lo que más te gusta te quedará en el plato lo que menos me gusta, que se te hace una bola y ya no te entra.                   No, así no se va por la vida, chaval, así no; esto puede parecer una tontería; pero, es clave para educar en la fe. También educar en el «hacer contra», no es lo mismo lo que me apetece que lo que quiero, y de confundir ambas cosas vienen muchas desgracias. Por eso es muy importante la educación en la fortaleza interior para poder ser seguidores de Jesucristo y no ser manipulables por esta cultura.     Para no alargarme en exceso, voy a hablar del equilibrio entre personalización y sentido comunitario. Se habla mucho de una educación personalizada, de acuerdo, creemos o no creemos en el igualitarismo, pero sí es cierto que hay que ducar personalizadamente a cada uno, cada padre y cada madre saben ciertamente que cada hijo es único e irrepetible.                                                                                      Tampoco hay que caer en el singularismo. San Benito, en su regla, llama la atención del monje que pretende ser siempre «el distinto, el singular» el que siempre pide un permiso especial. Ya sé que la regla dice esto pero yo tengo un problema y pido dispensa . Siempre pido dispensa, no me pongo en la cola como los demás, no como la comida de los otros, etc.                                                                                        Dice San Benito: cuidado con el que no tiene la capacidad de asumir las reglas comunitarias y pasar por donde pasan todos porque es una tentación; es decir, que tenemos que educar sabiendo que cada uno de nuestros hijos es distinto; pero, al mismo tiempo, haciéndoles entender que pasar por uno de tantos en esta vida, ponernos en la fila como todo el mundo y esperar nuestro turno es muy educativo.                 Soy consciente de que la humildad de asumir la regla común educa nuestra tendencia al egoísmo, a creernos únicos e irrepetibles.             A veces ocurre, por ejemplo, cuando un alumno tiene un conflicto con el colegio. En mi tiempo, si un alumno tenía un conflicto porque el profesor le había reñido o lo que fuere, a mí no se me hubiese ocurrido ir a mi casa y pedir a mis padres que fuesen a ver al profesor porque yo sabía que mis padres iban a hacer causa común con el colegio; claro, no había ninguna manipulación; pero, hoy en día, es supertípico que van el padre y la madre a pedir explicaciones al profesor. Eso es una auténtica desgracia.                                                                Recuerdo que, en una ocasión, estaba en la parroquia y una catequista había castigado a un niño sacándole al pasillo por su mal comportamiento y vino después el padre a pedirme explicaciones de por qué habían sacado al pasillo a su hijo. Empezamos a hablar, pero era imposible entenderse con él, hubo un momento en el que le dije: ¿no se da cuenta de que usted y yo estamos en el mismo bando, que es educar a su hijo? ¿cómo es posible que usted y yo estemos hablando como si estuviésemos en bandos distintos? ¿no se ha dado cuenta de que, para educarle, su hijo tiene que aprender a tener buen comportamiento?                                                                                  Aprender a ser uno más, está claro que parece que justificamos el singularismo y y hemos dejado de tener conciencia de que la obediencia, el asumir la norma común es educar.                      Concluyo con los puntos principales: La familia cristiana es aquella que visualiza la llamada de todo el mundo a la conversión, esto es importantísimo, la familia cristiana funcionará si existe en ella una llamada a la conversión. El profesor del seminario que antes he mencionado marcó mucho nuestra educación, Don José Antonio se llamaba, nos decía: Mirad para que una familia no se rompa hace falta por lo menos un tonto y para que la familia sea feliz hace falta que sean todos tontos.                                                                                    A ver, lo que el mundo llama «ser tonto>, en el fondo, es un olvidado de sí mismo, para que una familia no se rompa hace falta que haya alguien que se olvide de sí mismo; todo el mundo piensa lo mío es mío, tú a lo tuyo; al final, la familia se va a romper, porque la clave de la familia está en el permanente estado de conversión de todos sus miembros; ser egoísta y estar casado es una bomba de relojería que tarde o temprano va a explotar, a menos que haya una conversión.    A veces he puesto el ejemplo de que eso es como ser cura y ser ateo. Uno no puede ser cura y ser ateo, tampoco se puede estar casado y ser egoísta porque la familia es un sitio en el que estás llamado a olvidarte de ti mismo, a entregarte completamente a los demás y si no el matrimonio hará pun y explotará, la familia hará pun y explotara.   Tanto en el matrimonio como en la familia estamos llamados a pasar de la clave del yo a la clave del nosotros, estamos llamados a no a ser un termómetro para medir la temperatura de cada uno por separado, sino más bien a ser un termostato que distribuye la temperatura entre todos.                                                                                                           Eso supone que, en la familia, estamos llamados permanentemente a la conversión, a pasar del yo al nosotros. Al final, las familias perviven porque tienen el compromiso del olvido de sí mismos. La conversión es una llamada a olvidarse de sí mismo y seguir a Jesucristo que dijo: el que  quiera seguirme que se olvide de sí mismo, coja su cruz y me siga. La familia es un lugar de lllamadas a la conversión; a veces, me pregunto: ¿qué hubiese sido de nosotros si no fuese  por la familia que nos ha hecho continuamente llamadas a la conversión, al olvido de nosotros mismos?                                                                                  Sin duda, la clave está en consagrarnos a María, nuestra Madre y por medio de Ella nos prepararmos para hacer nuestra consagración al Corazón de Jesús. Fundar todo en Cristo es consagrarnos en familia al Sagrado Corazón de Jesús.                                                                          Y entonces estamos unidos en Dios; si sacamos a Dios de la ecuación, nuestra familia se disuelve; por tanto, hay que hacer una consagración al Corazón de Jesús. Consagrarnos a Jesús es comprometernos todos a que tener un ideal común, a tener puesto el corazón en el mismo sitio, en Jesús.                                                        Eso garantiza la unión de la familia; alguien dijo que educar no es llenar un cubo sino encender un fuego. Claro, hay personas que piensan que educar es llenar un cubo y envian a su hijo a la universidad más cara y piensan que han educado. No, educar no es llenar un cubo, es encender un fuego donde tengo yo puesto mi corazón; es decir, educar cristianamente es encender en el corazón de los hijos el fuego el amor a Jesús.                                                                 Existe un gran error: hay padres que se acercan a la iglesia católica para educar a sus hijos porque buscan en la iglesia católica una ética que les preserve de las malas costumbres, de los malos hábitos.   Dicen: voy a llevar a mi hijo a este colegio católico para ver si así tiene amistades mejores, para ver si adquiere buenos modales en su forma de hablar y de comportarse. No lleva a su hijo a la iglesia católica para que se enamore de Jesús sino para preservarlo moral y éticamente de las malas costumbres. Es más si un día le llega una carta del colegio invitando al chaval a un retiro, dice no a eso no vayas, a ver si te van a comer el coco.                                                   Hay personas que se acercan a la Iglesia católica con una percepción moralista intentando recibir de ella ayuda que les preserve de la degradación moral de la sociedad; pero no son conscientes de que eso es un puro moralismo; al final, los hijos, aunque vayan a un cologio católico, no recibirán la educación cristiana mientras su corazón permanezca cerrado a la entrada de Jesucristo.                                      Los moralismos sirven para muy poco tiempo. El chaval irá creciendo y se hará muchas preguntas que quedarán sin respuesta. ¿Por qué él es distinto? Porque su corazón no está lleno de un ideal que le dé consistencia.                                                                                                    Al final, la respuesta es enamorarse de Jesucristo y desde ahí vendrá la ética, desde ahí vendrá la moral, vendrá la educación cristiana, sin pretender reducirla a una ética o a una moral de buenos modales, que está bien pero que debe ser la consecuencia de haber descubierto que Jesucristo es nuestro Dios y Señor. Gloria al Padre al hijo y al Espíritu Santo como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. 

NOTA: Este es el texto de una conferencia pronunciada por Mons. Munilla, obispo de Orihuela-Alicabte, en Miami (EEUU) el 17 de agosto de 2024, en la parroquia de GUADALUPE, en el contexto de la invitación que Radio María EEUU le había dirigido.

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sábado, 19 de noviembre de 2022

167.- MI CALENDARIO MENTAL

 


Hay ocasiones en las que nos preguntamos ¿qué día de la semana será el día X del mes X?
La pregunta carece de sentido si disponemos de un calendario, en papel o en el móvil, pero no siempre es así.
Por eso he ideado un sistema de CALENDARIO MENTAL que resuelve la dificultad. Es muy simple: Tiene un Punto de Partida, un Desarrollo y las Aplicaciones.
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miércoles, 22 de abril de 2020

166.- LA PAZ EN LA BIBLIA


1.- EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
El AT emplea la palabra “shalom”. El saludo hebreo shalom y el árabe salam significan “paz” o “la paz esté contigo o con vosotros”. Se emplea en muy diversos sentidos:
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martes, 21 de abril de 2020

165.- LA PAZ COMO VALOR RELIGIOSO




ÍNDICE
Introducción
LA PAZ COMO VALOR RELIGIOSO
1.- ¿Son violentas las religiones por su propia naturaleza?
2.- Tolerancia frene a fanatismo
3.- Necesidad de reflexión
4.- Necesidad de diálogo

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jueves, 2 de abril de 2020

164.- MI ANTÍDOTO CONTRA EL CORONAVIRUS



Buenos días: El 2 de Diciembre de 2015 subí a mi blog www.familiaeresgrande.blogspot.com el artículo 138.-OCÚPATE Y DESPREOCÚPATE.
En las actuales circunstancias, me viene muy bien (creo que a todos) aplicarme lo que entonces escribí en general.
Es el momento de:

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jueves, 26 de marzo de 2020

163.- LA PAZ COMO VALOR HUMANO



ÍNDICE

Introducción
¿Qué es la paz como valor
LA PAZ COMO VALOR HUMANO
1.- La paz inter e intra nacional

2.- Cultura de la paz o cultura de la violencia

3.- Educar en la cultura de la paz
4.- Construir la cultura de la paz
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miércoles, 25 de marzo de 2020

162.-EL PERDÓN COMO VALOR CRISTIANO




ÍNDICE
1. EL PERDÓN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
1.1.- El perdón de Dios a los hombres
1.2.- ¿Qué exige el A.T. para obtener el perdón divino?
1.3.- El perdón entre los hombres
1.3.1.- El derecho de venganza
1.3.2.- El vengador de la sangre
1.3.3.- La Ley del Talión
1.3.4.- Prohibición de la venganza
1.3.5.- Yavé contemplado como el goel de Israel
1.3.6.- El Día de Yavé
2.- EL PERDÓN EN EL NUEVO TESTAMENTO
2.1.- Jesús perfecciona el AT
2.2.- Perdonar siempre
2.3.- Primero, perdonar; después, orar.
3.- EL PERDÓN COMO VALOR RELIGIOSO
3.1.- Judaísmo
3.2.- Islam
3.3.- Budismo
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lunes, 16 de marzo de 2020

161.- EL PERDÓN COMO VALOR PSICOLÓGICO Y HUMANO






ÍNDICE
Introducción
 EL PERDÓN COMO VALOR  PSICOLÓGICO Y HUMANO 
1.- ¿Qué es el perdón?
2.- Etapas del proceso de perdonar
3.- Beneficios del perdón.
4.- ¿Qué no es el perdón?
5.- Etapas del proceso de pedir perdón
6.- IMPORTANCIA DE PERDONARSE A SÍ MISMO
6.1.- ¿Qué es perdonarse a sí mismo?
6.2.- La dificultad de perdonarse a sí mismo
6.3.- ¿Cómo me perdono a mí mismo?

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