Introdución:Antes de adentrarme en la reflexión sobre los valores religiosos, he de hacer notar que he intercalado dos temas: “Manifestaciones del amor” y “Coincidencias y diferencias entre las religiones” porque este sentimiento no solo se presenta como valor religioso sino que admite otras diversas manifestaciones y es lógico hablar de ellas. Antes de hablar sobre los valores religiosos,he creído conveniente hacerlo sobre las diversas religiones.
Dicho esto, reflexionaré solamente bajo el punto de vista bíblico sobre estos valores religiosos: amor, fe, esperanza, justicia, paz y perdón.
El amor cristiano
El abajamiento de Dios por amor:¿Cómo Dios, tan grande y poderoso, puede abajarse por amor al ser humano, tan pequeño e imperfecto? Si Dios se abaja de esta manera,¿cómo puede corresponderle el ser humano? ¿Qué relación hay entre el amor de Dios y el de los hombres? La respuesta a estas cuestiones la encontramos en la Sagrada Escritura, donde vemos que Dios toma la iniciativa y entabla un diálogo de amor con el ser humano y, en nombre de este amor, le induce y enseña el amor de unos a otros.
1. Antiguo Testamento (AT):
En todos y cada uno de sus libros, aparece el designio de Dios para salvar al ser humano que, creado libre, debe corresponder al amor que Dios le manifiesta.
Adán trastocó el plan de Dios y se apartó de Él, pero Dios manifestó su bondad y misericordia perdonando la ofensa y restableciendo el recorrido de su designio con sucesivas promesas de salvación. Yavé, el Dios único en el que cree Israel, ama personalmente con un amor de predilección, por eso lo escogió entre los demás pueblos para que fuera su instrumento de salvación para toda la humanidad.
Dios escogió a sus amigos y confidentes: Eligió a Abraham, un pagano, “vuestros padres, Taré, padre de Abraham y de Najor… servían a otros dioses” (Jos 24,2); le hizo su amigo, “Tú, Israel, eres mi siervo, Yo te elegí, progenie de Abraham, mi amigo” (Is 41,8); le hizo su confidente, “¿He de encubrir a Abraham lo que voy a hacer?” (Gen 18,17).
Abraham correspondió al amor de Dios: siguiendo la llamada de Dios abandonó su tierra (Gen 12,1); su confianza en Dios fué tan grande que no dudó en sacrificar a su propio hijo (Gen cap 22) y Dios premió su fe haciéndole padre de un gran pueblo, Israel (Gen 22, 15-18).
Eligió a Moisés: “Yavé le llamo en medio de la zarza ardiendo ¡Moisés! ¡Moisés! (Ex 3,4) y le expuso su plan para sacar de Egipto al pueblo de Israel. Moisés es el confidente con el que “Yavé habla cara acara, como habla un hombre con su amigo” (Ex 33,11).
Eligió a los profetas, “Yavé me tomó y me dijo: Ve a profetizar a mi pueblo Israel” (Os 7,15); les hizo sus confidentes: “No hace nada Yavé sin revelar su designio a sus siervos los profetas” (Os 3,7); a través de los profetas comunica al hombre lo que éste no
puede descubrir por sus propias fuerzas: el designio amoroso de salvación que se cumplirá en Jesucristo.
2.El mandamiento del amor:
A) Yavé se presenta como un Dios personal que ama al pueblo de Israel. “Cuando Israel era niño yo le amé y de Egipto llamé a mi hijo” (Os 11,1). “Porque Yavé os amó…os sacó de Egipto” (Dt 7,8). “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Jer 31,33). La historia de amor de Yavé con Israel le hace experimentar que la fidelidad al único Dios es la fuente de su alegría y felicidad. “¿No te tengo a ti en el cielo?; y contigo, ¿qué me importa la tierra?...Para mí lo bueno es estar junto a Dios” (Sal 73,25.28)
El amor de Yavé por su pueblo es un amor de entrega gratuita, sin ningún mérito anterior y es un amor que perdona una y otra vez.
Yavé muestra su amor con diversas imágenes: Como pastor fiel: “Así dice Yavé: Yo mismo iré a buscar a mis ovejas” (Ez 34,11). La imagen de la viña: “La viña de Yavé es la casa de Israel” (Is 5,7).
El amor de Yavé se extiende sobre todos los oprimidos y necesitados: “(Yavé) hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, libera a los presos, abre los ojos a los ciegos, yergue a los encorvados, ama a los pobres, guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda” (Sal 146, 7-9).
Incluso se extiende sobre la ciudad pagana de Nínive (Jon 4,11) y a los extranjeros, ”Amad al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto” (Dt 10,19)
B) Yavé es un Dios personal que quiere ser amado
El amor de Yavé debe ser correspondido por el hombre:
“Amarás a Yavé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza” (Dt 6,5)
Sería prolijo indicar todos los versículos del AT en los que aparece la falta de correspondencia humana al amor de Yavé. En todo el AT se suceden permanentemente el amor de Yavé, la correspondencia de Israel seguida de la bendición divina o la no correspondecia del pueblo seguida del castigo de Yavé.
C) Yavé es un Dios personal que educa a su pueblo en el amor. Esta educación tiene sus pasos:
Primer paso:“El vengador de la sangre” (el pariente más próximo a la víctima) es una figura que aparece en el primitivo Israel nómada. “El vengador de la sangre matará (al asesino) cuando le encuentre” (Núm 35,21).
Israel, ya pueblo sedentario, conservó la costumbre del vengador de la sangre (2Sa 3, 27); pero, para prevenir los excesos, el vengador solo podía actuar en los homicidios voluntarios y tras un proceso en la ciudad refugio donde se hubiese acogido el asesino.
Dado el ánimo excitado de los parientes de la victima de un asesinato y la dificultad de determinar la culpabilidad del presunto asesino, se brinda a éste la posibilidad de refugio, ya sea ante el altar, “Joab se refugió en el tabernáculo de Yavé” (1Re 2,28) o en las ciudades refugio, “elegiréis ciudades de refugio donde pueda refugiarse el homicida” (Nú 35,11). “El homicida que allí se refugie tendrá salva la vida, si mató a su prójimo sin querer” (Dt 10,4).
Segundo paso: La ley del talión: “Vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal” (Ex 21, 23-24). La ley del talión es un avance contra la venganza ilimitada de los tiempos del nomadismo. La legislación israelita suaviza la ley del talión admitiendo la compensación pucuniaria (Ex 21, 18-19).
Tercer paso: La prohibición de la venganza: A pesar de los esfuerzos, el deseo de venganza ocupa el corazón de los israelitas.
Yavé prohibe la venganza e inculca el perdón, ”No tendrás en tu corazón odio contra tu hermano...No te vengarás ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo”. (Lev 19, 17-18).
José no se vengó de sus hermanos que le habían vendido a los amalecitas (Gen 37,28), sino que los perdonó: “No os aflijáis y no os pese haberme vendido pues para vuestra vida Dios me ha traído aquí” (Gen 45, 5). David no se vengó de Saúl, “llegaron David y Abisay y encontraron a Saúl durmiendo….David dijo: No le mates… Yavé me libre de poner la mano sobre su ungido” (1Sa 26,7.9.11).
En todo caso, el deber del perdón todavía quedaba restringido a los hermanos de raza, así vemos que el libro de los Jueces no critica la venganza de Sansón contra los filisteos (Jue 15,3.7).
Cuarto paso: El amor al prójimo: En el libro del Levítico se extiende a todos el deber del amor: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo, Yo, Yavé” (Lev 19,18). La palabra “prójimo” incluye a todos, sean judíos o gentiles.
El libro del Eclesiástico abunda en la misma idea. “El que se venga será víctima de la venganza del Señor… perdona a tu prójimo la injuria y tus pecados, a sus ruegos, te serán pedonados. ¿Guarda el hombre rencor contra el hombre e irá a pedir perdón al Señor?” (Eclo 28,1-3)
El libro de los Proverbios indica. ”No digas: Como me ha tratado a mí le trataré yo a él, y le daré lo que se merece”(Pro 24,29)
2. Nuevo Testamento (NT):
A) El amor de Dios a todos los seres humanos: "Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en Él tengan vida eterna".(Jn 3,16).
“El amor de Dios hacia nosotros se manifestó en que Dios envió al mundo a su Hijo unigénito para que nosotros vivamos por Él”(1Jn 2,9).
La originalidad del NT es que el amor manifestado por Yavé, en el AT, a través de sus acciones, ahora, en el NT, lo manifiesta en la humanidad de Jesucristo, Dios hecho carne. La encarnación de Dios por amor al ser humano es la forma más insospechada e
inaudita, pero más real, del amor.
Con la luz de este abajamiento de Dios podemos entender las parábolas de Jesús:
La del buen pastor (Jn 10,1-16): que recorre valles y montes en busca de la oveja perdida.
La parábola de la misericordia (Lc 15, 11-32), el padre sale al encuentro del hijo descarriado y lo abraza. Podemos calibrar el ser y actuar de Cristo que se entrega y muere en la cruz para dar nueva vida a la humanidad. Este es el amor en su forma más
radical. Así podemos entender que San Juan diga que “Dios es amor” (1Jn 4,8).
Al instituir el sacramento de la Eucaristía, Jesús perpetuó su entrega. La Palabra, la Sabiduría eterna de Dios, se hizo hombre en las entrañas de la virgen María y se convierte en verdadera comida en la Eucaristía (1), es una unión perfecta entre Dios y el ser humano. No es posible concebir mayor abajamiento de Dios ni mayor elevación del ser humano.
B) El amor de los seres humanos a Dios: Un antiguo aforismo escolástico dice:
Nihil volitum nisi praecognitum (Nada puede ser amado si antes no es conocido). El amor a algo o a alguien presupone el conocimiento de ese algo o de ese alguien.
¿Cómo conocer a Dios? A Dios, como a todas las personas, se le puede conocer por sus palabras y por sus obras. Las palabras, para ser creíbles, deben ser ratificadas por los obras.
Jesús dijo a los judíos: “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, ya que no me creáis a mí, creed a las obras” (Jn 10, 37-38).
En la Sagrada Escritura se narran las palabras y las obras de Dios que dan fuerza y valor a sus palabras. Conoceremos a Dios meditando sobre diversos pasajes de la Biblia, meditando sobre las palabras y obras de Jesús, atendiendo a las enseñanzas de la Iglesia y a los ejemplos de los santos que tanto amaron a Dios. Por este conocimiento llegaremos a amar a Dios, bajo la acción de su Espíritu. Conocer a Jesús es conocer a Dios.
¿Quién es Jesús?:
A) Para los no creyentes de buena voluntad, Jesús es un hombre extraordinario, pero solo un hombre, un rabí fuera de serie por su doctrina y por la época cuando la presentó.
B) Para los judíos y musulmanes, Jesús es un profeta, un enviado de Dios que habla en su nombre.
C) Para los creyentes en Jesús, Él es la segunda pesona de la Trinidad que se hizo hombre en las entrañas de la Virgen María; en cuanto Dios, igual al Padre y al Espíritu Santo, por ser los tres un solo y único Dios; en cuanto hombre, igual a los demás hombres, excepto en el pecado. Un abismo que la razón humana intenta comprender en la reflexión, el estupor y la escucha; un abismo en cuyo fondo brilla el amor de Dios. Solo los ojos de la fe pueden ver a Jesús en su totalidad, aunque el misterio no pueda ser abarcado ni comprendido.
Moradas de Dios: El amor a Dios convierte a los creyentes en moradas de Dios.
"Jesús les dijo: Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará y vendremos a él y en él haremos morada" (Jn 14,23). Cultivar la presencia de Dios en uno mismo y en el prójimo es una espiritualidad propia de los creyentes.
Ver a Dios en el prójimo es socorrerle en sus necesidades: "Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; peregriné y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; preso y vinisteis a verme" (Mt 25,35). "Cuantas veces hicisteis eso a uno de mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis" (Mt 25,40).
Y serán recompensados: "Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino" (Mt 25,34)
El primer mandamiento: Cuando un fariseo pregunta a Jesús “¿Cuál es el mandamiento más grande de la Ley?” (Mt 22,36). Jesús le responde: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y primer mandamiento.” (Mt 22,37-38).
* Por ser Él quien es: suma bondad, belleza y misericordia.
* Porque Él nos amó primero.
* Por agradecimiento a sus innumerables beneficios.
* “No me mueve, mi Dios, para quererte" es el primer verso de un famoso soneto.
C) El amor de los seres humanos entre sí
El NT eleva el amor a Dios a la categoría de primer mandamiento y al amor al prójimo a la segunda (Mt 22, 37-39). “El segundo mandamiento, semejante al primero, es:
Amarás al prójimo como a ti mismo” (Mt 22,39).
Son dos amores unidos e inseparables. “Si alguno dijere: Amo a Dios, pero aborrece a su hermano, miente. Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve. Y nosotros tenemos de Él este precepto: que quien ama a Dios ame también a su hermano” (1Jn 4,20-21).
San Pablo, en el capítulo 13 de su primera Carta a los Corintios, escribe las palabras más bellas que se han escrito sobre el amor.
D) El amor a los enemigos: En el AT regía la ley del talión. En en NT rige la del amor.
“Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian” (Lc 6, 27)
Este es el amor perfecto al prójimo y también la dificultad máxima.
Las formas del amor: La palabra amor (en latín, amor,-oris) abarca una gran cantidad de sentimientos diferentes basados en dos formas: La concepción egoísta, relacionada con el cuerpo y el mundo material y la concepción altruísta, relacionada con el mundo espiritual, la compasión y la colaboración.El amor actúa como factor importante de las relaciones interpersonales. Los antiguos griegos tenían cuatro palabras que recogían cuatro formas del sentimiento del amor:
ἀγάπη agápē, ἔρως érōs, φιλία philía y στοργή storgē.
Amor a sí mismo: Es un requisito para la autoestima y el desarrollo personal e indispensable para las buenas relaciones interpersonales.
Amor incondicional (ἀγάπη agápē): Es el amor altruista, que se profesa sin esperar nada a cambio. Es el amor espiritual predicado por diferentes religiones. Suele nacer de la educación recibida desde la infancia, y se basa en la fe. Se considera a Dios como la fuente de todo amor.
El amor-agapé supera el egoísmo, no se busca a sí mismo, sino que, una vez que ha descubierto al otro, se ocupa del otro y se preocupa por el otro, aunque eso conlleve renuncias y sacrificios. Este amor-agapé abarca a toda la persona, en su cuerpo y en su espíritu, con una cota de nobleza de la que carece el amor puramente físico o corporal.
Amor familiar (στοργή, storgē): El amor-storgé se desarrolla principalmente entre los miembros de la familia. Los lazos de sangre, origen de este amor-storgé, llevan a los miembros de la familia a la práctica de una serie de valores familiares: la entrega, la gratuidad, la comunicación, la solidaridad, etc., etc. El amor familiar abarca dos formas:
Filial que se da entre padres e hijos y viceversa (y, por extension, entre descendientes y ascendientes). En el AT, el Libro de Rut es un cántico al amor entre Rut y su suegra Noemí.
Fraternal: El que se da entre hermanos; puede extenderse a otros parientes, excepto a los padres y descendientes. Nace del sentimiento de gratitud y reconocimiento de la familia y se manifiesta en la convivencia, la colaboración y la pertenencia.
En el NT, en Juan 11,1-44, se expone el amor profundo que existía entre Lázaro y sus hermanas, Marta y María.
Amor de amistad: Los antiguos griegos llamaron φιλία philía al sentimiento propio de la amistad.
En el AT, vemos el amor-amistad existente entre David y Jonatán (1 Samuel 18,1-4); que se robusteció en la adversidad (capítulos 19 y 29 del libro 1 Samuel) y duró hasta la muerte; David cantó en la elegía por Jonatán: “Angustiado estoy por tí, Jonatán, hermano mio carísimo. Tu amor era dulcísimo para mí, más que el amor de las mujeres”(2Sa 1,26).
En el NT, el mismo Jesús es protagonista de este amor-amistad: Lázaro está enfermo y sus “hermanas enviaron a decirle: Señor, el que amas está enfermo” (Jn 11,3). Llama “amigos” a sus discípulos y comparte con ellos los secretos de su Padre (Jn 15,15). El apóstol Juan, amigo fiel hasta la cruz, es “el discípulo a quien amaba Jesús” (Jn 13,23).
Amor romántico: Se funda en la expectativa de que un ser humano complete a uno y le colme de satisfacción y felicidad. Suele idealizar a la persona que ha de llenar la expectativa.
Amor confluente: Amor entre dos personas capaces de establecer relaciones de pareja. No tiene por qué ser único, ni para siempre, ni incondicional. Cada persona es completa en sí misma. Pretende la igualdad de la mujer y el hombre en las relaciones de poder y en cuanto al dar y recibir emocional. Da mucha importancia a la satisfacción sexual. La monogamia pasa a ser un acuerdo interno de la pareja que puede admitir la relación abierta. La heteosexualidad deja de ser conducta única. El matrimonio (legal o religioso) no es el objetivo ni la forma de legitimar la relación.
Amor erótico (ἔρως érōs): Es la unión del amor romántico y el amor confluente. El amor-eros aparece al principio de la relación de pareja. La mitología griega consideraba el eros como un arrebato, una "locura divina" que hace estremecerse al hombre y le conduce a un alto grado de dicha. Eros representa el amor erótico, la pasión, el deseo y la atracción sexual. Es un amor que, idealizado, puede ser muy profundo por el ímpetu de la pasión y el deseo carnal. El eros, en al campo de las religiones, se reflejó en el culto a la fertilidad y a la práctica de la prostitución "sagrada" que se ejercía en muchos templos, como forma de comunión con la divinidad.
El Antiguo Testamento (AT) combatió la perversión de la prostitución "sagrada" de los gentiles que diviniza falsamente al eros, lo deshumaniza y lo priva de su verdadera dignidad divina, el amor que Dios pone en los corazones. Las prostitutas de los templos paganos no eran tratadas como personas sino como instrumentos para suscitar la "locura divina"; no eran diosas, sino mujeres abusadas.
El AT usa dos veces la palabra eros: en Gen 24,67: “Isaac tomó a Rebeca por mujer y la amó” y en Gen 29,18: “Amaba Jacob a Raquel y dijo a Labán (el padre de Raquel) “ Te serviré siete años por Raquel”. El Nuevo Testamento no emplea nunca la palabra eros.
Amor platónico: Vulgarmente se conoce así a una forma de amor carente del elemento sexual o que éste se da solo en la imaginación.
Los símbolos del amor: Las flores, el color rojo, ciertos perfumes o la música romántica son símbolos universales del amor. Los más característicos de la cultura occidental son la figura de Cupido y el símbolo del corazón.
La figura de Cupido: La forma más común de Cupido es la de putto, palabra italiana que significa niño con alas y angelote; putto procede de la palabra latina putus, “niño”. Se le suele representar con los ojos vendados, un arco y unas flechas para disparar sobre las personas y producirlas el enamoramiento. En la mitología griega toma el nombre de Eros, dios responsable de la atracción sexual, el amor y el sexo.
El corazón: El origen del símbolo del corazón es incierto. En la India, China y Japón, hace varios milenios, apareció el concepto “chakras”, como centros de la energía vital; el centro que se encuentra a la altura del corazón se manifiesta en forma de amor y compasión.
Los antiguos filósofos, entre ellos Aristóteles, creían que el corazón es el órgano contenedor de todas las pasiones. El dibujo del corazón es un símbolo que goza de gran popularidad y puede encontrarse en los ámbitos más diversos.
En la Iglesia católica apareció el símbolo del corazón tras las apariciones de Jesús a Santa Margarita Mª de Alacoque en Paray le Monial, en 1675. Desde entonces proliferan en todo el mundo católico las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús con un corazón en el pecho.
(1) La palabra ágape conserva actualmente el significado de “comida”, tomado de las reuniones que hacían los primeros cristianos.