Mi familia

viernes, 12 de junio de 2026

34.- NUESTROS MAYORES

“Hijo, acoge a tu padre en la ancianidad y no le des pesares en su vida. Si llega a perder la razón, muéstrate con él indulgente y no le afrentes porque estás tú en la plenitud de tus fuerzas; la piedad con el padre no será olvidada" (Eclo 3, 14-15). 

Hasta no hace muchos años, y todavía se da en muchos casos, la familia nuclear estaba integrada por abuelos, padres y nietos conviviendo en el mismo domicilio. En las últimas décadas, se ha producido una merma notable en la familia nuclear, pues, sobre todo en las ciudades, es menos frecuente encontrar conviviendo a las tres generaciones.                                                    Razones para tratar de explicar la migración de los abuelos:  Que los pisos son muy pequeños para albergar a tres generaciones; que, trabajando los dos cónyuges fuera del hogar, los mayores no serán suficientemente atendidos; que la creciente sed de libertad, de independencia, de largas vacaciones, de salir y entrar cuando apetezca, cosas todas muy justas, contribuyen a que los cónyuges no quieran llevarse a sus padres mayores a vivir con ellos o también, que los mismos abuelos, por muy diversas razones, no quieren vivir con sus hijos.                                                                                                              Las personas mayores: En nuestra sociedad occidental ha subido la esperanza de vida, tanto del hombre como de la mujer. Las personas mayores somos una parte considerable de la sociedad. Esto lo saben bien los partidos políticos que adecúan sus programas para lograr el mayor número de votantes de este colectivo. Si, por poner un inicio a la denominación de persona mayor, lo consideramos partiendo de la edad de jubilación, con la esperanza actual de vida, sobrepasar en quince años esa edad es bastante probable. Una persona a los 65 años, si le acompaña una buena salud, está en condiciones de disfrutar de la vida y ser muy útil a los demás durante bastante tiempo. Mientras su estado físico lo permita, puede vivir independientemente y emplear su tiempo para hacer muchas cosas que no pudo antes por estar ocupado en sus obligaciones profesionales.

“La jubilación me dio libertad, no aburrimiento”.

Es el tiempo de los viajes frecuentes, de las vacaciones largas, de las excursiones, de la lectura sosegada, de la cooperación en trabajos solidarios, etc. Lo que no debe hacer nunca un jubilado es arrinconarse y sentirse inútil por el simple hecho de haber dejado su trabajo profesional.                                                      Cuando llegan las dificultades: Es ley de vida que, con los años, lleguen los achaques, las goteras, las enfermedades y, en el peor de los casos, no puedan valerse por sí mismos. Esta es la época más dura y difícil, porque ellos no quieren ser una carga para sus hijos y éstos, con frecuencia, no pueden atenderlos como desean. No hay soluciones mágicas, pero sí hay soluciones humanas, en las que debe predominar el cariño, el afecto y el amor entre padres e hijos. Siempre se puede buscar y encontrar, con diálogo sincero, la mejor solución.            

Algunas soluciones: Que los mayores vivan solos y los hijos contraten a una persona que los cuide. Que vivan con un hijo o una hija y los demás hermanos cooperen de alguna manera. Que vivan temporalmente con cada uno de los hijos, (a mí no me agrada mucho esta opción porque tanto cambio desarraiga y los convierte en pelotas rodantes). La solución más dura, por el hecho de separarse de los seres queridos, será su ingreso en una residencia. La residencia, por muy buena que sea, y no todas lo son, significa soledad, desarraigo y tristeza. En todo caso, se debe garantizar la atención de todas sus necesidades y los hijos darles el mayor cariño posible en sus frecuentes visitas.

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