¿Cómo deben actuar los padres y educadores en su diálogo afectivo-sexual con los adolescentes?
1º. Manteniendo la diferencia generacional.
El padre (o la madre) que habla con su hijo o hija no son un colega que
habla con otro colega. Debe hablar y actuar como padre y como adulto.
2º.-Mantenieendo la diferenciación sexual.
Aceptar
que la educación, la propia y la del adolescente, está marcada por el
propio sexo y que tanto las preguntas como las respuestas están
determinadas por esa diferenciación.
Es
frecuente que los adolescentes adopten un estilo de vida diferente al
de sus padres como parte del proceso de asentamiento de su personalidad y
se produzca un proceso de separación, de distanciamiento y de
incomunicación.
Los padres, sabedores de este proceso, no deben caer en la trampa de imitarles.
3º. Aprovechando, con inteligencia, sus preguntas.
Responder
siempre, pero la respuesta no tiene por qué ser la más clara, la que
más nos satisfaga a nosotros, sino la que más facilite la apertura al
diálogo.
Ante una
pregunta, no contestar rápidamente con todos los datos que conozcamos,
sino espaciarlos del modo que mejor contribuyan a una progresiva
reflexión del adolescente, para que él mismo sea capaz de elaborar la
respuesta.
4º Los adolescentes tienen necesidad,
aunque ellos no lo crean, que los adultos les acompañen en su búsqueda
de sentido. Este acompañamiento no basta que sea informativo, eso ya lo
tienen en el Colegio y el Instituto, sino que es necesario que sea un
acompañamiento afectivo, hecho desde el cariño y la comprensión.
La
mejor forma de hablar del amor es ser una presencia que ama. Amar a un
adolescente es dejarle el espacio necesario para que exprese lo que
desee.
5º Cuidar bien los tiempos de cada diálogo:
a) Acoger la pregunta y moderar el sentimiento. Toda
pregunta es válida, es una ocasión de encuentro y de educación, desde
la más personal y profunda a la más provocativa. El problema no está
nunca en la pregunta sino en la capacidad para ser acogida
Escuchar
para entender bien la pregunta. Si estamos muy afectados es difícil
escuchar. Si es necesario, preguntar lo que ha querido decir.
b) Ser positivos. Normalmente
tendemos a escuchar sólo lo que no es perfecto; de toda pregunta se
puede extraer una parte positiva y ésta es la que debemos prestar al
adolescente. Lo positivo también puede afectar al adulto, y será bueno
que se lo hagamos saber. No hay que tener miedo al diálogo con nuestros
hijos adolescentes, todo se puede y se debe hablar. Siempre es posible
partir de una realidad presente e intentar que los adolescentes
construyan su futuro desarrollando su propia personalidad.
c) Expresar lo que piensan y sienten.
De tal forma que, al final, le quede este mensaje: He oído lo que has
dicho, ahora te voy a decir lo que pienso. Tú debes juzgar todo en tu
interior y después hacer lo que creas más verdadero. Si necesitas seguir
hablando, siempre me tendrás a tu lado.
Un
padre o un educador podrá sentir una sensación de fracaso ante la no
concreción de un proyecto en sus hijos o alumnos, pero será un buen
padre y un buen educador si no deja de estar presente y de escucharlos.
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