1.La amistad juvenil
En estos años de la adolescencia surge tumultuoso el instinto sexual. La ternura propia de la amistad y la intensificación del instinto sexual llevará al adolescente a fijarse en una persona, en general de distinto sexo, aunque puede ser del mismo si el adolescenmte es homosexual. Salir en pandilla, chicos y chicas, es altamente positivo, pues, ofrece la posibilidad de ejercitar la nobleza, la sinceridad, la generosidad y el compañerismo. También la ocasión de conocer a alguna persona concreta, de fijarse en ella, tratarla de modo especial y, tal vez, de que surja el amor entre ambos.
Cuando surge el amor: Al principio, será imaginativo y romántico; pero, poco a poco ambos se darán cuenta del carácter erótico de sus imaginaciones, no se contentarán con sustitutos imaginarios y se orientarán hacia lo real, tratando de conquistar al ser amado. Cuando la atracción por una determinada persona invada totalmente la afectividad, se produce un estado de exaltación, de embriaguez del espíritu, que con el tiempo deberá dar paso a un amor más sereno, realista y profundo. La felicidad no sólo se construye con los sueños, sino, ante todo, con la realidad de la vida.
2.El principio del compromiso
Cuando un chico y una chica empiezan a salir juntos, no sólo como amigos, sino con un cierto compromiso, ha llegado la hora del diálogo sincero y profundo sobre los temas que a ambos les atañen. Como fruto del diálogo vendrá el conocimiento del otro, que si es positivo y conforme a las expectativas de cada uno,hará surgir la confianza. Son días que, aunque sean muchos, se hacen muy cortos; todo parece poco para estar con el ser amado y hablar, hablar y hablar...Así calman su necesidad de amar y de ser amados.
Sucede, a veces, que, por la sinceridad puesta en sus conversaciones, uno o los dos se den cuenta de que es mucho lo que les separa y poco lo que les une, en ideales, gustos, actitudes, etc. Es este un momento delicado y difícil de la relación. Tal vez, la mejor solución sea portarse civilizadamente y, con gran dosis de serenidad, decir adiós a la relación. Esta salida será la mejor siempre que uno o los dos lleguen a estar convencidos de que entre ellos hay algo que va a impedir que puedan ser felices. La convivencia matrimonial no puede estar cimentada en la sospecha, la duda, la insatisfacción o la falta de respeto.
Toda relación seria debe basarse en los valores de ambos, no en el capricho o en la simple pasión física que, igual que la belleza corporal, es pasajera y debe dar paso al amor global de toda la persona. Es importante la sinceridad desde el principio. Si falta la sinceridad no es posible el conocimiento. No es prudente ocupar el tiempo en una relaciónque se ha descubierto negativa e insatisfactoria. Por el contrario, cuando a fuerza de sinceridad, día a día, se descubren más puntos positivos, más se afianza la relación y la confianza de uno en el otro. Esa confianza hará que se pongan borrosos los límites del yo tú, del tuyo-mío, y empiece a brillar el nosotros, lo nuestro. Se ha recorrido un largo trecho y se está en condiciones de hacer un compromiso duradero.
Una realidad diferente: Hace unos meses, hablando de esto, me decía una joven: “Ahora todo esto es muy distinto se rehuye el compromiso, se busca lo fácil y, si es rápido, mejor. De la juerga en la discoteca se pasa fácilmente a la cama; no siempre, pero da igual, ambos siguen libres y sin ningún tipo de compromiso”.
Estamos en una época de exaltación de la velocidad y de la prisa. Conseguir lo antes posible las metas pretendidas es el propósito y quehacer de gran parte de los hombres y mujeres, sean jóvenes o no. Esto puede ser beneficioso para los negocios; pero, creo que la prisa no es buena cuando se trata de conductas en las que debe predominar el amor en todo su esplendor. Tanto en el matrimonio como en la pareja el amor debe brillar y ser luz y guía permanente, no un chispazo fugaz que ofusca la mente y no da tiempo para reflexionar.
El amor no es un juego, sino algo tan importante que bien merece darle, con prudencia, reflexión y cuidados, las etapas necesarias para su consolidación, en vez de “quemarlo en una sola”. La prisa no es buena consejera en ningún caso, mucho menos en una cuestión tan importante para el futuro. Correr demasiado en este tema es, con mucha probabilidad, comprar todos los décimos para la lotería del fracaso, del desengaño y de la ruptura.
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