El cambio de mentalidad social: Las madres adolescentes se cuentan por miles, cada año, en nuestra patria y en todo el
Antes,
la hipocresía social hacía pagar al hijo al “pecado” de la madre, sin
tener presente que el hijo (en todos los casos) es un inocente llamado a
la vida, y que tiene derecho a que se le dé la mejor. Ya será mucho en
su vida no conocer al padre y tener que vivir sin él.
¿Por qué se dan tantos casos de madres adolescentes?
No
hay un único factor. El despertar sexual, propio de la adolescencia, se
da en un ambiente propicio a las relaciones íntimas, donde campea la
libertad de costumbres impuesta por la exhibición pública de modelos de
conducta importados por el cine y la televisión; la búsqueda
desenfrenada del placer inmediato y sin compromiso; el haber confundido
la información con la educación sexual, incluso, los organismos
oficiales han puesto todo su empeño en informar y nulo o casi nulo en
educar.
Educar para el amor
Educar para el amor es educar para
un amor duradero y comprometido entre ambos, que respete el derecho de
los posibles hijos a tener unos padres y un hogar donde hacerse
personas.
Educar para el amor va mucho más
allá del deseo o el placer momentáneo de los padres. Amor sin compromiso
es el desbordamiento de la pasión instintiva, propia de los animales.
El
amor humano es otra cosa: Es mutuo respeto y compromiso, mutua entrega y
aceptación, sin límites ni reservas. El amor busca lo mejor para el
otro y lo mejor para los posibles hijos. En el caso de los adolescentes,
lo mejor es esperar y madurar como personas hasta que puedan asumir la
plena responsabilidad de sus actos.
Amar es un acto de la voluntad ejercido sobre un sentimiento.
El acto de amar sobrepasa en mucho el mero instinto que no se puede
controlar. La atracción física entre dos personas y los sentimientos que
puede despertar deben estar gobernadas por la inteligencia y la
voluntad, que son las cualidades reinas del ser humano.
Hay algo que falla en muchas de
relaciones: La capacidad de ver al otro como persona que deber
desarrollarse plenamente, que es un ser único e irrepetible al que no se
debe manipular ni utilizar como un objeto de uso particular.
Los
y las adolescentes deben asimilar que las relaciones sexuales son una
donación total de dos personas, en cuerpo y alma, sin reservas, sólo
porque se quieren y desean hacerse mutuamente felices y que esta
relación comporta gran responsabilidad de uno con otro y de ambos con el
posible hijo.
La educación sexual de los/las adolescentes
La educación abarca dos campos
netamente diferenciados: Los adolescentes, ellos y ellas, deben estar
plenamente informados de todo el proceso de la sexualidad y de la
procreación humanas. Una información respetuosa, pudorosa y sin tabúes
que la imposibiliten o deformen.
Desde niños deben haber sido educados en el amor y para el amor; el ejemplo de sus padres debe ser la mejor educación.
En todo caso, los adolescentes son
los que deben decidir la edad en la que quieren tener relaciones
íntimas. Los padres y educadores pueden aconsejar, pero, si la educación
ha sido defectuosa o no ha sido asimilada o ellos prefieren otra cosa,
los padres, los educadores y la sociedad en general no estamos en
situación de imponer nada sino sólo de aconsejar e informar. Y, por
descontado, poner a su alcance los mejores métodos para evitar embarazos
no deseados y para evitar el contagio de enfermedades de trasmisión
sexual.
Siempre
es preferible usar un método de control a tener un embarazo no deseado o
un contagio. En toda situación, los padres deben ayudar y apoyar a sus
hijos e hijas.
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