1.- La familia, base fundamental de la sociedad
En la familia se gestaron los contenidos de lo que humanamente somos, persona por persona. Con sus fallos y limitaciones, la familia sigue cumpliendo su función mejor que ninguna otra institución tanto en la formación y el crecimiento de las personas como en la función de célula fundacional de la sociedad.
A pesar de los intentos, ninguna otra institución ha sido capaz de sustituirla. ¿Por qué no ha surgido nada mejor? De su defensa depende una parte importante de nuestro futuro como sociedad, nuestros marcos de referencia y el principio de la identidad de cada uno.
Nunca hasta estos tiempos se había dudado de que la mejor forma de funcionar de los humanos era a partir de un núcleo pequeño como la familia, que diera fortaleza a cada uno de sus miembros frente a las desgracias y los esfuerzos cotidianos para la supervivencia, y que aportara el marco de seguridad, pertenencia y constancia que requiere el desarrollo afectivo de las personas. Hoy se ha perdido gran parte del sentido de unidad, respeto y compromiso que sostenía a la familia y le daba razón de ser.
Por matrimonio se entiende a dos personas que se unen con la decisión de pasar juntos el resto de su vida, apoyándose y acompañándose, por amor y por interés mutuo, con la intención, si la pareja la conforman un hombre y una mujer, de materializar su trascendencia con la llegada de los hijos.
¿Es el amor el motor del matrimonio? En el relato del Génesis leemos que Yavé creó a Adán, después a Eva y se la presentó. Entonces, Adán“exclamó: Esto sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne… Por eso se dejará el hombre a su padre y a su madre y se adherirá a su mujer, y serán los dos una sola carne” (Gén 2, 23-24)
La expresión poética
“hueso de mis huesos y carne de mi carne”
indica el amor entre los miembros de la pareja. A primera vista podemos deducir que “el amor es el motor del matrimonio” y, en verdad, lo ha sido y sigue siendo en muchos casos; pero, también se han dado y se dan muchos otros en los que se excluye el amor matrimonial y se va al matrimonio por otros intereses.
Así, el hombre solo que ve cómo se le pasa la vida y cae en las cuenta de que necesita la compañía de una mujer para casarse y tener hijos. O la mujer, sobre todo en tiempos pasados, que, cumplidos los treinta, empezaba a sentirse “vieja”, y buscaba un marido con “posibles”. Decían las comadres que el amor vendría después y, a veces, acertaban; aunque, en la mayoría de los casos, el amor no estaba presente y se sustituía por la “total sumisión de la mujer al marido” y por los frecuentes adulterios de éste.
En todos los siglos se han dado (y aún se siguen dando) los matrimonios de conveniencia, persiguiendo intereses muy diversos, en todas las clases sociales. Hubo épocas en las que los matrimonios eran arreglados por los padres o por casamenteros profesionales, y aunque los contrayentes no ignoraban las desagradables posibilidades, tenían la certeza de que peor era quedarse solterones Estos modelos de matrimonio no son los deseables y este sentimiento ha contribuido a incrementar el valor del matrimonio por amor.
3.- ¿Está en crisis el matrimonio tradicional?
El matrimonio tradicional hace aguas por varios motivos:
Porque se ha perdido el sentido del compromiso. Hoy muchas uniones son un experimento; continúan, si les va bien; en caso contrario, se separan o divorcian y asunto concluído. Esto ha dado origen a que hombres y mujeres separados o divorciados, con hijos o sin ellos, inicien una nueva relación experimental. La convivencia es posible, pero será muy difícil entre el padre, la madre y los hijos traumatizados por el fracaso de sus familias anteriores.
Porque la mujer de hoy no acepta la sumisión y exige la igualdad de derechos y deberes (lo cual está requetebién); pero esto, a muchos hombres, les incomoda hasta el punto de convertirse en maltratadores y algunos en asesinos de sus esposas.
Porque la mujer ha cambiado en parte su rol. Ya no es la mujer casi analfabeta de otro tiempo; ahora, en porcentaje cada vez mayor, tiene estudios universitarios y ejerce brillantemente su profesión; en general, todas han subido bastante su formación. Ya no es el ama de casa que, en exclusiva, hace las labores caseras y educa a los hijos, ahora trabaja (si encuentra donde) y aporta su salario a la bolsa familiar.
Porque las leyes actuales son más flexibles. Se llega más facilmente a la separación y al divorcio, se reconocen las parejas de hecho y se pone fin a la cláusula “para toda la vida”.
Adaptación o desaparición de la familia: La irrupción de la mujer en la sociedad es cada día mayor. También la reclamación de igualdad con el hombre en derechos y deberes ha llevado a la sociedad a un punto de no retorno. Todo esto me lleva a decir que el matrimonio, tal como lo vivieron nuestros abuelos, ha desaparecido. Pero, en medio de todos estos cambios, hay matrimonios y familias que brillan con luz propia en medio de la oscuridad. Existen familias que aceptan el reto de la adaptación Padres y madres que se casan por amor, que se aceptan como son, con sus virtudes y sus defectos, que se desviven para hacerse mutuamente felices. Padres y madres que, trabajando ambos, o no, fuera del hogar, cooperan en las labores de la casa y en el cuidado y educación de los hijos; familias, en las que padres e hijos atienden las necesidades de todos, en las que el respeto y el cuidado del otro es fundamental; familias que, de verdad, contribuyen a la formación como personas de cada uno de sus miembros. Estas familias demuestran contundentemente que los cambios son muy positivos. ¡¡Sólo hay que adaptarse a ellos!!
No renuncia a los valores de la familia tradicional, el amor, la entrega o el compromiso, etc.; rechaza los antivalores, el egoismo, la prepotencia masculina o la sumisión femenina, etc. y fija su propio proyecto.
Así como para construir un edificio lo primero que se pone son unos buenos pilares que, anclados en la profundidad, le den equilibrio y sostén, así también, para construir la familia adaptable es imprescindible que, primero los progenitores y después los hijos, estén anclados en una serie de valores, como el amor, la acogida, la generosidad, el compromiso, la paciencia, la responsabilidad, la comunicación, el perdón…, etc. etc.
Estos valores, profundamente arraigados entre sí, son los pilares que ayudan a los miembros de la familia a formar la piña familiar y a ser todos para todos en todas las circunstancias que se les puedan presentar.
La “familia adaptable” es el hogar al que todos están orgullosos de pertenecer, el que les da solidez para capear las tempestades de la vida, el que les prepara para acometer el futuro del mejor modo posible, siempre contando con el respaldo de toda la familia. La “familia adaptable” es una familia estructurada y cohesionada, en contraposición a la familia desubicada, desestructurada y sin cohesión.
Produce alegría contemplar el día a día de la familia estructurada y cohesionada y no deja de entristecernos que, en la actualidad, haya no pocas familias desestructuradas y sus hijos, carentes del amor familiar, se agrupan en pandillas como único referente familiar.
La familia, marco de referencia y principio de identidad. La familia no hace desaparecer las individualidades sino que les brinda el mejor de los entornos para el desarrollo personal, un grupo de pertenencia y de referencia. Cada familia tiene su propia manera de ser. Tanto los padres como los hijos tienen cada uno su propia personalidad, su propia manera de ser que conservarán durante toda su vida. Lo propia de la familia es integrar esas maneras de ser y enriquecerlas con la convivencia familiar dentro del marco de los valores prefijados en el proyecto. La familia bien estructurada no anula la personalidad de sus miembros, sino que, en el clima de afecto y comprensión que le es propio, la modula, criba y acrisola. La familia no solo da los apellidos, da la pertenencia y la identidad familiar.
5. Poema de la Madre Teresa de Calcuta
Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida.
Pero sabrás que cada vez que ellos vuelen, piensen, sueñen, cuenten, vivan… estará la semilla del camino enseñado y aprendido.
Teresa de Calcuta
No hay comentarios:
Publicar un comentario