Mi familia

miércoles, 3 de junio de 2026

153.12.- EDUCAR EN LOS VALORES ESENCIALES

1.- La escala de valores familiares

La convivencia en familia es el medio más conforme a la propia naturaleza humana para el aprendizaje de los valores por los que se regirán los hijos cuando lleguen a la edad adulta. Cada familia vive los valores humanos de forma específica. Los padres, desde el comienzo de vida en pareja, deben decidir juntos sus propia escala y el lugar o importancia que dan a cada uno de sus valores. La vivencia personal y matrimonial de los padres será, más tarde, el ejemplo vivo, el punto de referencia constante para el aprendizaje de sus hijos.                                       Es error pretender inculcar un valor humano o espiritual sólo con buenas palabras y consejos; para poder educar y trasmitir a los hijos la escala familiar de valores, los padres deben ser sumamente coherentes entre sus palabras y sus obras; entre lo que dicen y lo que hacen y tener muy presente el poder educativo del ejemplo.                                                                            De forma indicativa, brevemente, he aquí algunos valores que no deberían faltar en ninguna familia:

El respeto a la dignidad de las personas: Valorar a las personas por lo que son, no  por lo que tienen; dar importancia a su interior , a sus cualidades y actitudes, no  quedándose en el exterior, en el físico, en los títulos académicos o en la cuenta bancaria, que nada valen si no van acompañados de nobleza y dignidad interior.

La justa libertad: Dios nos hizo libres. La libertad es el don por excelencia de la persona. Los hijos deben aprender de sus padres el sentido y la dignidad de la libertad y cómo ejercerla con responsabilidad, para compaginarla con la libertad de los demás y no confundirla con el libertinaje. Todo ataque a la justa libertad es un atentado a la dignidad de la persona.

La solidaridad humana y la tolerancia: Los ejemplos cotidianos de los padres entre sí, con los hijos, y de éstos unos con otros, serán la mejor escuela para aprender a ser solidarios y tolerantes con los demás. Solidarios con los que defienden una causa justa. Solidarios con los que carecen de lo necesario para su desarrollo integral como personas: bienes espirituales, culturales y materiales. Los padres solidarios no viven de espaldas a los pobres y marginados de la sociedad sino que cooperan, en la medida de sus fuerzas, a su ayuda y a promover un orden más justo y humano. Tolerantes y comprensivos con las personas, aunque exigentes con el vicio y la maldad. La diversidad de cultura, raza o religión no deben llevar al enfrentamiento sino a la tolerancia y al mutuo respeto. Nunca la diversidad debe ser causa de enfrentamiento físico, que nada resuelve; la diferencia debe ser, en todos las situaciones, motivo para intentar la aproximación por medio del diálogo.

El sentido del verdadero amor: En una sociedad tan egoísta, que confunde el amor con la pasión desenfrenada de los instintos, sólo los padres pueden inculcar el amor como don de sí mismo en beneficio del ser amado y la gratuidad el amor. El mutuo amor de los esposos debe ser el mejor modelo ofrecido cuidadosamente a sus hijos en una educación sexual clara y delicada. Los hijos aprenderán a amar, viendo cómo se aman sus padres; la experiencia del amor en el propio hogar es la mejer educación sexual.                                                                                       La educación sexual de los hijos es un derecho y un deber de los padres. Ellos deberán aprender, no sólo a vivir la sexualidad, sino también a transmitir a sus hijos el verdadero concepto de la misma, deshaciendo tantas falsedades imperantes en nuestra sociedad. Considerarán la sexualidad como un don de Dios y una riqueza que abarca a toda la persona, el cuerpo, los sentimientos y el espíritu, y que manifiesta su significado   íntimo llevando a las personas a la entrega de sí mismas al ser amado por medio y dentro del amor conyugal.

2.- Educar en valores humanos y cristianos

La educación en los valores cívicos y humanos persigue la madurez como persona; la educación cristiana persigue que los hijos, bautizados por el agua y el Espíritu Santo, se hagan cada día más conscientes del don de la fe que recibieron en el bautismo y sean llevados gradualmente al conocimiento del misterio cristiano de salvación y a la adquisición de actitudes y formas de vida coherentes con su condición de bautizados.

Primero, personas; después, creyentes:                                             La primera  consideración a efectuar es que lo religioso es algo que se añade a lo natural, es decir, que primero somos personas y después creyentes. Para ser un buen creyente hay que ser buena persona. No se puede pretender ser buen creyente si no se adquieren antes los valores humanos que solemos exigir a las personas para considerlas honradas y dignas. Hay un mínimo imprescindible que, cuando no se tiene, da pie a los no creyentes para tachar de hipócritas las prácticas religiosas hechas por personas que no son honradas en su vida profesional, laboral, de negocios,etc.                                                  Los creyentes en Jesús de Nazaret deberíamos tomar muy en serio que estamos obligados por nuestra fe a ser los más destacados en la práctica de todos los valores humanos, para poder ser la sal y la levadura del mundo. Hay muchos no creyentes con grandes valores humanos, por razones puramente de orden natural; los creyentes tenemos sus mismos motivos y, además, el mandato y el ejemplo de Jesús. ¿De que sirven las prácticas religiosas si, en la vida, no somos más responsables, más honrados, más tolerantes, más justos y más caritativos? Los padres deben hacer todo lo que esté en sus manos para que sus hijos sean buenas personas, llenas de valores humanos.                                                                        Con el paso del tiempo ellos mismos, ayudados por los buenos consejos y ejemplos, descubrirán los valores del Evangelio de Jesús, los incorporarán a su acerbo personal y los integrarán en su personalidad. El ámbito del hogar ofrece muchas ocasiones a los padres para guiar a sus hijos en el conocimiento y la adoración de Dios Padre. Jesús de Nazaret debe estar en la mente y en el corazón de los niños desde su más temprana edad; de labios de los padres deben aprender lo fundamental de la fe cristiana, especialmente, la actitud de confianza y de amor a Dios Padre.

Importancia de la catequésis familiar y parroquial: Los padres deben cooperar con las parroquias y colegios católicos en el interés por la catequesis de sus hijos. Si los padres valoran la catequesis, también será valorada por los hijos; si los padres no la toman en serio, tampoco lo harán los hijos. Desde pequeños los hijos deben ser instruidos en la diversidad y en la tolerancia religiosa.                                                                                                      Así como la familia cristiana adora a Dios, otras no lo hacen o lo hacen de diferente manera. Dar gracias a Dios todos los días por los beneficios recibidos, como haber nacido en una familia cristiana; no todos los niños del mundo tienen la misma suerte. Dios es Padre de todos y nos ha mostrado por medio de Jesús el camino para ir a Él. Los cristianos somos los seguidores de Cristo Jesús y, al menos en teoría, conocemos mejor ese camino. En la práctica de cada día, son las obras las que dicen quién está recorriendo el verdadero camino, quién lo aparenta y quién anda por caminos descarriados.

Diez pautas para ayudar a educar: Educar bien a sus hijos es el mayor deseo de todos los padres. Les ofrezco esta pequeña ayuda para que puedan lograrlo:

Relaciones establecidas sobre el afecto, la claridad y la firmeza: ¡ Querer no significa sobreproteger ni sobreexigir! El trato afectuoso natural entre padres e hijos necesita actitudes claras y firmes por parte del adulto, para conseguir las  conductas más adecuadas por parte de los hijos. Aunque le sea molesta, el niño necesita la autoridad de los padres para tener una referencia de lo que debe hacer; referencia muy válida, pues proviene de quienes más le quieren. Alabar y corregir adecuadamente es la base fundamental de una educación y relación equilibradas y la única manera de conseguir autoridad y respeto.

2ª Comunicación: ¡¡¡ Si quieres que te hable, háblale!!! Dedicar cada día un buen rato a la conversación y al juego con el hijo es uno de los criterios más importantes para conocerle mejor, crear un ambiente en el que se establezcan lazos afectivos cada vez más fuertes y conseguir que se sienta seguro y feliz a vuestro lado.

3ª Exigencias proporcionadas a la edad del niño: ¡¡¡ Las responsabilidades deben crecer a la vez que el niño!!! Sería inútil pensar que un niño de corta edad puede comportarse como un adulto. Si el niño no es capaz de entender lo que se le pide que haga, podríamos caer en una desobediencia continua y en una sensación de fracaso que en nada ayudaría a una correcta eduación.

4ª Igualdad de responsabilidad y de implicación del padre y de la madre en la educación: ¡¡¡ Lo bien repartido...!!! Tanto el padre como la madre tienen la misma importancia en la educación del niño, por lo que no ha de recaer esta responsabilidad más en uno que en otro. La falta de tiempo no puede ser una disculpa. “La calidad no depende de la cantidad”.

5ª Unidad de criterios de actuación en la pareja: ¡¡¡Si uno le dice “no”, el otro no puede decirle “si”!!! El padre y la madre deben ponerse de acuerdo en cuándo se le debe corregir y cuándo se le debe premiar, y también en cómo han de hacerlo. Si no hay unidad de criterios, el niño nunca sabrá lo que debe o no debe hacer, y ellos perderán autoridad y respeto.

6ª Ofrecer modelos adecuados de conducta: ¡¡¡ Los niños aprenden lo que ven!!! Todo aquello que queremos que el niño aprenda, ha de verlo previamente en los padres. No se puede pedir, por ejemplo que no grite, gritándole; que no pegue, pegándole; que rece sus oraciones, si no ve rezar a sus padres, etc.

7ª Implicación de la familia extensa en la educación de los niños: ¡¡¡ Porque la familia extensa también educa!!! Si los padres quieren conseguir un objetivo con su hijo, y  el resto de la familia, abuelos, tíos y demás parientes, hacen todo lo contrario, se creará en el niño un conflicto a la hora de decidir lo que es correcto; el niño siempre preferirá lo que le sea más fácil o agradable que no tiene por qué ser lo mejor.

8ª Convertirnos en sus compañeros de juego ¡¡¡ Aprender jugando es más divertido!!! Le daremos la oportunidad de explorar, de manipular, de descubrir nuevas experiencias, de conocer los posibles riesgos y evitarlos..., etc. cediendo poco a poco el terreno a su propia iniciativa. Sabiendo los padres que están ante su hijo, aprovecharán la ocasión para ofrecerle los mejores ejemplos en todas las facetas del juego.

9ª Favorecer su autonomía ¡¡¡ Dejémosle crecer!!! Enseñándole pequeños hábitos y habilidades que le permitan ser cada vez más capaz de actuar de forma autónoma en la comida, la higiene, las conductas..., etc.

10ª Facilitar su sociabilidad. ¡¡¡Entre iguales el niño se siente contento!!! Es importante darles la oportunidad de conectar con otros niños y niñas de su edad, para favorecer su desarrollo social y un mayor conocimiento de sus propias posibilidades.   Celebrar el cumpleaños invitando a los amigos del colegio o del equipo de juego. Pequeñas excursiones familiares, etc.

3.- La escuela

Bueno será insistir en el papel de la escuela, llámese guardería, colegio o instituto, para reforzar todos estos valores y muchas veces introducir otros nuevos. Desde su más temprana edad, el niño se socializa con sus compañeros de guardería. El niño pequeño, una vez acostumbrado, lo pasa mucho mejor en la guardería con sus congéneres que en la casa solo con sus padres. Ya en el colegio, se estrechan los lazos de amistad y el niño aumenta sus conocimientos en un ambiente de compañerismo y se desarrolla física, intelectual, emocional y socialmente.                                                                                                La escuela aporta, además de la formación intelectual, toda una serie de valores que se integrarán en la personalidad del educando. Allí aprende a respetar al otro, a tenerle en cuenta; allí, la práctica de los deportes en grupo le aporta gran cantidad de valores: solidaridad, altruismo, generosidad, competitividad, constancia, esfuerzo, etc. 

El ideal = Familia + Escuela: Familia y escuela son los dos baluartes del proceso educativo, y la sintonía entre los dos ámbitos, además de generar confianza entre padres, madres y profesores, estimulará en el niño la idea de que se encuentra en dos espacios diferentes pero complementarios. En los primeros años de vida, junto a otras instancias socializadoras, la familia es la principal. Después, el ambiente familiar y escolar son los que  más influyen en el desarrollo del individuo y su proceso educativo, por tanto, es fundamental la colaboración entre todos aquellos que intervienen.                                                     Entre la escuela y la familia debe existir una estrecha comunicación y unificación de criterios de actuación y apoyo mutuo. Las APAS (Asociación de Padres de Alumnos) tienen mucho que decir al respecto. En un ámbito más personal, debe ser frecuente la visita de los padres al "tutor" de su hijo para informarse mutuamente y aunar criterios de colaboración. Los padres y docentes deben exigirse día a día por complementarse más y trabajar en comunión, para alcanzar el objetivo primordial de entregar a la sociedad, hombres y mujeres responsables, útiles, con valores que, aporten y no sean una tara en el futuro.

Hay que destacar la necesidad educativa de fomentar la cooperación entre las familias y los centros escolares, al mismo tiempo que resaltar los múltiples efectos positivos que conlleva tanto para los alumnos como para los padres, profesores, el centro  escolar y por supuesto la comunidad en la que éste se asienta. La participación de los padres en la vida escolar repercute en una mayor autoestima de los niños, un mejor    rendimiento escolar, mejores relaciones padres-hijos y actitudes más positivas de los padres hacia la escuela, ya que los padres consideran que los profesores más competentes son aquellos que trabajan con la familia. 

La deformación educativa del ambiente:

El ambiente social: Todos, niños, jóvenes y adultos, estamos influidos por el ambiente que nos rodea. La influencia es distinta según las edades y, muy en particular, según la capacidad de reflexión y autonomía de cada persona. El niño, dada su poca capacidad de reflexión, es altamente dependiente de sus padres en todo. Este es un mal que se cura con los años; el niño se convertirá en adolescente, aumentará su capacidad de  reflexión e intentará ser, cada día, más independiente. Si el niño pasa su infancia casi en total dependencia de sus padres, no ocurre lo mismo con el púber y mucho menos con el adolescente.                                                                                      Llegada la pubertad, el que fuera niño, sin dejar de serlo todavía en muchos aspectos, empieza a ver más allá de la visión de sus padres y comienza a ver más lo que ven sus compañeros de colegio o de grupo. El púber se siente más a gusto con sus  amigos que con sus padres, no porque quiera menos a sus progenitores sino porque se siente más comprendido por sus amigos. Es en esta etapa de la pubertad y primera adolescencia cuando es mayor la influencia del ambiente, por lo que los padres con hijos en esta edad deben estar más alerta. La influencia más nociva que pueden recibir los jóvenes adolescentes es cambiarles los criterios de vida recibidos de sus padres por otros que están en la sociedad y que, abiertamente o de forma subliminal, se hace llegar a la juventud. A lo que contribuyen tanto el grupo de amigos como los medios de comunicación.                                                                                          Hoy domina la tendencia a sobrevalorar el dinero, el poder, la belleza física, la moda, el placer, etc. Están en el ambiente toda una serie de eslóganes que plasman esta tendencia:“El dinero todo lo puede”, “hay que vestir sexy para estar a la última”, “hay que probarlo todo para poder decidir”, “eres una estrecha si no has perdido la virginidad antes de los 15 años”, “tus padres son unos anticuados”, “lo progre es lo que se lleva”, etc.             ¿Hasta qué punto influye en los adolescentes lo que ven en la calle, en la televisión, en Internet o lo que oyen a sus amigos, a sus profesores y a sus ídolos? ¿Nos hemos parado a pensar lo que supone para un adolescente este constante bombardeo de eslóganes?                                                                                        Todo lo que vemos u oímos queda grabado en nuestro inconsciente, queda registrado en nuestra memoria y, aunque no nos percatemos de ello, influye en el momento de la toma de decisiones.                                                                                                   La toma de decisiones. Los adolescentes están obligados por su propia condición de adolescentes a tomar decisiones que afectan a su futuro vital. Necesitan, para hacerlo con cierta solvencia, aplicar unos criterios objetivos, fundados en la verdad de lo que realmente sucede en la vida y no en unos criterios cambiantes según la moda del momento. A los jóvenes adolescentes no les es fácil percatarse de la deformación que    encierran los eslóganes sociales. Los aceptan con facilidad en un ambiente dominado por la confusión y la irreflexión y consideran verdades irrefutables lo que solamente son falacias que ocultan intereses bastardos de ciertos dirigentes hambrientos de dinero y de poder.                                                    Los adolescentes son las víctimas preferidas de esta sociedad engañosa. Un ejemplo: En España, en la época de las vacas gordas en la construcción, muchos estudiantes de los institutos abandonaron sus estudios porque, trabajando de peones en la construcción, ganaban un buen sueldo mensual. Pero, estalló la burbuja inmobiliaria y se quedaron sin empleo y sin estudios. Se engañaron a sí mismos y perdieron la oportunidad de formarse mejor para el futuro. Podríamos poner ejemplos aplicados a cada uno de los eslóganes citados y a otros muchos, pero los ahorramos por la ineludible brevedad de este artículo.

A los padres les incumbe: Siendo los padres el pilar más importante en la educación de los hijos, con su ejemplo, sus consejos y los criterios que aplican en la educación, se les debe atribuir una parte muy considerable de la conducta de aquéllos, tanto en valores positivos como negativos.                                         Inculcar a sus hijos los criterios de vida más acordes a la dignidad humana y a su   desarrollo dentro de una sociedad justa, equitativa y menos influida por las ansias de dominio. Dotar a sus hijos del hábito de reflexionar y pensar bien las cosas antes de tomar decisiones importantes.                     Enseñar a sus hijos a ser libres, a formarse su propio criterio y no dejarse arrastrar por la corriente facilona de los eslóganes sociales. Comprobar, y en su caso corregir, si sus hijos ponen en práctica los criterios que les han transmitido dentro del hogar que les capacitan para enfrentar la realidad social desde la perspectiva humana de la honradez, la solidaridad y el compromiso.                                                                                            Tener mucha paciencia y mucho amor para educar a sus hijos .

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