Los padres son modelo de conducta para sus hijos.
| ¡Llora de mentirijillas! |
Es importante saber que en estas edades, nuestros hijos están intentando hacer ver que son capaces de actuar por sí mismos y de establecer su individualidad, y que quieren hacerlo a su manera, no como les dicen sus padres.
Todo ello es un signo normal de aumento de independencia, si bien no significa que sea fácil de resistir y mucho menos cuando lo hacen en público, que por otra parte es su especialidad.
Si esta conducta no se trata correctamente en esta edad, continuará cuando los niños sean mayores y cada vez será más difícil de eliminar, porque lo que en un principio es una rabieta, que se puede considerar como propia de la edad, puede pasar a ser una conducta caprichosa y repetitiva.
El objetivo de las rabietas: El objetivo del niño es llamar la atención del adulto, conseguir algo que quiere y no se le da o evitar sus responsabilidades.
El niño debe aprender: Que la rabieta es una conducta inadecuada. Que la rabieta no conduce a nada. Que no le exime de sus obligaciones. Que los padres no van a cambiar.
Actuación de los padres: Como no hay forma de razonar con el niño, la manera más rápida de modificar esta conducta es ignorarla. Solo así el niño aprenderá que las rabietas no son eficaces y poco a poco decidirá no usarlas. La padres deben permanecer firmes y no ceder; de lo contrario, si unas veces ceden a su rabieta y otras no, el niño no tendrá un referente claro de respuesta y no aprenderá lo que es adecuado y lo que no lo es. Esperar hasta que el niño se calme y se pueda hablar con él tranquilamente. Buscar con él otras formas de pedir las cosas y dejarle muy claro que no todo se puede conseguir.
Para reducir el número de rabietas Ahora se ha puesto de moda enviar al niño “a pensar” a una silla o un rincón donde el papá o la mamá pueda controlarle y mantenerlo allí durante dos o tres minutos según la edad (un minuto por año más o menos), recordándole, con firmeza, que no podrá moverse de allí hasta que se calme. Ni siquiera lo mire. Continúe con lo que estaba haciendo y observe al niño a distancia, sin que él se dé cuenta. Esperar a que el llanto disminuya y recordarle que: Cuando termine de llorar podrá irse a jugar. Finalizada la rabieta, recibirle como si nada hubiera pasado, hablar con él tranquilamente, decirle cuánto le quiere. Las rabietas aparecen más fácilmente cuando hay alguien ajeno a la familia. En este caso: Anticípese al problema y avise al niñ que va a visitarles una persona que no es de la familia. Déle tiempo para prepararse y asumir la situación. Dígale que pase lo que pase, ni el papá ni la mamá van a consentir la rabieta.
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