No se suele dar a los abuelos la importancia que tienen en el seno de la familia, sin embargo, su presencia adquiere gran influencia, con frecuencia muy positiva, pero, en algunas ocasiones muy negativa por ser origen de conflictos y desavenencias familiares.
1. Importancia de las raíces familiares La analogía con el árbol: Aunque no estemos fijos al suelo, el ser humano también cuenta con ciertas raíces que le brindan soporte y alimento, y que le conectan con otros seres vivos. El recuerdo de los antepasados, de las raíces familiares, nos ayuda a relacionarnos con la naturaleza y con nuestros valores. Los bosques son lugares muy especiales donde podemos revitalizar el cuerpo y calmar la mente. Acercarnos a las plantas y especialmente a los árboles evoca otro tiempo distinto al que vivimos en nuestras ciudades. Su presencia nos habla sin palabras de fuerza, verticalidad, sosiego. Admiramos su tronco y las ramas que expanden las hojas en busca de los rayos del sol. Pero olvidamos la importancia de las raíces que nutren y sostienen a ese árbol que admiramos. Y eso es así porque no son visibles o aparentes, permanecen en la oscuridad. Nosotros no tenemos raíces propiamente dichas, aunque nos mantengamos erguidos sobre las “plantas” de los pies. Sin embargo, cabe preguntarse qué vínculos profundos nos mantienen unidos a la vida, al espíritu y a nuestros semejantes.
2.- ¿Cuáles son esas “raíces” que permiten nuestro desarrollo?
La familia, que une, por así decirlo, el orden natural con el propiamente humano, transmitiendo determinados valores que de otro modo se perderían. Y ese entorno familiar forma parte a su vez de una colectividad social. La palabra raíz significa origen, fundamento, esencia. Por eso conviene en ocasiones, y especialmente en esta época de crisis de valores, volver a las raíces: ser “radicales” en el buen sentido y “no perdernos en las ramas”. Hay que redescubrir la importancia de la familia como ámbito de afectos sinceros y de valores familiares. Nacemos en el seno de una familia donde, pueden convivir hasta tres generaciones, representando las tres dimensiones del tiempo: pasado, presente y futuro. Si por un momento imaginamos lo que somos – el último eslabón de una cadena que se pierde en la noche de los tiempos –, produce un íntimo estremecimiento ser conscientes por un momento de todos aquellos que durante siglos nos han precedido y cuya sangre sigue siendo impulsada por nuestro corazón. Por ese motivo, el culto a los antepasados ha formado parte de muchas culturas. Es bueno sentir respeto y agradecimiento hacia ellos, aunque no los conozcamos.
El legado de la tradición: La palabra “tradición” viene del latín tradere, que significa dar o transmitir. Abarca diferentes niveles: los rasgos étnicos y culturales de cada pueblo, sus costumbres y, sobre todo, su forma de espiritualidad. Transmite de una generación a otra una sabiduría, una manera de solventar obstáculos y armonizarnos con el mundo. Desde saber hacer nudos marineros o tocar la guitarra, hasta construir catedrales.Tan necio sería mantener una costumbre obsoleta solo porque viene del pasado, como pensar que todo lo anterior es simplemente anticuado. Resulta pueril creer que en la historia de la humanidad no ha habido verdadera inteligencia y sensibilidad hasta que han llegado los ordenadores. Los avances tecnológicos no tienen necesariamente una bondad intrínseca. Lo que hacen es amplificar, para bien o para mal, nuestras virtudes y defectos. Así como la pérdida de la biodiversidad natural (las especies vegetales y animales) nos empobrece, también la uniformidad cultural nos empequeñece como humanos. Por el contrario, preservar y apreciar las tradiciones del mundo es una labor enriquecedora. Un proverbio tuareg dice: “las plantas que no tienen buenas raíces, se las lleva el viento”. Si aplicamos este proverbio a las personas, tendremos la importancia de mantener la propia identidad.
Aprendamos de la rizosfera: La rizosfera es el espacio ocupado por las raíces de las plantas, los seres vivos asociados y la tierra que las acoge. Se dan allí muchos fenómenos, tanto químicos como de índole más sutil y podemos aprender sus lecciones: Raíces profundas. Cuando una semilla encuentra en la tierra suficiente humedad, lo primero que hace es formar unas raicillas y después un incipiente tallo que emerge hacia arriba, en dirección opuesta, buscando la luz. Hay árboles, como el roble, cuyas raíces son tan profundas que su extensión equivale a la de la copa. Tenacidad. Es admirable la tenacidad de las raíces para abrirse paso buscando la humedad. Tienen, por ejemplo, la capacidad de segregar ácidos orgánicos que permiten disolver el calcio de las rocas y otros minerales a fin de poder absorberlos.
3.- Raíces, valores y tradiciones En una sociedad en la que el ritmo y la forma de vida cambian de modo vertiginoso, los abuelos encarnan las raíces familiares, los valores morales y las tradiciones, proporcionando una cierta estabilidad que evita la total destrucción de la identidad del hombre actual. Los abuelos encarnan en sí mismos los elementos que dan raigambre a la familia, y hacen que fluyan de una generación a otra, enraizándose y profundizándose hasta producir nuevas y poderosas identidades en los nietos.
Los abuelos somos las raíces de la familia.
Debemos ser conscientes de nuestro rol de abuelos, quienes somos y quien nunca dejaremos de ser.Siguiendo con la¡Todo un símbolo!
premisa de que los abuelos somos las raíces de la familia queremos comentar el gran bien que los abuelos podemos hacer a los nietos con nuestra compañía, con nuestros consejos y con nuestro “saber hacer” de cada día. Nuestro ejemplo es lo que verán hijos y nietos y eso será lo que les quedará. Nuestra tarea con los nietos nos puede parecer ineficaz, pero hay que recordar aquellas palabras ¡Todo un símbolo! de la madre Teresa de Calcuta a un matrimonio que se quejaba porque los hijos no les hacían caso: -¡No os preocupéis si no os escuchan, os miran durante todo el día! Se educa más por la vista que por el oído.Los abuelos tenemos que transmitir todo nuestro bagaje social, cultural y religioso que hemos aprendido de pequeños, hemos vivido de jóvenes y recordamos de mayores. Y lo tenemos que hacer conscientes de que nada de lo que hagamos caerá en saco roto. Todo queda. Todo sale. Cuando en el fondo de una taza hay posos y los miramos desde arriba, parece que sólo existe el líquido, pero si cogemos una cuchara y removemos… los posos emergen y se mezclan con el líquido. Si no hay posos… por mucho que removamos nada se mezclará. Nuestra transmisión de virtudes son los posos que parece que no están, pero un buen día… aquella nieta o nieto removerá su taza y descubrirá lo que estaba escondido. ¡Cuántas cosas podemos transmitir los abuelos a los nietos! Sin demasiadas palabras, sin imponer… simplemente estando a su lado y que vean cómo vivimos los valores, las virtudes y la fe de siempre. De esta manera les dejaremos unos posos para que algún día, si se deciden a remover la taza, se les haga visible todo aquello que recibieron sin darse cuenta; y entonces serán conscientes de que los abuelos somos las raíces de la familia.
Los abuelos en cuanto padres: Los abuelos pueden ejercer un papel estabilizador en la pareja. Su experiencia acumulada en todos los campos, pero en especial en el familiar como esposos y como padres pueden servirles para aconsejar a la nueva pareja en sus dificultades y servirles de apoyo moral. A veces, los abuelos pueden ser de gran ayuda como sostén económico en los primeros años de matrimonio de sus hijos. Los abuelos adquieren particular importancia cuando alguno de sus hijos ha contraído matrimonio o ha tenido un hijo a edad muy temprana, estando todavía inmaduro e incapacitado para asumir las cargas inherentes.. El futuro de estas familias jóvenes depende, en gran parte, de la postura y de las actitudes de los abuelos. Por desgracia, también podemos ejercer los abuelos una influencia negativa. Vivan o no con sus hijos y nietos, se percibe su influencia negativa cuando pretenden seguir ejerciendo su papel de padres e imponer su autoridad sobre el hijo casado y sobre los nietos. Las tiranteces son constantes en el joven hogar, poniendo en peligro la armonía y estabilidad del mismo. Los abuelos pueden aconsejar, eso es bueno y positivo; pero nunca deben imponer su criterio a la joven pareja, que es la única que debe ser la autora y la responsable de su destino. Los abuelos deben asumir su cambio de papeles y aceptar “la mayoría de edad” de sus hijos.
Los abuelos como padres políticos: Este es el punto más delicado y conflictivo. En ocasiones, los padres ven en su yerno o nuera un rival que les ha arrebatado el cariño de su hija o hijo. A pesar de las innumerables caricaturas chistosas sobre “suegras y yernos”, no suele ser esta relación la más conflictiva sino la relación entre “suegra y nueras”. Algunas suegras suelen ver en su nuera una rival con la que tiene que competir, no sólo por el cariño de su hijo, sino también para conservar el ascendiente que tiene sobre él. Algo parecido, aunque menos virulento, puede suceder entre suegros y yernos. En ambos casos, el cónyuge afectado del joven matrimonio no sabe qué hacer ni a qué carta quedarse entre su pareja y su padre o madre, dos seres queridos que le disputan su tiempo y sus atenciones. Todo se puede solucionar con una buena dosis de paciencia, de mano izquierda, de sinceridad y de cariño por parte de todos.
Los abuelos y los nietos: Si los abuelos han asumido su nueva situación en la familia desempeñarán correctamente su papel de padres y suegros, aconsejarán y no impondrán su criterio a los matrimonios jóvenes de sus hijos y, en consecuencia, estarán en óptimas condiciones para desempeñar su función de abuelos. Los abuelos son la fuente que, gota a gota, con tanta paciencia como tiempo disponible, van calando en el corazón de sus nietos, rodeándolos de cuidados, cariño, ternura y, a veces, de mimos contraproducentes, que los convierten en sus seres más queridos.
4.- Nuestros mayores “Hijo, acoge a tu padre en la ancianidad y no le des pesares en su vida. Si llega a perder la razón, muéstrate con él indulgente y no le afrentes porque estás tú en la plenitud de tus fuerzas; la piedad con el padre no será olvidada" (Eclo 3, 14-15). Hasta no hace muchos años, y todavía se da en muchos casos, la familia nuclear estaba integrada por abuelos, padres y nietos conviviendo en el mismo domicilio. En las últimas décadas, se ha producido una merma notable en la familia nuclear, pues, sobre todo en las ciudades, es menos frecuente encontrar conviviendo a las tres generaciones. Razones para tratar de explicar la migración de los abuelos: Que los pisos son muy pequeños para albergar a tres generaciones; que, trabajando los dos cónyuges fuera del hogar, los mayores no serán suficientemente atendidos; que la creciente sed de libertad, de independencia, de largas vacaciones, de salir y entrar cuando apetezca, cosas todas muy justas, contribuyen a que los cónyuges no quieran llevarse a sus padres mayores a vivir con ellos o también, que los mismos abuelos, por muy diversas razones, no quieren vivir con sus hijos. Las personas mayores: En nuestra sociedad occidental ha subido la esperanza de vida, tanto del hombre como de la mujer. Las personas mayores somos una parte considerable de la sociedad. Esto lo saben bien los partidos políticos que adecúan sus programas para lograr el mayor número de votantes de este colectivo. Si, por poner un inicio a la denominación de persona mayor, lo consideramos partiendo de la edad de jubilación, con la esperanza actual de vida, sobrepasar en quince años esa edad es bastante probable. Una persona a los 65 años, si le acompaña una buena salud, está en condiciones de disfrutar de la vida y ser muy útil a los demás durante bastante tiempo. Mientras su estado físico lo permita, puede vivir independientemente y emplear su tiempo para hacer muchas cosas que no pudo antes por estar ocupado en sus obligaciones profesionales.
“La jubilación me dio libertad, no aburrimiento”
Es el tiempo de los viajes frecuentes, de las vacaciones largas, de las excursiones, de la lectura sosegada, de la cooperación en trabajos solidarios, etc. Lo que no debe hacer nunca un jubilado es arrinconarse y sentirse inútil por el simple hecho de haber dejado su trabajo profesional. Cuando llegan las dificultades: Es ley de vida que, con los años, lleguen los achaques, las goteras, las enfermedades y, en el peor de los casos, no puedan valerse por sí mismos. Esta es la época más dura y difícil, porque ellos no quieren ser una carga para sus hijos y éstos, con frecuencia, no pueden atenderlos como desean. No hay soluciones mágicas, pero sí hay soluciones humanas, en las que debe predominar el cariño, el afecto y el amor entre padres e hijos. Siempre se puede buscar y encontrar, con diálogo sincero, la mejor solución. Algunas soluciones: Que los mayores vivan solos y los hijos contraten a una persona que los cuide. Que vivan con un hijo o una hija y los demás hermanos cooperen de alguna manera. Que vivan temporalmente con cada uno de los hijos, (a mí no me agrada mucho esta opción porque tanto cambio desarraiga y los convierte en pelotas rodantes). La solución más dura, por el hecho de separarse de los seres queridos, será su ingreso en una residencia. La residencia, por muy buena que sea, y no todas lo son, significa soledad, desarraigo y tristeza. En todo caso, se debe garantizar la atención de todas sus necesidades y los hijos darles el mayor cariño posible en sus frecuentes visitas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario