Mi familia

martes, 15 de enero de 2013

74.- CICLO TEMÁTICO SOBRE EL BEBÉ Y EL NIÑO: 1ª ETAPA: EL EMBARAZO (7 artículos)

  

Propósito
Con el nacimiento del bebé, niño [1] o niña, comienza una gran  aventura, tanto para el bebé como para sus padres. Me propongo acompañarlos con una serie de artículos que puedan ayudar a los padres en su recorrido.
El ciclo comprende CINCO ETAPAS que iré desgranando, poco a poco. 
Los límites de las etapas son acomodaticios, pudiéndose aplicar muchas cosas de los temas a etapas contiguas.
 1ª etapa: El embarazo (Números 74 a 80)
 2ª etapa: De cero a 3 años. (Números 81 a 96)
 3ª etapa: De 3 a 6 años. (Números 97 a 108)
 4ª etapa: De 6 a 10 años. (Números 109 a 114
 5ª etapa: De 10 a 14 años. (Números 115 a   

1ª ETAPA: EL EMBARAZO

¿De dónde venía yo cuando tú me encontraste? Preguntó la niña a su madre. Ella riendo y llorando le respondió: "Tú estabas en mi corazón como un ansia, amor mío. Estabas en las muñecas de juguete de mi infancia, estabas en todas mis esperanzas y en todos mis cariños. Tú has vivido en mi vida y en la vida de mi madre. Tú fuiste viniendo siglo tras siglo en el sueño del espíritu inmortal que rige nuestro hogar"
De El Principio. R. Tagore, 1913.

Donde todo comienza 
Pocos episodios de la naturaleza han de ser tan complejos y asombrosos como el entrecruzamiento de fenómenos sociales, psicológicos, emocionales y somáticos que preceden, influyen y acompañan el origen de una célula en su camino hacia un recién nacido humano.  
  Sin embargo, no hay época tan crucial del desarrollo como esos nueve meses que dura el embarazo. En ningún otro período de la vida la supervivencia se encuentra tan amenazada, ni el crecimiento es tan vertiginoso como en el período prenatal. 
En Bali, el nacimiento de un niño es marcado por un ritual sagrado que magnifica la memoria de la vida intrauterina. Los Incas preservaban culturalmente este recuerdo haciendo rituales en su honor, en China la edad de una persona incluye el tiempo en que se gestó. 
Los cambios parecieran ser esencialmente somáticos, sin embargo se acompañan de otros no menos importantes como son los del comportamiento del ser en gestación y el desarrollo psicológico de los padres.
La pareja humana aporta mucho más que cada mitad del material genético necesario para dar origen a una persona ya que todo ser humano crece con la fantasía de tener descendencia que llegará o no a concretarse más tarde.
El deseo de maternidad o paternidad así como la crianza, se alimentan de la potente fuerza que proviene del afán humano de vencer su propia finitud. Ese modo humano particular de ejercer el rol, influido por su propia historia, la calidad de los vínculos que lo sostuvieron, la cultura aportada por la trama familiar que lo albergó, así como las condiciones socioeconómicas que lo rodearon durante su vida, lo dotarán de determinadas características en su estilo y posibilidad de ser padre o madre, las cuales se entrecruzarán a su vez con las de su pareja. 
Lo cierto es, que ni la historia ni la crianza de un ser humano comienzan en la sala de partos. Quizás en esto radique nuestra originalidad.  

El encuentro
Cuando un espermatozoide y un óvulo se unen en la concepción, las inscripciones genéticas de ambos padres, representadas por más de mil millones de mensajes químicamente codificados, se combinan para dirigir el programa de crecimiento y desarrollo de una persona que será única.
Esta herencia genética influirá sobre el resto de su vida, pero no será determinante por sí sola sino que interactuará irremediablemente con una interminable gama de factores ambientales: desde la salud psicofísica de la madre hasta las políticas económicas y sanitarias, desde las rutinas culturales hasta los acontecimientos únicos e imprevistos de cada individuo. La herencia y el ambiente, lejos de oponerse, se interrelacionan mutuamente regulando el desarrollo.
Después de que el espermatozoide penetra en el óvulo, ambos núcleos permanecen uno junto al otro sin unirse encerrados en la membrana ovular. Pocas horas más tarde, repentinamente fusionan, su material genético se combina y se forma un cigoto unicelular.         
El cigoto unicelular inicia el desarrollo humano por los procesos de duplicación y división. Justo antes de que el cigoto se divida, todo el material genético combinado de ambos gametos se duplica formando dos conjuntos genéticos de instrucciones. Estos dos conjuntos se trasladan a extremos opuestos de la célula y ésta se divide limpiamente por el medio convirtiéndose así el cigoto en dos células que se dividen luego para convertirse en cuatro y así sucesivamente.
Así, cada una de los aproximadamente 10 billones de células que constituyen un bebé al nacimiento, lleva una copia de las instrucciones genéticas heredadas por el cigoto unicelular en el momento de la concepción.

[1] Para mayor comodidad, en todos los artículos del ciclo, en vez de niño y niña, usaré exclusivamente la forma masculina "niño". Igualmente, emplearé "padres" para referirme al padre y la madre.






                      

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