Mi familia

viernes, 1 de julio de 2011

33.- EL ROL DE PADRE


El rol de padre en la familia tradicional 
El padre poco o casi nada tenía que ver con la crianza de sus hijos, a excepción de blindar a toda la familia la ayuda material y ser la encarnación de la autoridad.
Actualmente se va generalizando la idea y la práctica de que el padre no puede permanecer pasivo en los momentos más importantes de la vida de sus hijos.
El rol de padre en el siglo XXI
Ya no cabe argumentar la falta de tiempo debido al trabajo, pues también muchas mujeres trabajan fuera del hogar y se las componen admirablemente para satisfacer las necesidades afectivas y materiales de sus hijos. El padre debe hacer lo mismo; la cuestión no es tanto el número de horas que se pasan junto al hijo, cuanto la actitud que se adopta cuando están juntos.
El padre tiene la posibilidad de contribuir a la creación en el hogar de un ambiente agradable y feliz, no sólo aportando bienes económicos, sino, sobre todo, colaborando a reforzar el clima de afecto, simpatía y amor de toda la familia. Entrar en la casa con la sonrisa en los labios, al volver del trabajo, es un detalle que, parece no tener importancia y, sin embargo, contribuye a crear y aumentar la atmósfera bienhechora de paz y armonía del hogar.
El padre, con su presencia, consejos y, sobre todo, con su ejemplo, contribuye positiva o negativamente a desarrollar en sus hijos la capacidad de sociabilidad, de integración, de madurez emocional e intelectual, así como a la adquisición de hábitos, de valores y de convicciones que serán fundamentales para su vida de adultos.
El nacimiento de un hijo supone un cambio en la vida de los padres, este cambio va a repercutir en las relaciones de la pareja. Los trastornos de la vida cotidiana pueden desembocar en problemas entre la pareja, dependiendo, en gran parte, de la capacidad de aceptación y comprensión que posea el padre.
El padre no puede permanecer indiferente ante una esposa angustiada o preocupada por un problema emocional o físico, una tarea de la casa, una dificultad con la crianza, la salud o la escolaridad de sus hijos. Debe intervenir efectiva y afectivamente.

La autoridad del padre
Antes, el papel primordial de la madre era el amor y el del padre la autoridad en la familia. Las cosas han cambiado, en la familia todo es cosa de ambos, aunque cada cual lo ejerza desde su propia personalidad.
¿Qué entendemos por autoridad? No es lo mismo autoridad que autoritarismo. En ningún caso autoridad es sinónimo de abuso o tiranía; sí debe serlo de flexibilidad, diálogo y justicia.
El padre simboliza la ley a nivel inconsciente y, como representante de la autoridad es a la vez objeto de hostilidad, admiración y amor. La ley moral y la ley social se identifican con la figura del padre y su correcta encarnación tiene gran trascendencia en la adquisición de los principios morales por los hijos.

El padre y la madre comparten la autoridad  familiar
Los hijos necesitan una autoridad para sentirse seguros y protegidos y para saber a qué atenerse, en todo momento. La autoridad de los padres es necesaria en todas las edades de sus hijos, pero, de modo especial, en la adolescencia. Los adolescentes detestan la autoridad, pero son los que más la necesitan para poder fraguar su propia personalidad.
El padre y la madre deben estar siempre unidos y conformes en la manera de ejercer la autoridad en la familia. Nada distorsiona más a un hijo que recibir órdenes diversas de cada uno de sus progenitores.
El padre no debe intervenir directamente en todos y cada uno de los pequeños problemas que cotidianamente surgen entre la madre y el hijo, pero tampoco debe permanecer indiferente, bastará una intervención moderada, firme y precisa. Su presencia será la base de la armonía familiar y el respeto mutuo entre todos.
Lo mismo cabe decir de la madre, sus intervenciones, cuando sean necesarias, estarán acompañadas de una gran dosis de ternura, de comprensión y de saber escuchar. 


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