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18 septiembre 2025

AP2.12.- SEXO CON ALMA Y CUERPO: HOMOSEXUALISMO Y TRANSEXUALIDAD

Un saludo a todos.
Continuamos con esta serie de programas en torno a la educación en el amor humano y a la sexualidad. Estamos en la sesión número 12 que tiene como título «Homosexualismo y transexualidad». Como veis, unos temas de verdadera actualidad.
Y voy a comenzar el desarrollo de este tema por algo que, quizás, os va a sorprender, por una de esas manipulaciones comunicativas de las que muchos medios se han servido para intentar distorsionar también la palabra de la vida de la iglesia.
Me refiero a una conocida frase que marcó el inicio del pontificado, los primeros años del Papa Francisco. La frase fue dicha en el contexto de una rueda de prensa cuando viajaba en avión. Esta es la frase: «Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarle?
Seguro que conocemos todos esta famosa frase del Papa Francisco que generó distintas manipulaciones. Fue una conversación de 80 minutos que tuvo lugar en el viaje de regreso de Brasil a Italia del año 2013; una respuesta a la pregunta sobre la existencia de un supuesto lobby gay, en el seno del Vaticano. El Papa Francisco distinguió lo que es ser una persona con tendencia gay y formar parte de un lobby.
En concreto, lo que dijo el Papa está en el Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 2358: [Estas persona] «no eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida».
El problema no es tanto tener esa orientación, tenemos que ser sus hermanos. El problema es la presión ejercida por grupos de presión de la gente codiciosa, lobbys políticos, masónicos y tantos otros. Esto agrava el problema, dijo el Papa. Bueno, es obvio que existe un lobby gay. El Papa lo dejó claro en aquella rueda deprensa, un lobby gay que impone una ideología de género a modo de pensamiento único, que proclama el orgullo gay.
Han conseguido, incluso, tal grado de presión que los medios de comunicación generalistas, los principales medios de comunicación se conviertan en una especie de policía ideológica del pensamiento único, no permitiendo que nadie piense algo distinto, echándose sobre él, señalándolo y poniéndolo como objetivo si alguien se atreve a discrepar. Lo cierto es que se ejerce tal presión que se intenta impedir la libertad de la Iglesia para predicar el mensaje moral sobre este tema. Igual que San Juan Bautista, que fue mártir de la verdad moral, también hoy en día la Iglesia vive un cierto martirio de la verdad moral porque se intenta cercenar su libertad para hablar con claridad sobre lo que la visión cristiana de la moralidad piensa sobre la homosexualdad y la transexualidad.
Pues bien, vamos a ello. Ya que el Papa citó el Catecismo de la Iglesia Católica, pues vamos a él. El Catecismo de la Iglesia Católica dedica tres puntos sobre esta materia. Los vamos a leer y desmenuzar cuáles son las afirmaciones que se hacen en estos tres puntos:El primero de los puntos es el 2357 y dice así: «La homosexualidad designa la relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual exclusiva o predominante hacia personas de su mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gén 19,1-29; Rom 1, 24-27; 1 Cor 6,10; 1 Tim 1,10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados, son contrarios a la ley natural, cierran el acto sexual al don de la vida, no proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual, no pueden recibir aprobación en ningún caso».
Voy a intentar desgranar las afirmaciones contenidas en este punto.
En primer lugar, no habla de las personas LGTB. La Iglesia no habla en esos términos, sino que habla de personas con tendencias homosexuales más o menos marcadas. Creo que esto es importante. Cometemos un error cuando hablamos de personas LGTB o católicos LGTB, porque eso es hacer referencia al lobby.
Tenemos que hablar con propiedad y decir que hay personas que tienen tendencias homosexuales más o menos marcadas, pero designarlas bajo el estereotipo LGTB es caer en la trampa de que sea un lobby concreto el que nos pretenda presentar a estas personas bajo la antropología alternativa que ellos quieren imponer.
Segundo lugar, algo que es muy importante, se distingue entre dos cosas: atracción o tendencia homosexual y actos homosexuales. Se dice que el origen psíquico de esa tendencia homosexual permanece, en gran medida, inexplicado. Bueno, es un cierto misterio, pero un misterio no es algo de lo que no podemos saber nada, sino que un misterio es algo de lo que no podemos saber todo.
Y algo sí vamos sabiendo, como es el hecho de que nadieo crea, a estas alturas, el origen genético de la homosexualidad. Nadie ha encontrado, ni a estas alturas pretende encontrar, un gen de la homosexualidad; como mucho podría hablarse de algunos factores genéticos que aumentan la proclividad, pero no existe ese condicionamiento que determine la homosexualidad genéticamente. Lo más claro, como el propio punto del catecismo sugiere, son las influencias psíquicas que lo originan.
Freud, cómo no, Freud no ligó el origen de la homosexualidad al complejo de Edipo. Pero lo cierto es la importancia de ser conscientes de que son muchísimos los que identifican el origen de sus tendencias homosexuales con unas determinadas heridas afectivas que han tenido por la ausencia o por una conflictividad con la figura paterna. Estas heridas afectivas generalmente han sido las que han llevado a los chicos a no identificarse con la figura paterna y a reugiarse en el sexo femenino.
Existen muchos estudios y muchas reflexiones de muchas personas que han identificado las heridas psicológicas desde las que después se han generado esas tendencias homosexuales.Muchos de vosotros conoceréis la famosa canción de Giuseppe Povia Luca era gay, una canción que cantó en en el festival de San Remo, en la que cantaba la experiencia, de cómo la sexualidad había tenido un origen psíquico con un problema en la relación paterna y cómo se había transformado esa tendencia homosexual al cambiar también su marco psicológico.                                                                                                      Pero, como dice el catecismo, el origen psicológico no es una cuestión de fe, es una cuestión de psicólogos que entre ellos discuten y discutirán sobre cuál es el origen psicológico de la homosexualidad.
Digamos también claro, que el catecismo dice que los actos homosexuales son gravemente inmorales, que son contrarios al designio con el que Dios ha creado la sexualidad.
Obviamente, Dios creó la sexualidad con unas finalidades que no se pueden cumplir dentro de una relación sexual homosexual. Y los textos bíblicos que califican como inmorales esos actos, son contundentes y no cabe decir que esos textos bíblicos estén fuera de contexto que sean trasnochados.
No, la doctrina de la Iglesia no nace de una frase sacada de contexto, sino que se basa en un sólido fundamento, en un constante testimonio bíblico, en un constante testimonio de la
tradición de la Iglesia mantenida a lo largo de los siglos.

Pasamos al segundo punto del Catecismo de la Iglesia Católica, el 2358,que dice: «Un número apreciable de hombres mujeres
presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición».

Impresionante este punto del catecismo de la Iglesia. Y así entendemos aquellas palabras del Papa de las que hemos partido. Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarle?
Es un punto en el que se remarca la no culpabilidad de muchísimas personas que experimentan en su interior esa tendencia homosexual. Y por tanto, nos habla de nuestra condena hacia lo que hoy en día popularmente se conoce como homofobia. Es verdad que es un término que ha sido muchas veces manipulado, pero nosotros no tenemos complejo de decir que estamos absolutamente en contra de la homofobia, es decir, de cualquier discriminación hacia las personas homosexuales. Cualquier tipo de desprecio, de vejación, de discriminación hacia ellas es injusta y la Iglesia la condena.
Ahora bien, también vamos a decir que la palabra homofobia está siendo muy manipulada.
Se suele calificar de homófobo a cualquiera que no acepte las cláusulas del lobby LGTB. Así de claro. En el fondo se fomenta el odio cuando se califica de fóbico un pensamiento que disiente con la ideología de género. Si usted disiente con la ideología de género, con el pensamiento de los lobis LGTV, entonces usted es fóbico.Ya, mire usted, la lucha contra la homofobia está siendo una excusa para imponer un pensamiento único, el pensamiento único de la ideología de género. Y eso no podemos admitirlo.
Nosotros tenemos que luchar contra la homofobia real, verdadera, que existe también en en palabras, en gestos vejatorios hacia las personas con tendencias homosexuales, pero tenemos que desenmascarar la acusación falsa de homofobia a los que sencillamente pensamos distinto, a los que no pensamos como los lobis LGTB.
Aclarado esto, lo que este punto del catecismo subraya es que estamos llamados a acoger pastoralmente con un cuidado especial a estas personas que tienen más o menos marcadas unas tendencias de atracción homosexual.
Existen recursos de ayuda psicológica y espiritual que, por cierto, en muchos países corren el riesgo de estar prohibidos, aquí creo que tenemos que denunciar la persecución que existe
frente a profesionales que están en disposición de poder ayudar a las personas con tendencia homosexual que quieran, mediante un acompañamiento, para de alguna manera descubrir las heridas psicológicas que intuyen que están en el origen de su homosexualidad.
Existen muchas legislaciones en diversos países que están cercenando la libertad de los profesionales del acompañamiento. Uno tiene derecho a ser acompañado psicológica y espiritualmente; hoy día, existe el riesgo de ser perseguido por amar a quienes se encuentran en esta situación y por querer ayudarles. Pero al mismo tiempo tenemos que denunciar los falsos recursos de misericordia que a veces acontecen también incluso en el seno de la propia iglesia, que identifican el acompañamiento hacia las personas con tendencias homosexuales con la justificación de la vida homosexual.
Tal cosa ocurre, hay que decir que, en absoluto, están viviendo lo que la Iglesia pide, que es realizar un buen acompañamiento a las personas con tendencia homosexual, porque están negando la verdad en nombre de la caridad y no se puede negar la verdad moral en nombre de la caridad.
Así no se ayuda a las personas con tendencias homosexuales. Tan errónea es la actitud homofóbica de quienes niegan la caridad en nombre de la verdad como la actitud de quienes
niegan la verdad e en nombre de la caridad. Ni negar la caridad en nombre de la verdad, ni negar la verdad en nombre de la caridad. La verdad y la caridad están llamadas siempre a ir de la mano.
Y creo que una herejía de nuestros días es contraponer verdad y caridad. Jesús es la verdad, Jesús es la caridad. Jesús dijo a aquella mujer, "Mujer, nadie te ha condenado. Tampoco yo te condeno. Vete y no peques más." Integró la caridad y la verdad.

Vayamos adelante.
Queda un tercer punto, el punto 2359, que dice: «Las personas homosexuales están llamadas a la castidad mediante virtudes del dominio de sí mismo, que eduquen la libertad interior y a veces, mediante el apoyo de una amistad desinteresada de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana».Pues bien, es un texto bien importante, fijaos bien. Es decir, estamos hablando de que las personas homosexuales están llamadas a la felicidad y están llamadas a la santidad y la Iglesia les orienta para ello hacia la castidad. Obviamente su actividad homosexual les impediría una realización de felicidad y de santidad porqu su actividad homosexual es contraria a la sabiduría del creador. Y entonces se les invita a abrazar la cruz porque tienen que llevar adelante una vida casta, sabiendo que tienen ciertas tendencias que, si se dejasen llevar por ellas, serían contrarias al designio de Dios.

Tal planteamiento supone abrazar la cruz de no dejarse llevar por el impulso que uno siente. Pero, en ese abrazar la cruz, uno descubre el fortalecimiento que experimenta cuando la gracia de Dios le asiste en medio de su contrariedad interna.
Cada uno descubre el camino a su felicidad abrazando su cruz, no huyendo de ella. Descubrir nuestras heridas, como decíamos anteriormente; quizás, descubrir las heridas que han podido originar las inclinaciones homosexuales, aceptarlas, acompañarlas, ofrecérselas al Señor.
Todo ello forma parte de ese camino de santidad. Solo Dios sabe cómo uno puede evolucionar en sus heridas cuando se vive en castidad. Pero sin duda alguna, la vivencia en castidad es camino de ordenamiento interior.
Señor, yo me acepto tal y como soy. Si tú quieres puedes sanarme, pero yo me acepto tal y como soy en la aceptación de la cruz y en la búsqueda de la felicidad que tú quieres darme. Sin duda alguna, hay muchos santos que han tenido tendencias homosexuales, que no nos quepa la menor duda.
¿Se puede ser gay y santo?
Bueno, es exactamente lo que el Papa Francisco dijo en aquella famosa entrevista en el avión. «Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarle?»
Pues claro que se puede ser gay y santo. Es más, es un escenario. Cada uno tiene que descubrir el escenario de su vida en el que Dios le llama a la santidad. Vivir la condición de atracción hacia el mismo sexo, pero sabiendo que está llamado a vivir la virtud de la castidad es exactamente igual que alguien heterosexual, exactamente igual que alguien soltero, alguien casado, alguien célibe. La persona homosexual, también está llamada a vivir la virtud de la castidad. Ese es su escenario de santificación.
Pero, demos un paso más, porque el título de nuestra sesión de hoy es «Homosexualismo y Transexualidad». Digamos también algo sobre la transexualidad.
En España, la aprobación de la ley de la transexualidad ha generado un profundo sufrimiento. Se está generando mucha confusión y crisis de identidad en los niños donde anteriormente no la tenían. Se está generando una auténtica epidemia de disforia de género en muchos niños, especialmente muchas niñas, cuando resulta que incluso en el curso de tercero de primaria se les presenta a los niños el dilema de que ellos disciernan si son niños o son niñas.
Esto provoca sufrimiento, una confusión tremenda, porque es una enorme y auténtica violencia hacia la inocencia de los niños en su desarrollo psicológico. Ha habido madres que sehan unido, por ejemplo, recuerdo que un grupo de madres de Madrid de la asociación Amanda, hicieron una manifestación pública para protestar contra el intento de hormonación que se está haciendo por parte de las administraciones contra sus niñas, contra sus hijas. Recuerdo una pancarta que sostenían aquellas madres que no olvidaré nunca. La pancarta decía, «Contra las hormonas, aquí están las leonas.»
Aquellas madres peleaban como unas leonas. Peleaban por sus hijas escandalizadas de que la administración pública pretendiese hormonar a sus hijas, contra la propia voluntad de los padres, es una intromisión increíble en el principio de la patria potestad de los padres hacia sus hijos. Incluso, como estamos viendo en España y en otros países como Estados Unidos, con el riesgo de que la patria potestad pueda ser retirada a los padres si no asumen, si no hacen suya toda una serie de decisiones de transexualismo hacia su hijo o hacia su hija.
Lo cierto es que, lo que se esconde detrás de esa transexualidad, es una gran mentira. Estamos conociendo que los países que fueron pioneros, como Suecia, Finlandia, e incluso Inglaterra, están dando marcha atrás en aquellos pasos que dieron en su momento para poner en marcha programas para el cambio de sexo de los niños menores de edad. Lo cierto es que vamos teniendo datos suficientes para entender que simplemente con tener paciencia, con saber acompañar, con no tomar decisiones equivocadas, una gran mayoría de los niños y niñas que habían mostrado crisis de identidad las superan naturalmente cuando llegan a su mayoría de edad. Pero claro, en el momento en el que se tomaron decisiones como la hormonación, e incluso intervenciones quirúrgicas, obviamente, se dieron pasos sin retorno. Existen ya muchos países, y entre ellos también ya está España, en los que hay denuncias de adolescentes en los que se inició el tratamiento para el cambio, o inversión de cambio de sexo con hormonaciones o quirúrgicamente y que, cuando ha llegado el momento en el que han abierto los ojos y se han dado cuenta de la barbaridad de lo que la administración les ofreció y les puso en camino sin informes médicos, sin una verdadera exploración de la raíz del problema, cuando resulta que la inmensa mayoría de los casos de disforia de género están generados, están unidos también a otro tipo de desequilibrios como el autismo, hay un tanto por ciento grandísimo entre las personas, que han experimentado disforia de género y sin embargo las administraciones pusieron
en marcha, sin un verdadero conocimiento del problema, la traslación de sexualidad en los menores de edad y ya comienzan las denuncias de tantas víctimas frente a las administraciones.

Ojalá estas denuncias sirvan para abrirnos los ojos. Ojalá también sirvan para reivindicar el derecho de los padres a a la patria potestad sobre sus hijos, sobre esta intromisión increíble que Occidente está padeciendo sobre la patria potestad de los padres sobre los hijos. Aquí en España también estamos padeciendo esa intromisión, especialmente en el mundo educativo.
Hay una conocida expresión pronunciada por uno que fue ministro de educación del gobierno socialista en España, que decía: «De ninguna de las maneras cabe decir que los hijos sean de sus padres.» Obviamente, si no se reconoce que los hijos sean de sus padres y, obviamente, los hijos son de Dios, no de sus padres; pero, ciertamente, de quien no son, es del Estado. Esa continua intromisión del Estado es un intervencionismo continuo tanto en el mundo educativo como en el que se refiere a la afectividad. Por eso, ojalá que esta crisis que estamos padeciendo sirva también para que se produzca una reacción. Quizás lo peor de lo que está ocurriendo es la falta de reacción de la sociedad. Lo malo ya no es lo que está aconteciendo, sino lo que acontezca sin reacción por parte de las familias.
En España hay un libro editado con un especial éxito editorial que tiene como título Nadie nace en un cuerpo equivocado. Es un libro publicado por dos catedráticos de psicología, José Rasti y Mariano Pérez Álvarez, uno es creyente y el otro no. No es un libro nacido del ámbito eclesial; pero es un libro que pone el dedo en la llaga, subrayando hasta qué punto se han y se están provocando unas crisis absolutamente artificiales.
Volvemos a los lobbys sobre los cuales hemos reflexionado al inicio de esta sesión.
Esos lobbys están influyendo de una manera ciertamente peligrosa, incisiva, y se sienten justificados supuestamente para responder a una serie de crisis; cuando, en realidad son ellos los que las están generando.
Igual que aconteció con el aborto, cuando se decía que había que aprobar el aborto, porque supuestamente el aborto clandestino era numerosísimo.
Depués de ser aprobado descubrimos que no era cierto que existieran esos números de aborto; eso sí, poco a poco se fue generando y creciendo el número de abortos. Estamos viendo que se están sirviendo de las heridas de algunas personas, incluso de desequilibrios psicológicos como el del autismo, para generar toda una teoría antropológica y para imponerla en la escuela, robando a los padres su derecho a la patria potestad sobre sus hijos.
Como veis, estamos ante un gran reto. Os invito a leer estos tres puntos del catecismo, 2357, 2358 y 2359, en los que la Iglesia con gran libertad evangélica, proclama ante el mundo la verdad antropológica, la verdad del amor humano en esta materia.

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