Mi familia

18 septiembre 2025

AP2.5.- EL SEXO CON ALMA Y CUERPO: NOVIAZGO CRISTIANO

 
Un saludo a todos:
Continuamos la serie de reflexiones sobre la sexualidad y el amor humano. Hoy llegamos a la quinta sesión que tiene como título Noviazgo cristiano.
En primer lugar, quiero decir que la palabra noviazgo, por desgracia, cada vez es menos frecuente. ¿Acaso no es cierto que muchas veces se sustituye el término novio por pareja?
Oímos, aquí te presento a mi pareja. Cuando alguien te dice: este es mi novio, esta es mi novia, parece que ya apunta a algo distinto, porque habíamos sustituído, muy significativamente,
las palabras novio, novia, esposo y esposa por la palabra pareja. Esto apunta maneras, apunta maneras.
Porque nos estamos olvidando de que nuestro ideal cristiano es eso que dice la Sagrada Escritura: «Serán dos una sola carne» que equivale a decir: Tendrán los dos un solo corazón y una sola alma. 
Ahora bien, si decimos que es una pareja nos estamos conformando con la posición de pareja, opuesta a la posición de un solo corazón y una sola alma.
El noviazgo es un tiempo de descubrimiento, de conocimiento, de maduración y de discernimiento; todo eso está presente en el noviazgo y así tenemos que entenderlo, porque hemos sido creados para la comunión en el amor y el noviazgo solo se lleva bien (voy a hacer una afirmación importante que creo va a marcar la explicación que voy a hacer sobre el noviazgo), decía que el noviazgo solo se lleva bien si tiene la expectativa del matrimonio.
Alguien puede decir: yo no pienso casarme, solo tengo una relación de noviazgo. A ver, algo va mal, seguro. Porque, obviamente, el noviazgo tiene sentido en la medida que es un tiempo de discernimiento hacia un futuro matrimonio o también, quizás, hacia un no matrimonio, con la ruptura y la finalización. El noviazgo siempre tiene ese punto de referencia, conducirnos al matrimonio o a romper el noviazgo.
La paradoja es que pertenecemos a una sociedad que cada vez valora más la autonomía, en dialéctica antagónica costante con nuestra vocación a la comunión. Fijaos en el feminismo radical, lo que subraya es la autonomía de cada persona, no la comunión entre los dos miembros del matrimonio, aún a sabiendas de que es la comunión la que verdaderamente los hace felices.
Esa tendencia a la autonomía personal en contraposición a la comunión dual es fruto del pecado original. Lo vemos en el libro del Génesis, en cuanto se introdujo el pecado, comenzó la
discordia entre Adán y Eva. El gran enemigo de nuestra vocación al amor es el narcisismo que, unido a las ideologías de la revolución antropológica, nos impide amar y llegar a la comunión.
Cuando uno está encerrado en su burbuja narcisista y, además, alimenta ideológicamente el «yo quiero ser autónomo», obviamente se hace incapaz para el matrimonio.
Me vais a permitir que comparta cuáles podrían ser las virtudes a desarrollar en el tiempo de noviazgo. Son las virtudes que, desarrolladas en el noviazgo, suscitan la comunión en el
matrimonio.
Primera: La generosidad y la capacidad de sacrificio, capacidad de olvido de uno mismo  para que pueda llegar a haber comunión.
Segunda: La paciencia, porque las cosas no son como yo quiero, no son cuando yo quiero, no son a mi manera sino que requieren que tengamos la capacidad de adaptarnos al ritmo de crecimiento de los demás.
Tercera: La sinceridad, saber con quién estoy es clave y él también tendrá que saber con quién está. Esto exige la sinceridad de manifestarnos, hablar de lo que pensamos, hablar de lo que sentimos, de cuál es nuestra visión de la vida.
Cuarta: La humildad. La humildad es propia de quien sabe y acepta que no es perfecto; sino que está en camino de conversión, de dejarse corregir; repito, dejarse corregir mutuamente para ir creciendo.
En quinto lugar: La educación de nuestro carácter. Porque solemos tener un carácter que sufre altibajos, tristezas y melancolías. Todo eso tiene que ser purificado, no vale decir: yo soy así.
Tengo que ver si mi carácter es modulable, educable; tiene que serlo para que el matrimonio sea posible.
En sexto lugar: La libertad interior. Frente a los apegos, la libertad interior; si alguien está lleno de caprichos y no es capaz de superar sus apegos, no es posible llegar a tener la comunión
en el amor.
Y en séptimo lugar: La vivencia de la castidad en seno del noviazgo. Hablemos de esto de una manera un poco más extensa. Soy consciente de que, al hablar de la castidad, muchos se hacen y nos hacen varias preguntas: Nosotros nos queremos, ¿por qué no podemos manifestarnos nuestro amor, sencillamente, como nos lo pide nuestra pasión? ¿Por qué no se
pueden incluir en el noviazgo las relaciones sexuales? ¿No es mejor convivir durante un tiempo antes de casarse, para estar seguros y prevenir una posible ruptura?
El designio divino es la entrega sexual. No es un camino de conocimiento. No, el designio de Dios sobre la sexualidad es la entrega, la donación. La sexualidad no está para ver si nos conocemos poco a poco, para eso está el diálogo, la conversación y el ejercicio de todas esas virtudes que nos hacen caminar hacia la madurez. La sexualidad es un camino para entregarse, para donarse plenamente.
El lenguaje corporal de la entrega sexual en el matrimonio expresa, con toda claridad, lo que se afirmó en el momento de la boda: me entrego totalmente a ti y para siempre, en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad. Por el contrario, la entrega sexual en el noviazgo esconde una mentira. A ver si me explico; sí, esconde una mentira porque es darme
plenamente a ti corporalmente, cuando resulta que todavía no te he entregado plenamente mi vida; es más, estamos todavía abiertos a la posibilidad de que nuestro noviazgo no concluya en
matrimonio. Hay aquí algo falso, porque te entrego plenamente mi corporalidad cuando mi alma, cuando mi vida todavía no las comparto contigo.Esperar al matrimonio para tener relaciones sexuales nos asegura muchas cosas: Que no estamos jugando uno con el otro, que no nos estamos probando, ni nos estamos usando. Sin duda alguna, eso nos previene de todos esos riesgos, nos enseña a esperar y nos da un signo de madurez en nuestro amor.
Voy a exponer el típico caso de quien se siente presionada por su pareja para tener relaciones sexuales, porque él no entiende de otra manera el noviazgo, y por lo tanto, le dice que está dispuesto a romper la relación si no acepta tener relaciones sexuales.
Cuando alguien se encuentra ante el dilema de renunciar a sus ideales cristianos aceptar las relaciones sexuales durante el noviazgo o, al contrario, afirmarse en sus ideales y negarse a tener relaciones sexuales durante el noviazgo y rompo con mi novio, se encuentra en una situación muy complicada. Yo le recomendaría que se haga esta preguntas: De verdad, ¿quiero entregarme a quien no respeta mis convicciones más íntimas y más profundas? ¿Soy consciente de lo que eso supone a la hora de conformar un hogar cristiano? ¿Soy consciente de todo lo que eso conlleva?
He conocido muchos casos que requerían la toma de una decisión heroica, y uno llega a decirse a a sí mismo: «Yo sé que, si soy fiel a Dios, podré discernir cuál es su voluntad, cuál es su
designio y un día conoceré a la persona con la que Él quiere yo viva mi proyecto matrimonial».
Esta profunda reflexión lleva a tomar la decisión más correcta.
Por otra parte, no olvidemos que las relaciones sexuales funcionan, con mucha frecuencia como una tapadera con la que se tapan los problemas que impiden el verdadero conocimiento de las personas. Un ejemplo: Cuando nuestro ordenador se bloquea y no funcionan los programas correctamente, en vez de tratar de solucionr los problemas uno por uno, apagamos el ordenador.
Así ocurre con nuestras relaciones de noviazgo, en vez de afrontar los problemas y buscar la solución uno por uno mediante un diálogo abierto, sincero y constructivo, usamos la tapadera de la relación sexual con la que tapamos todo lo que no funciona correctamente, como el proceso del mútuo conocimiento, el siempre necesario respeto mútuo, la ineludible complementaridad entre ambos, la sinceridad, las relaciones con los familires, etc., etc.
Creemos que los novios cristianos deben de ayudarse mutuamente a vivir la virtud de la castidad, debe darse entre ellos un diálogo profundo en el que se ayuden para manifestarse qué tipo de expresiones de amor y de cariño son las proporcionadas y prudentes para expresarse el amor, sin que entren imprudentemente las manifestaciones de cariño que, de alguna manera, puedan llevarles a las relaciones sexuales.
Hemos hablado de las virtudes que deben vivirse en el noviazgo y, con su puesta en práctica, podremos entender cómo nos estamos abriendo a descubrir el designio de Dios, porque una de las claves más importantes de nuestra vida, sino la más, es que tengamos a Dios en el centro noviazgo. Comenzamos el noviazgo preguntando a Dios cuál es uuestra vocación, porque
nosotros no somos inventores sino descubridores de la vocació que Dios nos tiene asignada en su designo de salvación. Pedirle que nos ayude a discernir si nuestra vocación es el matrimonio yquién es la persona adecuada y rogarle que dé su protección a esa persona que está llamada a ser tu esposo o esposa, el padre o la madre de tus hijos; aunque todavía no os conozcáis.
Conozco a un esposo que cuando comenzó la relación de noviazgo con la que ahora es su esposa le dijo un día: que sepas que desde hace mucho tiempo, he rezado por ti, aunque no te conocía. Es una expresión capaz de conmover cualquier corazó.
A veces tenemos una vivencia religiosa falsa, como cuando alguien dice: Bueno, yo busco mi vocación siempre pensando que tiene que ser esto y esto; se lo pregunto a Dios y me busco un chico; después lo llevo delante de Dios para que me lo bendiga. Vamos a ver, las cosas no se hacen así, primero hago mi plan y después pretendo que Dios me lo bendiga; mejor sería partir de la búsqueda de la voluntad de Dios y, cuando ya va adelante el noviazgo, orar juntos pidiendo al Espíritu Santo que ilumine nuestro caminar; asistir juntos a la Eucaristía, compartir la experiencia de Dios y vayan creciendo en el discernimiento de su voluntad. Van acercándose, dia tras día, a la fecha importantísima de su boda con la recepción del sacramento del matrimonio cuya importancia no está solo en los dos esposos sino en el vínculo que los une, el Espíritu Santo. Los esposos quedan unidos por el amor infundido por el Espíritu Santo. Ese vínculo de amor hará posible que su proecto de amor matrimonial crezca hasta llega a la plenitud.
En todo el proceso de maduración y crecimiento durante el noviazgo es muy importante, a veces determinante, dejarse acompañar, dejarse ayudar. En el seno de la Iglesia ya hemos comenzado a tomar conciencia de que tienen que existir también retiros, no solo de preparación para los que van a casarse sino retiros para los que inician los noviazgos. Busquemos esos retiros de ayuda para los que inician sus noviazgos. Busquemos también experiencias conjuntas, el hecho de que dos novios asistan juntos, por ejemplo a unos ejercicios espirituales, les ayuda a conformar su proyecto común.
Amarse no solo es mirarse uno a otro a los ojos, sino es ser capaz de mirar los dos en la misma direccion y para ello obviamente será importante ser capaces de tener experiencias
de crecimiento conjuntas para tener así muchas cosas para compartir; de lo contrario, si cada uno vive en su mundo, son dos mundos sin conexión y, tanto si son novios como si ya son esposos, no tendrán un ideal común que les conforme e integre.
Para lograr la integración en un ideal común es importante la ayuda de un director espiritual que les indique cómo entender que ese noviazgo o ese matrimonio son el escenario en el que Dios quiere que crezcan en santidad.
También es importantme pedir a Dios qe seamos sinceros a la hora de buscar su voluntad y que, en el discernimiento, estemos dispuestos a todo. Cuando un noviazgo finaliza porque no se ha visto claro que Dios quería ese matrimonio, creo que la ruptura es un acto de valentía de ambos, porque es cierto que existe el riesgo de seguir adelante con una relación por inercia, porque igual se han creado vínculos con las familias y da apuro romperlos. Hay que ser muy sinceros delante de Dios, de manera que, cuando no haya suficiente luz para que una relación desemboque en el matrimonio, tengamos la valentía de darlo por terminado.A veces las chicas se casan esperando que los chicos cambien, pero no cambian. Y, a veces, los chicos se casan pensando que las chicas van a cambiar pero tampoco cambian.
No tenemos que dar nuestra conformidad definitiva para casarnos desde lo que nos gustaría; esa decisión debe tomarse teniendo en cuenta la realidad, sea la que sea. Siempre el punto de partida para un verdadero discernimiento debe ser la realidad, lo que sucede en ese momento, los hechos comprobados; no se debe partir nunca de «confío en que después de casarnos cambiarán las cosas».
Por ejemplo, cuando hemos sido testigos o víctimas de una conducta violenta, no perder el tiempo y cortar el noviazgo cuanto antes; un novio que levanta la voz o que da una bofetada a su novia, con toda seguridad será un esposo que levante la mano a su esposa. Podría poner otos ejemplos, pero basta con decir que el narrado es totalmente real Es muy duro tomar decisiones que nos hacen sufrir; pero hay ser valientes y cortar el noviazgo, para evitar muchos disgustos en el matrimonio. Por cierto, he insistido en lamimportancia de vivir el noviazgo en castidad porque, admá de lo ya dicho, si el noviago se rompe habiendo tenido en él relaciones sexuales es como si se produjese un mini divorcio dramático; por Por eso creo que la vivencia de la virtud de la castidad ayuda a que exista la verdadera libertad y a que preservemos en ella para discernir el camino el hacia el matrimonio.
Otro punto importante a discernir en la etapa del noviazgo son las relaciones con los  familiares de ambos. Por supuesto, es obvio que nos casamos con un chico o con una chica que tienen una familia; hay familias o modelos familiares que son muy entrometidos en la relación de la pareja y eso tendrá que ser preservado; cada uno tendrá que tomar la decisión de pedir que no se entrometan en su vida del noviazgo, ni en la de su matrimonio.
Por otra parte, es obvia la importancia de saber relacionarnos con la familia, será clave y será determinante; una de las manifestaciones más elevadas del amor de un esposo a su esposa es el amor a su familia.
Todos somos conscientes de que cuando alguien ama a los padres de su novia o de su novio tiene un amor que no nace de la carne ni de la sangre sino del espíritu; pocas pruebas hay de un amor más fuerte y más maduro que la capacidad de servir a unos suegros, de entregarse a ellos, de servirles y ayudarles como si fuesen tus propios padres; esa es una de las pruebas del amor auténtico.
Por eso creo que hay que huir de de dos modelos: del modelo en el que no se toma la decisión necesaria para que no existan intromisiones indebidas y del modelo de que una relación de noviazgo o de matrimonio nos aisle de nuestras familias; tenemos que estar atentos al riesgo que existe en nuestra cultura de ir hacia un modelo familiar nuclear, aislado de la familia extensa, los tíos, los primos los suegros, etc. Es una gran riqueza que se ha ido perdiendo en esta cultura que cada vez nos hace vivir más aislados, más autónoms; pro perdiendo los vínculos y espacios de encuentro con toda la familia; por lo tanto, hemos de pedir a Dios la gracia de que nuestras  
relaciones familiares nos conformen en una gran comunión, que entendamos que la tradición de lafamilia debe de ser preservada, debe de ser algo sagrado para nosotros. Somos lo que somos gracias a lo que nos han legado quienes nos precedieron; estamos llamados a descubrir en el seno de la familia todas las riquezas acumuladas por nuestros antepasados, tanto de la familia de nuestro cónyuge como e la nuestra.
Que la Sagrada Familia de Nazaret nos ayude a prepararnos para nuestro matrimonio.
Acordaos de que José y María también vivieron su tiempo de prometidos antes de desposarse. En el mundo judío se prometían antes de desposarse, lo que nos recuerda nuestro tiempo de noviazgo.
Bendito noviazgo que nos prepara en el discernimiento de Dios para el matrimonio en el que se expresa sacramentalmente el encuentro de Cristo con su iglesia. 

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