Continuamos en esta serie de programas en los que estamos hablando de la educación en el amor y de la sexualidad, y en concreto en esta octava sesión en la que estamos tenemos como título Anticoncepción y Natalidad abrirse a la vida, dónde encontramos la doctrina moral católica sobre este tema.
¿Dónde ha hablado la iglesia sobre esta cuestión? Obviamente, en la Sagrada Escritura, en la Tradición y a nivel de declaraciones magisteriales. Fue el papa Pío xi quien, en casta con nubis habló de este tema pero especialmente fue en el año 1968 cuando el papa Pablo vi publicó la Humanae vitae. Fue un momento clave porque había aparecido la pastilla anticonceptiva en el año 1955 y en el Concilio Vaticano ll había algunos que pensaban que la Iglesia tenía que asumir la pastilla anticonceptiva pero la Iglesia tenía claro que nosotros tenemos que ser ciudadanos de este mundo, sí, pero no hijos de este mundo sino hijos de Dios.
La presión fue máxima, el papa Pablo VI fue muy presionado para que aceptase la anticoncepción. Por una parte la revolución sexual estaba muy presente; el amor libre, el sentimiento que impedía la maternidad de la mujer, porque le tenía atada y muy presionada; la pastilla anticonceptiva parecía que liberaba a la mujer de ese rol .
Por otra parte también había la presión del neomalthusianismo, era la época del Baby Bun y entonces se pensaba que el mundo estaba creciendo de una manera que no era sostenible y había mucha presión para fuese admitida la anticoncepción. Por otra parte, había también como un imperativo científico tecnológico en el que se venía a decir que todos los adelantos como el de la pastilla anticonceptiva tenían que ser bien acogidos que la Iglesia no podía estar en contra de los adelantos científicos.
Pero el papa Pablo VI fue fiel, en cierto sentido se puso el mundo por montera, como se suele decir. Fue un martir de la verdad. En mi opinión, este caso concreto es un martirio de la verdad, Pablo VI estuvo 15 años de papa, en los primeros 5 años publicó siete encíclicas y, después de publicar la Humanae vitae, estuvo 6 años años sin publicar ninguna encíclica, porque
¡la que le cayó encima!
Las críticas fueron durísimas. Él guardó silencio y quedó en oración.
Obviamente, sabía que había hecho lo que tenía que hacer. El suyo fue un martirio de la verdad. Y luego, ya posteriormente, lo que la Iglesia piensa sobre la anticoncepción (que ahora lo vamos a explicar) ha sido recogido en un amplio magisterio posterior hasta el punto de que podemos decir que es una materia irreformable el Catecismo de la Iglesia Católica, encíclicas como la Familiaris consortio y la Amoris Laeticia. Luego veremos cómo lo recoge con contundencia la Humanae vitae.
El teólogo jesuíta Henri Marie de Lubac decía que el papa no tiene poder para cambiar la fe y la tradición de la Iglesia y ante la hipótesis de que uno dijese que podría venir un papa y cambiar lo que la Iglesia piensa sobre la anticoncepción, hay que responderle que no, que tal cambio no es posible porque pertenece a la tradición y a la propia Sagrada Escritura.
Pablo VI anunció en la encíclica proféticamente algunas cosas que se han cumplido al pie de la letra. Vamos a ser claros, por ejemplo, dijo que si se aceptaba la pastilla anticonceptiva vendría una gran crisis de natalidad, pero decir eso en la época del Baby Boom, no parecía creíble. Pero ha acontecido literalmente, occidente está sumido en una gran crisis de natalidad.
Anunció también que se produciría una gran crisis matrimonial. No ha resultado cierto lo que decían algunos de que el uso de la píldora ayudaría a los esposos a amarse más, pero lo cierto es que se ha debilitado el amor, el sexo se ha separado de la procreación y llevaría al sexo a separarlo del matrimonio.
Nunca el sexo fue tan fácil y nunca el amor fue tan difícil. Quizás esta gran crisis ha tenido su origen en la introducción de la anticoncepción, en la expresión del amor sin responsabilidades.
Es más, ya el papa Pablo VI profetizó no solo la crisis de natalidad y la crisis del matrimonio, sino que profetizó también la pérdida de respeto hacia la mujer; lo dijo en el año 1968. Esto va a provocar pérdida de respeto hacia la mujer y ciertamente así ha sido, fijaos cómo la violencia machista, por mucho que la persigamos, está creciendo. Bueno, pues ese fue el contexto en el que la Iglesia habló de la anticoncepción.
Existen razones morales profundas para decir no a esa anticoncepción. Voy a intentar describirlas con argumentos lo más prácticos y apologéticos que sea posible. La afirmación de la encíclica Humanae vitae no se pueden separar, por voluntad del hombre, la dimensión unitiva de la procreativa; es decir, la sexualidad está para unirse entre los esposos y para estar abiertos a la transmisión de la vida. Esas dos dimensiones yo no puedo separarlas si Dios quiere que estén unidas. Esta es una afirmación clave.
Voy a dar un paso más: en la llegada de un hombre a la vida hay un acto creador de Dios; no solo los padres han engendrado un cuerpo, también Dios ha creado un alma. Lo voy a decir de otra manera: nosotros, a diferencia de los animales, no nos reproducimos, el ser humano se procrea, que es distinto.
Los cristianos no utilizamos la palabra reproducción para el ser humano; son los animales los que se poducen.
Así, en una granja llega el veterinario a fecundar a las vacas y no hay ningún problema moral en ello; pero, en el ser humano estamos hablando de que hay una procreación cuando un óvulo y un espermatozoide se unen, que por cierto es impresionante ver cómo ahora se sabe científicamente que en el momento de la concepción se produce una luminosidad, un destello de luz en ese momento hay una infusión del alma, Dios infunde el alma; por lo tanto es una procreación, el hombre está cooperando con Dios en la creación de un ser humano, hay una colaboración entre el hombre y Dios en la concepción de cada ser humano; hay la intervención creadora de Dios que crea el alma al mismo tiempo que los padres engendran un cuerpo.
En el origen de nuestra vida, hay una intervención del amor de Dios; al mismo tiempo que los padres se expresan su amor, Dios infunde el alma. El momento digno que Dios ha querido para que la vida sea transmitida es el de la expresión del amor conyugal, porque la vida nace del abrazo conyugal del hombre y de la mujer en el que también interviene la acción creadora de Dios creando el alma, por eso le llamamos la procreación.
Pues bien, sí, esto es así. Vamos a decir ahora claramente que la anticoncepción es poner una barrera por parte del hombre a la posible voluntad de Dios de hacer fecundo el abrazo sexual infundiendo un alma. Es como si se dijese: por si acaso Dios quiere infundir un alma y crear un ser humano vamos a poner una barrera a esa posibilidad. Por lo tanto, es una acción de rebelión del hombre frente al fin de la sexualidad.
Vamos a añadir una cosa más: No nos estamos cerrando únicamente a esa dimensión procreativa sino que la expresión sexual se ve afectada al introducirse la anticoncepción; es decir,
con la anticoncepción no solo nos estamos cerrando a la transmisión de la vida sino que no nos estamos comunicando el amor; porque en el fondo la expresión de la entrega sexual pierde la capacidad de totalidad. Por cierto, supongo que muchos habréis leído el famoso libro Roma dulce hogar en el que se cuenta la conversión de Scott Hahn y de su esposa. Me llamó profundamente la atención cuando lo leí que ellos, siendo de confesión protestantes, su primer punto de acercamiento a la Iglesia católica fue la encíclica Humanae vitae, porque se dieron cuenta de que era cierto que la introducción de la anticoncepción la aceptación de la anticoncepción hacía que la expresión de la entrega del amor no fuese plena en el matrimonio. Muy interesante leer ese testimonio de conversión.
Hay otros argumentos interesantes para apoyar el porqué del no a la anticoncepción.
Uno es el ecológico, el respeto a la propia naturaleza. No se entiende la manipulación de la fertilidad por quienes defienden la ecología. No qué sentido tiene recurrir a la medicina al margen de la finalidad de una finalidad terapéutica. Tú recurres a la medicina para que tenga una intervención terapéutica de sanar una enfermedad; pero te imaginas que alguien recurra a la medicina para decir: ¿me da usted una pastilla para quedarme sordo esta noche? Pero hombre, qué pasa, ¿que la audición es una enfermedad para medicarse frente a ella? o que alguien dijese: ¿me opera usted para quedarme cojo? Pero ¿cómo te vas a operar para quedarte cojo? La operación será para sanar.
Eso es lo que hacemos cuando recurrimos a la medicina para esterilizarnos y que el hombre pierda una facultad natural.¿Puede haber algo más antiecológico que recurrir a la medicina no para sanar sino más bien para dejarnos discapacitados, sin una capacidad natural.
Fijémonos en que tiene sentido que el hombre sea ecológico, que estemos subrayando la importancia de respetar los ritmos ecológicos y que, al mismo tiempo, recurramos a esterilizarlos, no tiene sentido, es una contradicción absoluta.
La auténtica ecología tiene que ser integral, tiene que comenzar por ser una ecología humana, si la ecología no es humana ¿qué sentido tiene una ecología de las plantas del reino vegetal o del reino animal? Si la ecología no llega también a la especie humana es pura ideología. Una ecología que no llega a la especie humana sino que se queda en el reino vegetal y mineral es pura ideología, como lo estamos viendo en nuestros días.
Por otra parte, digamos también que hay determinados medios que se llaman anticonceptivos pero que en realidad no solo son anticonceptivos sino que son o pueden ser también abortivos.
Como por ejemplo, el dispositivo intrauterino llamado DIU que, en el fondo, lo que impide es que el óvulo ya fecundado se pueda implantar en el útero, teniendo, por lo tanto, un aborto temprano.
Muchas personas utilizan algunos dispositivos o recurren a determinados medios anticonceptivos; pero en realidad no son conscientes de que están recurriendo a medios que son abortivos, como también ocurre con algún tipo de pastillas anticonceptivas que no solo son anovulatorias sino que también son antiplantas, con lo cual pueden hacer que no solo no se generen óvulos sino que también que los que se hayan generado y fecundado no se puedan implantar.
Alguien dijo que Dios perdona siempre, que los hombres perdonamos a veces y que la naturaleza no perdona nunca. ¿A qué me refiero con esto? Me refiero a que cuando hemos forzado la naturaleza, y la hemos forzado cuando tenía su periodo de fertilidad la hemos medicado para que fuese infértil; pero luego decimos de repente o más tarde, ahora sí quisiera ser madre, ahora que tengo 35 ó 40 años, ahora quiero ser madre. Entonces es cuando la naturaleza dice pues ahora no quiero yo.
Es curioso que hoy en día cuando se hacen estudios sobre el crecimiento de la esterilidad, una de las causas principales que explican el crecimiento tan grande es precisamente hemos recurrido a anular la fecundidad, lo hemos forzado y luego la propia naturaleza se ha resentido y cuando llega el momento, no tiene la disponibilidad de fertilidad. Estas son las razones de por qué la Iglesia Católica habla de una manera contundente sobre su no a la anticoncepción.
Sin embargo, fijémonos, la Iglesia sí habla de una paternidad responsable,sí habla de una regulación de la paternidad y de la maternidad, de una regulación natural.
¿Por qué dice eso? Porque la Iglesia respeta la propia naturaleza. Observa que Dios al hombre no le ha hecho siempre fecundo el hombre y la mujer tiene unos periodos de fecundidad que, dentro de su calendario son pocos comparando con los días en los que no es fecunda.
A diferencia de lo que ocurre con los animales en los que en el tiempo de celo, existe la atracción sexual que coincide con el momento de la fecundidad y de la fertilidad. Sin embargo, solamente en esos días, la atracción sexual y el momento de la fertilidad no son inseparables.
En el ser humano existe también la atracción sexual y el deseo de expresión del amor en los periodos infecundos, la propia naturaleza humana tiene inscrita la posibilidad de la expresión del amor en los días fértiles y en los días infértiles.
La Iglesia en su discernimiento entiende que es moral el recurso a la expresión del amor sexual en los días no fértiles, siempre y cuando sea no por el motivo egoísta de no querer tener hijos sino por algún motivo en el que alguien entiende que por razones económicas o de salud conviene posponer el siguiente hijo. Las razones suficientes para que la regulación de la natalidad sea moralmente correcta, hay que tener en cuenta dos premisas que estén bien solucionadas.
La primera es que el fin que se persiga no sea egoísta, porque si uno quiere regular la natalidad, lo que quiere es no tener hijos para no tener que sacrificarse y vivir más cómodamente, tanto si recurre a un método natural o a un método artificial, el fin es malo. También, además del fin, el medio elegido debe de ser moral; y, como hemos dicho anteriormente, el método de la anticoncepción viola ese principio del respeto a la naturaleza y del respeto del designio de Dios de poder infundir el alma, mientras que un método natural no viola ninguna norma de la naturaleza porque en la propia naturaleza Dios ha dejado inscrita la posibilidad de que la expresión del amor sea también en días no fecundos.
Y es curioso el hecho de que se han ido desarrollando distintos métodos de conocimiento de la propia fertilidad. Hubo un matrimonio australiano que se llamaba el matrimonio Billings, que tenían la curiosidad de ver cómo las tribus aborígenes australianas tenían una natalidad muy regulada comparando con las tribus de otros lugares, como las del Amazonas donde tenían una natalidad en la que muchos de los niños que nacían eran incapaces de poderlos sostener y morían; sin embargo las tribus aborígenes australianas tenían la capacidad de una natalidad regulada y, adentrándose en su culturan, este matrimonio de médicos, matrimonio Billis descubrió que las tribus aborígenes australianas, desde toda la sabiduría ancestral que tiene de miles de años, tenían el conocimiento de cuándo la mujer era fecunda y no fecunda y regulaban lanatalidad desde esos ciclos. Ese método sintotérmico ha sido perfeccionado por el llamado Método Billings. Hoy existen diversos métodos para conocer los ciclos de fecundidad.
Lo importante es que entendamos la razones últimas de dónde está la moralidad, tanto en lo que se refiere a los fines que perseguimos como a los medios que utilizamos para conseguir
esos fines. Quiero concluir subrayando algo importante, porque creo que somos conscientes de que, a veces, se han hecho lecturas distorsionadas del magisterio del Papa Francisco, insinuando que el magisterio del Papa Francisco va en una dirección opuesta a la encíclica Humanae vitae o a la Familiaris consortio. Sin embargo, os quiero leer un párrafo del número 2 de la Amoris Laetitia en el que vais a constatar con qué contundencia sobre la Humanae vitae se manifiesta el Papa Francisco en esta encíclica sobre la familia.
Dice: «El acompañamiento debe alentar a los esposos a ser generosos en la comunicaciónde la vida de acuerdo con el carácter personal y humanamente completo del amor conyugal, el camino adecuado para la planificación familiar presupone un diálogo consensual entre los esposos el respeto de los tiempos y la consideración de la dignidad de cada uno de los miembros de la pareja. En este sentido es preciso redescubrir el mensaje de la Humanae vitae y de la exhortación apostólica Familiaris consortio; la primera del Papa Pablo VI y la segunda de Juan Pablo II, para contrarrestar una mentalidad a menudo hostil a la vida; la elección responsable de la paternidad presupone la formación de la conciencia que es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre en el que éste se siente a solas con Dios cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquella, en la medida en que los esposos traten de escuchar más en su conciencia a Dios y a sus mandamientos y se hagan acompañar espiritualmente, tanto más su decisión será íntimamente libre de un arbitrio subjetivo y del acomodamiento a los modos de comportarse del ambiente actual.
Sigue en pie lo dicho con claridad por el Concilio Vaticano II: cumplirán su tarea de común acuerdoy con esfuerzo común se formarán un juicio recto atendiendo no solo al propio bien, sino
al bien de los hijos ya nacidos, discerniendo las condiciones de los tiempos y del estado de vida tanto materiales como espirituales y finalmente teniendo en cuenta el bien de la comunidad familiar de la sociedad temporal y de la propia familia.
En último término, son los mismos esposos los que deben formarse este juicio ante Dios; por otra parte, se ha de promover el uso de los métodos basados en los ritmos naturales de fecundidad, también se debe hacer ver que esos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica, insistiendo siempre en que los hijos son un maravilloso don de Dios, una alegría para los padres y para la Iglesia; a través de ellos el Señor renueva el mundo».
He querido leer este párrafo, un poco largo, pero lo he querido leer para que no queden dudas en nosotros de la continuidad de esa doctrina de la Humanae vitae. También del magisterio del Papa Francisco, por ejemplo, estando él en Manila, en el año 2015, dijo: pienso en el papa Pablo VI en el momento en el que estaba sobre la mesa el problema del crecimiento de la población tuvo la valentía de defender la apertura a la vida en cada familia, alertó a las ovejas contra los lobos que se aproximaban.
En una entrevista, en el año 2014, con el periódico El corriere de la sera, dice el Papa Francisco: el propio Pablo VI, hacia el final, recomendaba a los confesores mucha misericordia y atención a las situaciones concretas, pero su genialidad fue profética, pues tuvo el coraje de ir contra la mayoría y defender la disciplina moral, aplicar el freno cultural de oponerse al neomalthusianismo presente y futuro; así pues, como veis, creo que el magisterio de la Iglesia es, en este campo, especialmente valiente para entender que nosotros que nosotros, que el ser humano, en lo que a la natalidad se refiere, no nos podemos constituir en árbitros de la vida, solo Dios es el árbitro de la vida, nosotros nos tenemos que convertir en intérpretes humildes del plan de Dios, discerniendo y diciendo: Señor, ¿qué quieres de nosotros? ¿De qué manera nos has pedido que seamos transmisores del don de la vida? En mi situación, con mis limitaciones, con mis características, de qué manera yo también puedo colaborar contigo en el milagro de la vida, porque hay pocos milagros mayores que el milagro de la vida y poder colaborar con Dios, no en que de nuestra descendencia pueda venir el bien al mundo, cuando nos cerramos a la vida posiblemente estamos impidiendo que el bien de Dios venga al futuro de la humanidad.
Imagínate que Dios tenga el designio de que un hijo tuyo o una hija tuya sea alguien clave para ayudarnos en esta crisis tan fuerte que está aconteciendo en este mundo y que nosotros por cerrarnos a la vida estemos impidiendo ese don de Dios al mundo; por eso creo que es tan clavela apertura al don de la vida, al discernimiento de la búsqueda de la voluntad de Dios, repito nosotros no somos árbitros de la vida sino que somos humildes intérpretes de la voluntad de Dios que nos ha pedido que colaboremos con Él en ese gran designio del milagro de la vida, del cual nosotros somos los primeros beneficiados.
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