Lo cierto es que hemos pasado del relativismo a la dictadura del relativismo en esta gran crisis antropológica. ¿Y cuál es el gran dogma de esta nueva antropología que se quiere imponer?
El gran dogma es la ideología de género. Me atrevo a definir la ideología de género como el conjunto de ideas anticientíficas que, con propósitos políticos, desarraiga la sexualidad humana de toda connotación natural y biológica para circunscribirla solamente al ámbito de la cultura, como si la sexualidad fuese una mera construcción cultural. Para ello utiliza a personas heridas afectivamente, muchas de ellas heridas desde su infancia o su adolescencia, sirviéndose de su dolor para confundirlas y llevarlas al conflicto. Se manipula y se utiliza esas personas como militantes para generar un pensamiento único en forma de antropología alternativa que pasa a ser el paradigma intocable de este nuevo orden mundial. Pues bien, vamos a describir esta crisis antropológica y voy a decir que está bien descrita y con mucho detalle en el número 56 de la encíclica Amoris Laeticia del Papa Francisco, donde leemos lo siguiente: «Otro desafío surge de diversas formas de una ideología genéricamente llamada gender (lo que nosotros llamamos ideología de género), que niega la diferencia y la reciprocidad natural del hombre y la mujer. Esta ideología presenta una sociedad sin diferencias de sexo y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva aproyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre el hombre y la mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista que también cambia con el tiempo. Es inquietante que algunas ideologías de este tipo que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños. Por otra parte, la revolución biotecnológica en el campo de la procreación humana ha introducido la posibilidad de manipular el acto generativo convirtiéndolo en independiente de la relación sexual entre el hombre y la mujer. De este modo, la vida humana, así como la paternidad y la maternidad, se han convertido en realidades componibles y descomponibles, sujetas principalmente a los deseos de los individuos o de las parejas». Como veis, el Santo Padre habla aquí de todo este mundo ligado a la fecundación in vitro, a las intervenciones biotecnológicas, de las cuales también hemos hablado en estos programas. Y concluye diciendo, «una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al creador. Somos criaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad y esto significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada».
Como veis, el Santo Padre hace una descripción de esta gran crisis antropológica. Ciertamente, es muy clara la crítica que realiza. ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí en esta crisis? Porque hemos llegado bastante lejos. Si hace unos años nos hubiesen dicho que íbamos a llegar a esto, posiblemente no nos lo hubiésemos creído. Si nos hubiesen dicho que a nuestros hijos en el colegio les iban a decir que ellos tienen que decidir si son niños o niñas, nos hubiese parecido una broma, pero resulta que estamos en esas.
¿Cómo cómo hemos llegado hasta aquí? Es cierto que ha habido una estrategia política en los últimos años, sobre todo desde la conferencia de población de la ONU en el Cairo, pues los discursos de género se han multiplicado exponencialmente. La misma palabra «género» tenía sentido en el ámbito gramatical, género masculino, género femenino. La palabra género, hasta la déceda de 1960-70, significaba eso, un sentido gramatical, pero fijaos cómo ese término ha sido introducido y se le ha dado otra connotación absolutamente distinta. En muy poco tiempo hemos pasado del relativismo a la dictadura del relativismo y en muy poco tiempo se han promulgado unas leyes que nos han dejado boquiabiertos: la ley trans, la declaración de aborto como derecho humano, la negación en la práctica de la patria potestad de los padres en la educación de los hijos, la imposición de una nueva antropología en la escuela, la ley de memoria histórica que hasta nos impone una lectura de lo acontecido en el pasado y un ataque frontal a la separación de poderes.Es muy importante que, cuando vemos todo lo acontecido, hagamos un diagnóstico bien hecho. Porque todo esto no ha podido ocurrir sin unas causas previas. Es imposible. Es importante ver que esto venía de antes, venía de lejos. La crisis de la modernidad, que posiblemente la vivimos sin tener suficiente capacidad crítica frente a ella, es la que ha traído estos lodos. Como se dice en ese refrán español, de aquellas lluvias vienen estos lodos y fueron pocas las personas que tuvieron la capacidad, hace mucho tiempo, de ver esa crisis de la modernidad. Por ejemplo, es el caso de Chesterton. Un auténtico profeta, un auténtico visionario que hace un siglo ya tenía una lectura crítica de la modernidad y en aquel tiempo, casi la llevaba adelante él solo en solitario. Y sin embargo, ahora vemos hasta qué punto tienen actualidad las palabras y las críticas que él realizó; parece que estaban pensadas para este momento, porque él tuvo la capacidad de verlo venir desde lejos. En el fondo del problema, ¿qué es lo que hay en el fondo del problema? ¿De dónde viene esta gran crisis? Pues no nos queda la menor duda, que viene del cambio del teocentrismo al antropocentrismo, de haber olvidado que Dios es el centro de la cosmovisión de la vida y de haber pretendido poner al hombre en el centro.
Cuando se ha realizado ese giro copernicano, que este sí que ha sido un giro copernicano, de pretender que la vida en vez de girar en torno a Dios como fundamento último, gire en torno al hombre como fundamento último de la vida; que por cierto ha sido un gran fracaso, porque al final no es cierto que hoy en día vivamos en un antropocentrismo. ¡No! Vivimos en un tecnocentrismo, en un ecocentrismo. El hombre no es cierto que sea el centro de esta cosmovisión. Por lo tanto, es importante, os decía, el diagnóstico que hagamos de esta gran crisis. Y creo que el diagnóstico de esta gran crisis está en la desvinculación.
La desvinculación. Se ha producido una profunda desvinculación. La Conferencia Episcopal Española, en el año 2022, publicó un documento sobre cómo hay que interpretar y entender esta gran crisis. El título del libro es El Dios fiel mantiene su alianza. Y ¿cuál es el diagnóstico que, en ese documento, hace la Conferencia Episcopal Española?Según el documento, el problema es que nos hemos desvinculado. Nos hemos desvinculado de Dios. Ese es el problema primero. Cuando el hombre se desvincula de Dios, comienza una concatenación de desvinculaciones: nos desvinculamos de Dios, nos desvinculamos de la sociedad. Estamos cada uno aislados en nuestra pequeña burbuja, cada uno mirandose en la pantalla de sí mismo. Es impresionante ver cómo nos aislamos, cada uno mirando su pantalla. Nos desvinculamos de la familia y del matrimonio. No sabemos amar. Se rompen los matrimonios; el 60% de los matrimonios se están rompiendo en España. Nos desvinculamos del trabajo; hemos cambiado la vocación laboral por un puesto de trabajo, por un empleo, que en el fondo, casi es cómo sustentarte en la vida sin tener una verdadera vocación laboral. Nos desvinculamos de la historia; parece que uno se avergüenza de la historia. Nos desvinculamos dela propia conciencia de uno mismo, ya no sabe ni lo que piensa, está atrapado, atrapado en sus adicciones, se desvincula al final de la propia antropología natural. Yo ya no sé ni quién soy. O sea, es una concatenación de desvinculaciones. El hombre se desvincula de Dios y se va poco a poco aislando, desvinculando de todo.Y entonces, ¿qué hacemos? Entonces, ¿por dónde vamos? ¿Qué apuestas tenemos que hacer en esta vida ante esta desvinculación?. Bueno, pues en ese documento al que me estoy refiriendo, el Dios fiel mantiene su alianza, lo tiene muy claro. La propuesta de ese documento es contra la desvinculación, alianza. No hay otra respuesta; frente a la desvinculación; alianza.
Y para explicar esto, partimos de que todo está conectado y la desvinculación lo que quiere hacer es desconectarlo todo. Pues bien, para poderlo vincular hay que entender que antes todo está conectado.Es decir, en este cambio de época que vivimos, en el fondo, los cambios económicos, sociales, políticos y culturales, están todos conectados y entonces no se puede abordar los temas por separado, y con criterios distintos. Abordar los temas por separado con criterios distintos, nosdespista y nos dificulta responder adecuadamente. Precisamente si hay algo característico de la doctrina social de la Iglesia es dar una respuesta global, una cosmovisión global de esta gran crisis. Nuestra reflexión tiene que ser católica e integradora de todos los aspectos, porque todo tiene su sentido en Dios; pero si desvinculas a Dios, todo se desmembra, todo se deshace, nada tiene sentido. Fijémonos que cuando uno lee el Catecismo de la Iglesia Católica y puede explicarlo en las ondas de la radio con detenimiento, ve que hay como una gran cosmovisión, como una gran sinfonía en la que todo se integra y todo adquiere su sentido. Todos los aspectos sociales adquieren su sentido, el de la educación, el del trabajo, el arte, la salud: la de los ancianos, la de los niños, la de los obreros, todo está integrado en una gran cosmovisión desde la doctrina socialcatólica.
Lo que la política nos está a veces haciendo percibir es una gran mentira. Como si, las llamadas derechas se centran y se preocupan de una serie de temas; quizás, el tema de la familia, el tema de la libertad económica, y las llamadas izquierdas se preocupan de otra serie de temas, como los derechos laborales o los derechos sociales. Entonces parece como si cada uno se preocupase de un aspecto y abandonase a su suerte los otros como si no fuesen de su competencia. Todo ello es un signo de esa gran desvinculación, de esa falta de cosmovisión que lo integre todo. Lo cierto es que se necesita una doctrina social católica que dé una cosmovisión integrada. Frente a la desvinculación, alianza. Ante la desvinculación, mostrar la verdad bondadosa y bella de la alianza, descubrir los vínculos que hay entre todo. La alianza de Dios con la humanidad, la alianza matrimonial, la alianza de amistades y de relaciones sociales, la alianza entre los pueblos, las alianzas políticas.
Estamos llamados a tener esa conciencia de establecer alianzas entre nosotros.¿Cuál es nuestra propuesta? Nuestra propuesta es recuperar el sentido de la vida, redescubrir los vínculos en los que fuimos creados, volver al amor primero y descubrir que yo existo porque he sido amado por Dios, con perdón de Descartes que decía: Pienso, luego existo. Y claro, ya empezamos mal. Si empezamos diciendo pienso luego existo, estoy yo en el centro de la existencia.
Creo que el punto de partida para entendernos a nosotros mismos es: Soy amado, luego existo. Existo porque he sido amado incondicionalmente por Dios. Existo porque Dios me creó, porque soy fruto de su amor. Entonces, mi autoestima está basada en que Dios me ha querido. El pensamiento de pienso, luego existo, al final ha llevado a una gran crisis. Ese entenderme yo desde mí mismo es algo irresoluble. El hombre es un jeroglífico intentando entenderse desde sí mismo .
Si volvemos al amor primero y decimos soy amado, luego existo, anunciamos que hay unamor, hay un Dios amor, que es trino y uno. Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. El amante, el amado y el amor. El amante es el Padre, el amado es el Hijo, el amor es el Espíritu Santo. Y nosotros somos hijos a imagen y semejanza de ese Dios trinitario. Y dado que nuestra crisis, nuestra crisis social y cultural nos ha reducido a individuos, nosotros decimos: perdón, nosotros no somos individuos, somos personas, que es muy distinto. Nosotros no somos ciudadanos, somos personas humanas, formando una gran familia. Somos personas humanas creadas a imagen y semejanza de Dios, porque Dios nos ha amado y de su amor hemos nacido y estamos vinculados con ese proyecto con el que Dios creó el mundo.
Hay un proyecto, un designio de Dios. Nosotros no somos inventores de ese proyecto, somos descubridores y nos admiramos de él. Es la concepción trinitaria de la que nosotros hemos nacido. Esa fe trinitaria funda la familia. Qué terrible cuando vemos que en algunos papeles de la administración que tienen que ser rellenados, se tiene que rellenar progenitor A, progenitor B, borrando las palabras de padre y madre.
¡Qué terrible es eso! ¡Qué desvinculación, qué visión del hombre-individuo desvinculado absolutamente a merced de que un papá-Estado haga de él lo que quiera!
Cuando uno está desvinculado de todo, es tan vulnerable que necesita una ideología a la que agarrarse. Y entonces viene el papá-Estado y le propone una ideología única, de pensamiento único, a la cual se agarra como a un salvavidas para sobrevivir. Se nos desvincula para manipularnos y luego cuando estamos débiles y frágiles se nos ofrece una ideología como un salvavidas desde la que continuar avanzando en la vida.
Sí, como fruto de ser imagen y semejanza de Dios, somos personas que vivimos en familia y la sociedad misma es también una familia, la familia de los hijos de Dios. Todavía más: Buscamos el bien común. Dios tiene un proyecto de bien común, no de un interés general. Fijaos bien y os daréis cuenta de que, en los discursos políticos, se utilizan estas dos palabras interés general, sustituyendo al bien común. Pero hay una diferencia importante entre bien común e interés general, porque el interés general hace referencia a que una mayoría, realo tramposa, impone a la minoría el pensamiento único de su cosmovisión. Ese es el interés general. Mientras que el bien común hace referencia a todos, sin excepción, porque Dios, que es padre de todos, no excluye a nadie y lo que es bueno para uno es bueno para todos. El bien es común o no es bien para nadie.
No puede haber un bien que sea para unos y no para otros. Entonces, no es bien, es un engaño. Un interés general de unos individuos frente a otros es no tener conciencia de que tenemos un padre común, un destino común, una vocación a compartir. Y en medio de esta crisis tenemos que apostar por una antropología adecuada, una antropología que nos haga descubrir que tenemos cuerpo y alma.
Repito, cuerpo y alma. Que somos hombres o mujeres; que somos personas, no individuos integrados en la familia de la sociedad; que, en esta gran crisis de paternidad tenemos que rescatarnos a nosotros mismos y rescatar la figura paterna. La carencia de la figura paterna está originando en esta sociedad una gran herida, muchos desequilibrios por la falta de sentido de la autoridad y de sentido de esta verdad: Dios es pade de todos.
Va generando incluso crisis de salud mental. Sí, este humus de la desvinculación de esta cultura genera muchos desequilibrios. ¿Sabéis que España es el país del mundo con mayor consumo de ansiolíticos? No hay ningún país en el mundo en el que se consuman tantos ansiolíticos como España. ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede llegar a suceder eso? ¿Cómo es posible que haya tanta crisis en los adolescentes, tantos intentos de suicidio, tantas autolesiones en una sociedad que, supuestamente, es la sociedad del bienestar? Nunca habíamos alcanzado, supuestamente, tasas tan altas de bienestar. Entonces, ¿cómo se explica ese récord mundial en el uso de esos fármacos psiquiátricos? ¿Cómo se explica esos índices de autolesiones de los adolescentes? ¿Cómo se explica eso? No entienden lo que les pasa.
Sin duda alguna se explica por la crisis del sentido de la vida; por esa desvinculación, porque el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y la vida no se entiende fuera de esa vocación para la que todo ser humano ha sido creado. El hombre no ha encontrado el sentido de la vida y se ha desvinculado. Un hombre sin sentido de la vida está a merced de todo tipo de manipulciones.
Solamente será capaz de revertir esta crisis sin precedentes, un concepto de persona y de sociedad que apueste por la familia como la comunidad en la que se custodia, se revela, se comunica el amor y la vida. La única esperanza de la humanidad es redescubrir la familia. Nuestro diagnóstico de esta crisis es que la desvinculación de Dios ha introducido un relativismo de tal calibre que ha generado esta crisis antropológica tan tremenda que está sufriendo tanta gente. Nuestra única y poderosa alternativa es predicar al Dios de la alianza. Frente a la desvinculación, alianza. Jesucristo es el vínculo. Jesucristo es la alianza. A través de su encarnación Dios ha llegado a nosotros y a través de él, a través de su humanidad, nosotros podemos vincularnos de nuevo con el Dios trinitario .
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