Continuamos con nuestros programas desarrollando el tema de la educación en el amor humano y también la educación en la vida. Estamos en la sesión 10, cuyo título es suficientemente elocuente El descarte del aborto.
Esta expresión está tomada del papa Francisco en Evangeli gaudium donde él utiliza la expresión descarte para hablar del aborto y de muchas situaciones en las que se aplica la ley de la selva.
¿Qué es la ley de la selva? Es la ley del más fuerte. Entre esas situaciones en las que se aplica ley del descarte están los sin techo, los tóxicos dependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos que viven solos, los niños utilizados para la mendicidad o para la guerra, las mujeres maltratadas o explotadas sexualmente y los descartados.
Los abortados están incluidos dentro de la categoría de los descartados. Dice el papa Francisco en la Evangelii gaudium, entre los débiles que la Iglesia quiere cuidar con predilección están también los niños por nacer que son los más indefensos e inocentes de todos, a quieneshoy se les quiere negar su dignidad humana, quitar la vida y promover legislaciones para que nadie pueda impedirlo.
Frecuentemente para ridiculizar alegremente la defensa de la vida, últimamente, se procura presentarla como una postura ideológica-oscurantista y conservadora. Sin embargo, dice el papa en Evangelii gaudium, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano .
Fijaos que dice que últimamente incluso se ha querido presentar como algo ideológico, hablar del aborto bajo el paradigma del conservadurismo o de las actitudes reaccionarias como si la postura contraria al aborto fuese una postura reaccionaria o conservadora, en el sentido negativo del término; obviamente no, pero hay que decir que la asimilación estereotipada de que la izquierda defiende el aborto y la derecha defiende la postura prohibida, necesita ser revisada para que la humanidad avance en su sensibilidad ética.
¿Acaso el paradigma que la izquierda dice defender al más pobre, al más débil, no es contradictoria con que esté a favor del aborto? Si la izquierda quiere ser defensora de los pobres y los débiles, ¿cómo puede estar a favor del aborto, siendo así que es el ser humano más pobre y débil? Por otra parte, de la derecha hay que decir que, con mucha frecuencia se ha opuesto al aborto, pero una vez que ha sido legalizado ya no ha sido capaz de de derogarlo.
Es así, porque la izquierda, por desgracia, en muchos lugares del mundo va marcando el paradigma cultural y la derecha, aunque se resiste a ello, va detrás en la misma dirección, aunque sea con el freno de mano puesto, pero en la misma dirección .
Es absurdo pensar que el aborto sea una cuestión de derechas o de izquierdas. Lo cierto es que el valor de la dignidad de la vida es tan importante que todas las sensibilidades políticastenían que estar llamadas a reconocer y tutelar la vida del no nacido; no puede ser que la causa de la dignidad de la vida humana se le encomiende a una determinada sensibilidad política.
Por otra parte, vamos a intentar desmontar los falsos estereotipos. Es una gran falacia afirmar que el aborto esté unido a la causa de la liberación de la mujer; la mujer, por su instinto de maternidad, siempre ha estado tradicionalmente más en contra del aborto que el hombre; y sabemos que muchas veces detrás de un aborto hay un hombre que está presionando a la mujer para que aborte.
Únicamente en los últimos años, por presión del feminismo radical, se ha desarrollado una reivindicación del aborto nacida en ámbitos femeninos, como si la liberación de la mujer pasase por la liberación del rol de la maternidad; pero la realidad ha demostrado otra cosa muy distinta. Y es que el aborto está siendo la tumba de la mujer; sí, en este momento el aborto es utilizado para hacer una selección en la que la mujer es sacrificada; en este momento hay en el mundo 77 millones más de hombres que de mujeres porque el aborto está, en muchos lugares, sacrificando a las niñas y permitiendo vivir únicamente a los varones.
Curiosamente, el aborto que el feminismo radical presentaba como aliado de la liberación de la mujer se convierte en la tumba de la mujer cuando se recurre al aborto para sacrificar la vida humana femenina concebida, y hacer que únicamente la vida masculina salga adelante. El tan conocido lema «nosotras parimos, nosotras decidimos» no solo ha ignorado la identidad singular del nasciturus sino que también ha sido autodestructivo hacia la propia mujer; dicho de otra manera, la segunda víctima del aborto es la mujer, no solo porque el 50% de los abortados son del género femenino sino que son más del 50% porque se utiliza el aborto para seleccionar el sexo a destruir. Además, también la mujer es víctima, en un segundo sentido, de las graves secuelas psicológicas que padece la mujer que ha abortado.
La Iglesia es testigo de ello y no solo por la asistencia que hace en el sacramento de la confesión perdonando los pecados, sino también por los acompañamientos personales a tantas mujeres que no terminan de perdonarse a sí mismas. Es llamativo que en ese síndrome post aborto la mujer es abandonada y es entonces cuando la Iglesia y tantas otras asociaciones pro vita tutelan a la mujer que abortó.
Otro gran engaño que tenemos que desenmascarar es la presentación del aborto como un derecho de la mujer a decidir. Los parámetros en los que se mueve ese engaño son:
1º A nadie se le obliga a abortar.
2º No se puede obligar a una mujer a ser madre.
3º Que ella decida libremente.
En el fondo, razonar así muestra la incapacidad para percatarse del drama objetivo que supone el aborto porque, el que o la que dice que el aborto no es una acción obligatoria, está olvidando lo más importante: al que se obliga a morir, al que se mata con el aborto es al embrión o al feto que todavía no ha nacido, y carece de la capacidad de decidir.
Es un absurdo, otro gran absurdo, decir que no se puede obligar a una mujer a ser madre porque, madre ya lo es desde el momento de la concepción; decir que a nadie se le puede obligara ser madre es olvidar que la maternidad comienza en la concepción; la mujer embarazada ya es madre y lo que le queda por decidir es si es madre de un niño al que deja vivir o si deja de ser madre por condenarlo a muerte, mediante el aborto. En el aborto, el inocente sacrificado es el niño.
En todo lo dicho, vemos que esos lemas y paradigmas supuestamente liberales no se sostienen ante un mínimo discernimiento crítico.
Queda una cuestión clave: ¿El aborto puede ser considerado como un derecho? ¿Existe el derecho a abortar? ¿Existe el derecho acabar con la vida de un inocente?
La recta razón confirma, sin lugar a equívocos, que existe el derecho a vivir, no el derecho a matar. Parece mentira que haya que recalcar estas cosas.
Es más, las afirmaciones que estoy haciendo son un suelo ético común para toda la sociedad; es decir, el principio moral de la inviolabilidad de la vida humana no es exclusivo de los creyentes, de los que creemos que Dios es el autor de la vida, sino que incluso los que no son creyentes, los que no reconocen a Dios como autor de la vida tienen que reconocer que ellos no han elegido la vida, que la vida les ha sido dada, que la vida es anterior a nuestra decisión y que, por lo tanto, nosotros no podemos poner la decisión antes que la vida.
La paradoja es que los que reivindican el aborto nacieron, si no hubiesen nacido no podrían reivindicar nada; o sea, que hay cosas que son previas a nuestra decisión, a nuestra capacidad de elegir, que la vida nos ha sido dada. Los que creemos en Dios sabemos que Él es el autor de la vida. Los que no creen lo tendrán que explicar como fuere; pero tienen que reconocer que la vida está antes de su decisión, es anterior a ella.
Por lo tanto, entendemos que es un suelo ético común para todos y decimos que el derecho inalienable de todo ser humano inocente a la vida encierra un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación; lo que no obsta para que podamos decir que la fe nos ayuda a entender y nos revela con más claridad lo que es la dignidad de la vida humana.
Sí, ciertamente nuestra fe nos ilumina con más claridad, nos ofrece la sabiduría de la humildad para entender que somos criaturas y nos aleja de la pretensión de ser como dioses; hemos sido creados y reconocemos que hay un creador, que solo Dios es el autor de la vida y por lo tanto solo Él es el dueño absoluto de ella; como dice el catecismo de la Iglesia Católica, la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción.
Digamos, además, que hay un motivo religioso: que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y reconocemos una dignidad muy distinta entre el ser humano y un animal.
Creo que este mundo, en este momento, tiene una gran crisis antropológica que impide que descubra la superior dignidad del hombre con respecto al resto de la creación.
Curiosamente se habla de los derechos de los animales y nos olvidamos hablar del derecho a la vida del ser humano. En más de un país está penado legalmente que alguien atente contra un huevo de águila; pero, se proclama como un derecho el poder abortar. ¿Cómo es posible que se proteja más la dignidad de un animal en gestación que la de un ser humano? ¿Cómo es posible?Hay una gran crisis antropológica; como digo, la fe nos revela con más claridad la dignidad de la vida humana, hay un suelo ético común que hace que la dignidad de la vida humana sea afirmada; de hecho, hay muchos ateos que reconocen el derecho inalienable a la vida de todo ser humano concebido, incluso no siendo creyentes.
Un elemento añadido, muy hermoso y muy bello para los que somos creyentes. Fijémonos que, cuando decimos el Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros podemos decir: el Verbo de Dios se hizo embrión y habitó en el seno de María.
Hubo un momento en el que el Dios encarnado pasó por esa etapa humana de ser un embrión y un feto y pasó por todas las etapas del desarrollo humano, se hizo hombre con todas las consecuencias, fue un embrión que fue acogido en el seno de María. ¡Ojalá toda vida humana sea acogida como lo fue Jesús por María y José! El embrión que anidaba en el seno de María era una persona divina; esos embriones concebidos en el seno de sus madres están destinados a ser personas humanas.
Los cristianos somos «provida», no solamente somos antiabortistas; es un matiz importante: somos provida porque incluímos la vida en todas sus dimensiones. Todos los cristianos estamos llamados a ser «provida» pero ¡ojo! no se puede ser «provida» y no ser antiabortista, eso es obvio, porque ser antiabortista es una consecuencia lógia de ser cristiano.
Ser cristiano supone una apuesta integral y coherente por la dignidad de la vida humana, supone ayudar a las madres embarazadas, supone hacer una denuncia profética de las estructuras de pecado que dificultan la acogida de la vida, como son los temas de la pobreza, de la vivienda de la conciliación laboral, etc.
Ser cristiano supone, por lo tanto, abordar en toda su intensidad y amplitud el gran problema de la mentalidad antinatalista de la cultura de la muerte. Detrás de cada embarazo hay una llamada urgente a salir del individualismo reinante, que hace imposible la acogida y el encuentro con el otro, estamos llamados a tener una visión integral.
El papa Francisco se caracteriza por haber sido muy fuerte en algunas expresiones; por ejemplo, cuando dijo: no se puede solucionar un problema contratando a un sicario. Recuerda con ella que un médico, si ejerce su profesión para acabar con la vida, traiciona su vocación médica y se convierte en un sicario, en alguien que acaba con la vida.
No hay mayor contradicción que ser un médico matador. Utilizar la ciencia médica para matar es traicionar el juramento de Hipócrates, el juramento que tradicionalmente hacen los médicos para prometer solemnemente que toda la ciencia que han adquirido la van a utilizar siempre y solamente al servicio de la vida y no en contra de ella.
Un paso más, dignificar la adopción; no nos olvidemos de la generosidad que encierra entregar un hijo en adopción. Generalmente solemos hablar de la adopción como la generosidad de los padres adoptantes; pero, la generosidad también la puede tener alguien que entrega un hijo en adopción. De eso se habla poco; pero merece que sea subrayado porque puede haber personas que estén en un dilema muy fuerte en su vida, como tener un embarazo cuando estánen una situación dramática; no podemos nosotros ni imaginar lo que es llevar un embarazo adelante con una dificultad muy grave y muy grande; sin duda alguna, en esos casos, puede ser un acto de generosidad muy grande el que estas personas digan: Yo no estoy en la situación mínima adecuada para que este niño pueda tener la acogida que necesita; pero, como nunca se me ocurriría recurrir a un aborto para matarlo, buscaré para él unos padres adecuados que le puedan acoger. Eso es priorizar el bien del niño por encima de la situación en la que se encuentre la madre.
Esto nos recuerda a más de uno un pasaje bíblico del Antiguo Testamento que hace referencia a la sabiduría del Rey Salomón: Le presentaron a dos mujeres que disputaban entre ellas por cuál de las dos era la madre del niño que llevaba una de ella en brazos. Se trataba de dos prostitutas que cada una tenía un niño y durmiendo con el niño al lado una, al girarse por la noche, sofocó a su niño. Por la mañana, al ver que un niño había fallecido, las dos porfiaban diciendo que el niño vivo era el suyo, aunque las dos sabían, con certeza, cuál de las dos era la verdadera madre. Se presentaron ante Salomón para que él dirimiera en justicia. Entonces dijo Salomón: Con una espada, partid al niño por la mitad y dad a cada una una mitad. A una de las madres le pareció justa la decisión de Salomán; pero, la otra dio un grito de terror y dijo: Por favor, no le partas por medio, dáselo entero a ella. Entonces, el rey Salomón, en su sabiduría dijo: dádselo a la verdadera madre, que es la que prefiere la salvación de la vida de su hijo.
Es un pasaje conmovedor del Antiguo Testamento que da un toque de atención ante el acto heroico de la madre que entrega en adopción a su hijo, cuando ella se encuentra en una situación extrema.
Lo peor que puede hacer una madre que se encuentre en las circunstancias reflejadas anteriormente, es decir: si no puede ser para mí, que no sea para nadie y proceder al aborto.
¡Qué horror!
Creo que el instinto de maternidad de la mujer debería llevarle a priorizar y elegir el bien del niño por encima de su propia satisfacción.
No quiero concluir sin hablar de algo importante: ¿Qué dice la Iglesia de las mujeres que han abortado? Porque, a veces, se presenta a la Iglesia como enemiga de las mujeres que han abortado y la experiencia nos dice algo bien distinto: Que la causa del feminismo «Pro abortista» se pone al lado de la mujer hasta que aborta y cuando ya ha abortado la abandona como una colilla que ya no es necesaria.
Como aconteció en aquel caso emblemático del cual se sirvieron los legisladores de determinados grupos de abogados para conseguir que aquella pobre mujer abortase y una vez que lo hizo, mejor dicho, aquella en concreto no llegó a abortar, pero una vez que la utilizaron para abrir la puerta de la legalización del aborto se olvidaron totalmente de ella.
Sin embargo la experiencia nos dice que no hay mayores defensoras de la causa de la vida que las mujeres que han abortado y pueden dar su testimonio del drama del post aborto, de cómo fueron violentadas y cómo estuvo muy lejos de ser una decisión libre la que tomaron paraabortar, sino que presionadas por una estructura de pecado, nuestra sociedad lleva a la mujer a que sea más sencillo abortar y acabar con una vida que llevar adelante un embarazo y educar a un hijo. Es terrible que, en una sociedad sea mucho más sencillo que haya mucho más apoyo legal y económico para abortar que para poder dar la vida, y esas mujeres son testigo de esa realidad.
San Juan Pablo II, en la encíclica Evangelium vitae, por cierto una encíclica emblemática, yo creo que es el documento magisterial más potente que se ha escrito sobre el tema del aborto, en el número 99 dedica a estas mujeres que han abortado el siguiente párrafo:
«Quisiera tener una reflexión para vosotras, mujeres que habéis recurrido al aborto, la Iglesia sabe cuántos condicionamientos pueden haber influido en vuestra decisión y no duda de que, en muchos casos, se ha tratado de una decisión dolorosa, incluso dramática, probablemente la herida aún no ha cicatrizado en vuestro interior.
Es verdad que lo sucedido fue y sigue siendo profundamente injusto; sin embargo, no osdejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la esperanza; antes bien, comprended lo ocurrido en su verdad, si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al arrepentimiento, el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la reconciliación, podéis confiar con esperanza a vuestro hijo, a este mismo padre y a su misericordia. Ayudadas por el consejo y la cercanía de personas amigas y competentes, podréis estar con vuestro doloroso testimonio entre los defensores más elocuentes del derecho de todos a la vida, por medio de vuestro compromiso por la vida, coronado eventualmente con el nacimiento de nuevas criaturas y expresado con la acogida y la atención hacia quien está más necesitado de cercanía, seréis artífices de un nuevo modo de mirar la vida del hombre».
¡Impresionante! Este párrafo nos da esperanza. Ver que la iglesia, que el papa hace un llamamiento a las mujeres que han abortado y les invita a ponerse en primera línea de evangelización porque lo cierto es que Dios es el autor de la vida y Dios cuando perdona nos recrea.
Existen en el seno de Ia glesia Católica y también en el seno de algunas confesiones protestantes buenas iniciativas como son las del Proyecto Raquel, en las que se acompaña a las mujeres que a pesar de saberse perdonadas por Dios viven una profunda depresión por no perdonarse a sí mismas, porque, a veces, incluso después de haber recibido el perdón de Dios en el sacramento del perdón, sigue dándose, en el interior de la mujer que abortó, una batalla para aceptar, para tener esperanza y para perdonarse a sí misma.
Creo que el tema del aborto es un tema emblemático que nos posiciona ante la verdad de la vida. Incluso cuando Europa legisla poniendo a países como Hungría o Polonia ante la alternativa de decirles si no abrís vuestra legislación al aborto podremos tomar medidas de represalia, como si no hubiese lugar en Europa para los Estados que no se abran al aborto.Estamos llegando a una escenificación en la que hay una batalla de las que narra el libro del Apocalipsis, una batalla entre la mujer y el dragón rojo: una mujer embarazada que da luz un hijo y un dragón que persigue la vida, porque odia la vida, porque el maligno odia la vida.
En el fondo, aquí estamos siendo testigos de la batalla entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte y creo que para poder ser participes de esta batalla tenemos que estar enamorados de la vida, y ser instrumentos de la misericordia de Dios para todos aquellos que no han llegado a descubrir el milagro de la vida, no lo aprecian o tienen circunstancias difíciles para poder hacerlo.
¡Ojalá estemos enamorados del don de la vida para poder ser testigos de su valor y de su dignidad en este mundo!
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