VALORES CÍVICOS
La agrupación de los valores en personales, familiares, cívicos y religiosos, es un tanto artificial, pues todos ellos, en la medida en que contribuyen al desarrollo integral de la persona lo hacen al de la sociedad.
La peculiaridad de los valores cívicos es que tienen como finalidad el desarrollo integral de la comunidad a la que pertenece.
Fundamento de los valores cívicos
El fundamento es:
1º La conciencia de la dignidad de toda persona.
2º La pertenencia a una comunidad local y global.
3º El compromiso activo para conseguir una sociedad más justa.
Entre los muchos valores cívicos, hago mi reflexión sobre estos seis: Convivencia e igualdad, en este artículo y en los dos siguientes: libertad y respeto; solidaridad y tolerancia.
LA LIBERTAD
El diccionario de la RAE define la libertad, en su primera acepción: “Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”.
La libertad, considerada como facultad de DECIDIR es un valor definitorio de la persona, que le permite alcanzar su máxima grandeza o su mayor degradación. Es el don más valioso, el que le hace verdaderamente humano, pues toda persona es libre en lo más profundo de su ser.
La facultad de decidir está emparejada con la RESPONSABILIDAD, es decir, la persona que toma una decisión se hace responsable de la decisión y de sus consecuencias. El ser humano es un ser en desarrollo que se construye y conforma a sí mismo en cada una de sus decisiones. Todas las decisiones dejan su huella en el interior del ser humano, más o menos profundas según la importancia de la decisión.
Conquista de la verdadera libertad interior: Es ley de vida que el ser humano quiera liberarse de lo que bloquee su desarrollo normal e impida dar sentido a su vida.
Descubrir en qué consiste la verdadera libertad es un proceso de la formación humana, un descubrir que, incluso en las circunstancias externas más adversas, el ser humano dispone en su interior de un espacio de libertad que nadie puede arrebatarle.
Libertad exterior: Primer nivel: “Poder moverse ”. El bebé, en su cuna, tiende a moverse y se frustra si no puede hacerlo. El niño perfecciona sus potencias y la pone en acción; se frustra si no puede hacerlo. El adolescente exige cada día una cuota mayor de libertad de movimientos. El adulto desea desplegar su libertad en espacios ilimitados de tiempo y lugar para llevar a cabo sus proyectos, ilusiones y sueños. De ahí proviene la angustia de los encarcelados, los cuales carecen de libertad para ejercitar sus potencias naturales. La cárcel se convierte en un encierro asfixiante. La primera forma de libertad es 16la capacidad de ejercitar, sin trabas, las potencias naturales: caminar, ver, oír, hablar, pensar, etc.
Segundo nivel: “Que el objetivo sea posible ”. El ejercicio de las potencias naturales está sujeto a “la libertad de lo posible”. Un objetivo es posible:
1º Cuando se tienen los conocimientos científicos y técnicos necesarios.
2º Cuando se dispone de medios económicos suficientes.
3º Cuando se puede elegir una de las diversas formas de llegar a dicho objetivo.
4º Cuando el uso de la libertad no limita las libertades de los demás.
En caso contrario, el objetivo es imposible.
Tercer nivel: “El logro de la libertad interior”. El filósofo Diógenes dijo al emperador Alejandro Magno: “Sois el siervo de mis siervos”. ¿Qué quería decir? Alejandro había conquistado gran parte del mundo, pero no había conquistado su mundo interior, porque era siervo del miedo, la lujuria, el poder, la soberbia y la ira, cosas de las que Diógenes se había liberado.
Una persona que, como Alejandro Magno, pueda disponer de total libertad de movimiento (nivel 1º) y de todos los medios (lo cual es harto difícil) para que su objetivo sea posible (nivel 2º), podría pensar que ya es totalmente libre, pero, ¿lo es, de verdad?
En el interior de cada persona pueden cohabitar los más altos valores y las miserias más profundas.
No serás totalmente libre: Hasta que te liberes de tu mochila negativa repleta de dudas, represiones, manipulaciones, ansiedades, nerviosismos, tensiones y miedos.
Recomiendo meditar lentamsente lo dicho en Autocontrol.
Serás totalmente libre cuando te centres en tu escala de valores positivos, veas qué valor ocupa el primer lugar porque es el que te entusiasma y da fuerza para realizarlo en tu vida. Recuerda lo dicho en el capítulo 1º, Nº 1 sobre la jerarquización, la escala y la carencia de valores. Tu escala de valores debe ser motor y guía de tu vida, la que le dé pleno sentido y te lleve a la madurez como persona.
Para recordar: “Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta yace nuestro crecimiento y nuestra libertad”.
LA IGUALDAD
Fundamento de la igualdad: La igualdad se fundamenta en el reconocimiento de la igual dignidad de todos los seres humanos, por el hecho de ser humanos, lo que confiere una serie de derechos fundamentales in iolables. La dignidad de la persona es un valor superior a cualquier ley e inalterable por razón de las circunstancias.
La igualdad entre mujeres y hombres: La creencia generalizada por todos los pueblos era que “la mujer es por naturaleza inferior al hombre”. Hasta mediados del siglo XIX no se produce la revolución en cuanto a las ideas sobre la mujer y su papel en la sociedad. Comparada con los largos siglos y hasta milenios de sumisión de la mujer al varón, puede decirse que la historia de la búsqueda de la igualdad entre ambos apenas ha comenzado.
John Stuart Mill, en su obra “La esclavitud de las mujeres”(1869) abordó el tema de la desigualdad entre mujeres y hombres como “uno de los principales obstáculos para el progreso de la Humanidad”, obstáculo que debe ser superado mediante “una perfecta igualdad, sin privilegio ni poder para un sexo ni incapacidad alguna para el otro”.
En lo que se refiere a nuestro país, se puede decir que en los últimos cuarenta años, las mujeres españolas han protagonizado el mayor avance de toda su historia.
El principio de igualdad: El principio de igualdad es la garantía general de un trato igual y no discriminatorio de las personas por parte de los poderes públicos. Esta garantía se despliega en dos niveles: igualdad a la hora de establecer una disposición fijando los derechos y obligaciones, y a la hora de aplicar esa disposición.
El principio de igualdad supone el reconocimiento a cada persona de su derecho individual a la igualdad de trato y a la no discriminación. Los poderes públicos deben ser garantes del principio de igualdad y atender a la mejora de las condiciones de vida de todos, en especial de las personas y grupos más desfavorecidos social, económica o culturalmente.
La discriminación: Es una situación en la que una persona o grupo es tratada de forma desfavorable a causa de prejuicios raciales, religiosos, ideológicos, políticos, sexuales, laborales, o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
La discriminación positiva: Dadas las desventajas tradicionales de la mujer frente al hombre, el principio de igualdad exige “una discriminación positiva en favor de la mujer”.
La igualdad no implica uniformidad total. Todos somos diferentes por constitución biológica y porque ésta ha tomado perfiles diferentes en los procesos de crecimiento, culturales y sociales.
La igualdad implica “un trato igual entre iguales” y por tanto, “un trato desigual entre desiguales”. Esto quiere decir que, mientras que las mujeres por sus desventajas tradicionales sean desiguales a los hombres, deberán tener una discriminación positiva, hasta lograr la igualdad entre ambos como personas.
Igualdad e identidad de sexos: Se trata de una igualdad respetuosa con la diversidad e integradora de lo específico de mujeres y hombres, que corrija la tendencia a la imposición generalizada del modelo masculino. La igualdad tiene como raíz y fundamento la dignidad como persona, del hombre y de la mujer.
Esa dignidad exige la igualdad de trato en cuanto a derechos y obligaciones, e incluso un trato más favorable cuando las condiciones personales sean un obstáculo para la igualdad real de oportunidades. No obstante, esa igualdad no permite ignorar la diferencia entre sexos, no sólo de carácter físico sino también psicológico.
Las diferencias entre hombre y mujer no derivan solo del contexto cultural en el que se han desarrollado sino que tienen un fundamento genético. Reconocer este planteamiento ayuda a remover las barreras que impiden la plena integración de la mujer en la sociedad, sin renunciar a ser ella misma. La integración no puede interpretarse como asimilación de ambos sexos.
Igualdad de derecho: Son muy numerosas las directivas y manifestaciones existentes de diversos organismos europeos y nacionales para promover la igualdad de derecho entre las mujeres y los hombres.
He aquí algunos de los temas más significativos:
En el ámbito laboral: Igualdad de oportunidades de acceso al empleo, igualdadretributiva para puestos de trabajo de igual valor, igualdad de acceso a la formación y formación profesional, igualdad en las condiciones de trabajo, lucha contra el acoso sexual, participación equilibrada de mujeres y hombres en la toma de decisiones, etc.
En la vida familiar: Combatir la violencia ejercida sobre mujeres, niños y adolescentes. Esta violencia ha llegado a cotas tan altas que, no sólo a las mujeres sino también a los hombres se nos hace insoportable. Mujeres y hombres hemos de unirnos y gritar muy fuerte:
¡Basta ya! ¡No queremos más asesinatos!
Las conductas de los hombres maltratadores de mujeres, que son los futuros asesinos, merecen toda nuestra repulsa y desprecio porque tratan a las mujeres comos una posesión. Deberían entender que ninguna persona es posesión de nadie. Lo contrario es salir de la civilización y volver a la selva.
Conciliación de la vida laboral y familiar. La mujer ha conquistado su derecho al trabajo fuera del hogar y en muchos casos (por desgracia, no en todos) lo ejerce. Es intolerable que muchas mujeres, si quieren seguir trabajando, tengan que renunciar o aplazar la maternidad. Los legisladores deberían favorecer una perfecta conciliación de la vida laboral y familiar de las mujeres; sería, además, la mejor manera de aumentar el índice de natalidad, que es muy bajo en nuestro país.
Reparto equitativo de las tareas del hogar. Cuando las mujeres permanecían en el domicilio, era lógico que ellas hiciesen las tareas del hogar. La situación, por suerte, ha cambiado y ahora tanto la mujer como el hombre puede trabajar fuera. Si es así (lo digo porque la tasa de paro es muy grande), si los dos tienen trabajo, justo es que los dos se repartan las tareas del hogar.
Igualdad de hecho:Por desgracia, se cumple lo del refrán que dice: No es igual predicar que dar trigo. No es igual legislar que aplicar las leyes. Queda mucho, tanto para legislar todo lo que necesitan las mujeres como para llevarlo a la práctica. ¡Hay que seguir remando!
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