Mi familia

viernes, 17 de mayo de 2013

110.- CÓMO ENSEÑAR A DECIR LA VERDAD


La sinceridad es un rasgo de la personalidad que todos deseamos tener. En la educación de los hijos, es fundamental que los padres siembren la semilla de la sinceridad desde las primeras etapas y favorezcan su crecimiento a lo largo de todo el ciclo educativo.

CONCEPTOS FUNDAMENTALES
¿Qué es la mentira?
Mentir es decir lo contrario de lo que se piensa con intención de engañar. Es, por tanto, afirmar como cierto algo que sabemos que es falso.
La mentira es siempre algo incorrecto en cuanto que implica intención formal de inducir a error. Según el daño que pueda causar a otros, la mentira puede ser grave.
¿Qué es la restricción mental?
La restricción mental se produce cuando se da a las palabras un sentido distinto del natural y obvio.
En caso de  que no sea posible entender el verdadero sentido de las palabras, la restricción mental se equipara a la mentira. Cuando pueda entenderse el verdadero sentido de las palabras, aunque de hecho se entienda el aparente, estamos ante la verdadera restricción metal que es lícita y puede ser un medio necesario para guardar secretos, ante interrogantes que no tienen derecho explícito a conocer la verdad.
¿Qué es la contestación evasiva?
Es la manifestación de la verdad, pero sólo parcialmente – hablo de las medias verdades – o en un aspecto diferente al que interesa al interlocutor.
La evasiva es un subterfugio lícito siempre que el interlocutor no tenga ningún derecho a la verdad.
SUGERENCIAS EDUCATIVAS
Los padres deben ser modelos de veracidad
La sinceridad, como casi todo en la educación, se siembra con la conducta de los padres, que son el modelo principal de imitación  para los hijos. Los niños son muy buenos detectives ante un farsante, un mentiroso  o una conducta impropia.
Los hijos detectan si sus padres se dicen la verdad entre sí o se la ocultan con vagas excusas. Detectan las mentiras en la vida cotidiana del hogar y, desde pequeños, aprenden a decirlas, considerándolas algo normal.
En muchos hogares los padres dicen pequeñas o grandes mentiras, sin darles ninguna  o escasa importancia. Unos ejemplos:
Suena el teléfono y lo coge el niño. -Mamá es tu amiga. -Dile que no estoy. Otro: El papá dice a la mamá: -llama a mi trabajo y di que estoy en cama con fiebre. Aprovecharé esta mañana para visitar a unos amigos.
Podría poner muchos más…
No puedes pedir a tu hijo que sea sincero si tú no lo eres. No le puedes enseñar a decir siempre la verdad si tú dices mentiras. Tu ejemplo influye en él mucho más que tus palabras.
Tengan ideas claras y explíquenlas a su hijo
Los padres deben crear en la familia un clima de honestidad, de sinceridad y de verdad. Es el único en el que puede desarrollarse una verdadera familia.Todo lo contrario que la mentira, el secretismo y la ocultación de la verdad.
No hay verdadera familia donde no reina la verdad. Toda mentira implica una pérdida de confianza. Es muy fácil perder confianza y muy difícil recuperarla una vez perdida.
El hogar es la escuela, por antonomasia, de las virtudes, creencias y valores. La sinceridad es un valor fundamental de toda persona. Es el trato amoroso de los padres entre sí y con los hijos el terreno abonado para la siembra de todo tipo de valores. Los valores, tanto humanos como espirituales, nacen, crecen y fructifican en el hogar cuando sus miembros están felices y contentos de ser como son, orgullosos de pertenecer a esa familia, seguros y protegidos unos con otros.
Esto hay que explicárselo a los hijos y decirles que se espera siempre de ellos que digan la verdad y que éste es un valor que debe presidir su vida.
Toda mentira es como una bola de nieve rodando por la montaña y haciéndose cada vez mayor. Para ocultar una mentira hay que seguir mintiendo, una y otra vez, hasta que el disparate es tan grande que explota.
Decir la verdad debe ser un distintivo de una familia sana, en esta sociedad tan proclive a la mentira, a las medias verdades, a la ocultación de la verdad y a la difamación; incluso los líderes mundiales ocultan la verdad a millones de personas que viven en sus países. 
¿Maletero o motor?
Las virtudes, creencias y valores no son un peso muerto, como la mochila que lleva el niño a la espalda camino del colegio; al contrario, son como las alas del pájaro que le lanzan a volar.
Si lo prefieres, las virtudes, creencias y valores no son paquetes en el maletero del coche, sino el motor fuerte que le pone en marcha y le hace recorrer el camino. El maletero es un espacio para llevar bultos, el motor es el corazón del coche.
¡Por algo decimos que esos sentimientos tan íntimos y personales, los llevamos en el corazón! ¡Son nuestro motor!
Premien la sinceridad de su hijo
Si, ante una situación comprometida para él, su hijo responde con la verdad, alabe su decisión y  prémiele con un gesto cariñoso; dígale lo orgulloso que se siente de él. Si el niño optó por lo contrario, hágale comprender, con tristeza, que está decepcionado, pero no le abochorne.
En ambos casos, el niño aprenderá la lección. Dígale que el que dice la verdad se gana el respeto de los demás y que esto es muy importante.
Utilicen todos los medios a su alcance
Con harta frecuencia la prensa escrita y los informativos de la televisión informan de sucesos en los que aparece la mentira, el engaño o la deshonestidad del mundo real.
Los padres deben utilizar estas noticias, en los momentos de reunión familiar, para mostrar su opinión y pedir la suya a los hijos; es una buena ocasión para preguntarles qué harían ellos en una situación semejante y para mostrarles que la falta de honestidad conduce a la pérdida de la reputación o buena fama y, a veces, a la cárcel.
Lo mismo cabe decir cuando veamos, en familia, programas de televisión. Enseñarles a señalar las acciones fraudulentas y a criticar las conductas de sus personajes. Aprender a criticar lo que vemos o leemos, además de ser  un ejercicio de libertad, puede ser muy útil.
Acomódense a la edad de su hijo
Nunca le mienta, pero tenga en cuenta su edad  y dígale sólo la verdad que pueda comprender.
El nivel de explicación de los padres y de responsabilidad de los hijos debe aumentar a medida que éstas vayan creciendo.


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