Mi familia

domingo, 11 de diciembre de 2011

70.- LOS REFERENTES FAMILIARES

Familia nuclear
  ¿Somos los padres conscientes de la responsabilidad que tenemos para con nuestros hijos? ¿De qué hablamos con ellos? ¿Qué educación, qué valores les estamos transmitiendo?
La actividad principal que realizan muchos padres con sus hijos es ver la televisión. El problema más grave entre padres e hijos es que éstos les han perdido como modelos de referencia.
Además, para evitar problemas en casa, muchos eluden tratar temas espinosos, como la religión, los valores sociales, la sexualidad, etc. Los padres comparten poco tiempo con sus hijos. Sino se comparten las inquietudes, los sentimientos, las ilusiones, ¿cómo se pueden transmitirlos valores? De ninguna manera; no se transmiten y todos tan tranquilos.

El problema más grave que sufren los adolescentes es la falta de referentes familiares. No se dialoga en familia y, por tanto, ni los padres conocen a sus hijos ni éstos a sus padres. Conviven, pero se relacionan poco y no saben casi nada de los sentimientos, afectos y carencias de unos y otros. Los adolescentes de hoy tienen de todo, pero carecen de lo más fundamental, tener una referencia sólida en sus padres para crear su propia identidad. Si no reciben en su familia sus valores y sus raíces, los buscarán en otra parte y, quizá, los que encuentren no sean los más adecuados, como vemos en tantos y tantos que padecen un profundo desarraigo familiar.
 Los valores fundamentales
Cada familia debe tener sus propios valores humanos y religiosos. Los padres deben tener una idea muy clara, y a ser posible conjunta, de lo que significan esos valores para ellos y para sus hijos. El diálogo matrimonial es de suma importancia en esta materia, porque si los padres no tienen claras las ideas y los valores, ¿cómo podrán transmitirlos? Toda transmisión se lleva a cabo, sobre todo, con el ejemplo y después con la palabra.
¿Por qué los padres no transmiten sus valores a los hijos?
Tal vez, porque ellos tampoco los recibieron: son ciegos que no pueden guiar a otros ciegos, esa sería la peor situación. La responsabilidad de traer un hijo al mundo obliga a los padres a adquirir un cierto grado, so sólo de conocimientos, sino de valores. Un matrimonio sin valores es un verdadero desastre, para ellos mismos y para su descendencia. Los valores hay que tnerlos o adquirirlos para poder transmitirlos.
Tal vez, hacen dejación de su responsabilidad porque es lo más cómodo y ellos se sienten desorientados y confusos ante la rebeldía de sus hijos. Durante la adolescencia, suelen ser difíciles y conflictivas las relaciones entre padres e hijos. Ser padre o madre es muy difícil, porque educar bien es mucho más cansado que no hacerlo o hacerlo mal. Claro que la recompensa es muy diversa en uno u otro caso.
Muchos padres caen en la tentación de abandonar la educación de sus hijos y dejar, en exclusiva, esta responsabilidad a la escuela, incluso, al Estado. Los futuros ciudadanos, por derecho y por naturaleza, deben ser educados, en primer lugar, por los padres; la familia es la que debe educar y enseñar. La educación de los hijos es un derecho y una obligación irrenunciables, no hacerlo es una irresponsabilidad.
Ser menos amigos y más padres
Algunos se vanaglorian de ser amigos de sus hijos. Es un error. No hay que ser amigos de los hijos, sino padres y madres; para amigos ya tienen a los de su grupo. Hay que decirlos lo que están bien y lo que está mal, con afecto, con autoridad y sin imposiciones. Cuando los niños aprenden los valores en el seno de la familia adquieren un bagaje para toda la vida, difícilmente los olvidarán, pues constituyen sus raíces y fueron plantados en el mejor contexto, que es el del amor. Lo que se recibió CON amor, se suele conservar POR amor.
En segundo lugar, y con carácter complementario, la educación de los niños y jóvenes es función de la escuela y del Estado, cuya principal misión debe ser la formación, es decir la transmisión de conocimientos.

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